Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Oro a cambio de espejitos. Carolina Jaimes Branger

Quienes terminamos pagando los platos rotos somos los ciudadanos de a pie.

Los anuncios hechos el jueves pasado por Rafael Ramírez, multiencargado vicepresidente del Área Económica, presidente de Pdvsa y ministro de Petróleo y Minería y el ministro de Economía, Finanzas y Banca Pública, Marco Torres, pusieron en evidencia una vez más -quizás con mayor dramatismo- la magnitud de la crisis económica que nos está cayendo encima.

Con la excusa de que tratan de encontrar “equilibrios en la economía nacional”, “crecer construyendo el socialismo” y “crear un nuevo orden económico” de una manera “políticamente correcta”, los representantes del Ejecutivo Nacional desmintieron los anuncios de Maduro en su Memoria y Cuenta.

Ramírez declaró que no caería en el “chantaje” de hablar de devaluación, cuando esto es una megadevaluación que no parará la escalada del dólar paralelo, porque no se están eliminando sus orígenes. Torres afirmó que las medidas buscaban “combatir a los raspacupos”. Caramba, caramba. Ahora los creadores de Cadivi se dieron cuenta de que el cupo de viajeros es malo. ¡Claro que es malo!

En primer lugar, no debería existir ningún tipo de cupo a una tasa de cambio que es completamente irreal. Segundo, ¿es ahora que el gobierno se da cuenta que la diferencia entre el dólar oficial y el paralelo era un incentivo para raspar los cupos fraudulenta y contrariamente a los intereses de la República y mientras no se dieron cuenta lo estaban aupando? Y tercero, ¿no supieron sino meses después que centenares de pasajeros no se aparecían a abordar sus vuelos, que no era normal la adquisición masiva de boletos aéreos ni tampoco que se lograran efectuar transacciones de pagos sin que los tarjetahabientes estuvieran presentes? Esto no demuestra más que un cúmulo de incompetencias de un gobierno que estableció un convenio cambiario sin que nadie lo obligara ni coaccionara.

En fin, que este es el tercer control de cambio y ya sabemos el fracaso de los controles de cambio en Venezuela. Que la deuda flotante no contabilizada en la deuda pública es gigantesca y la mayoría de los ciudadanos no la conocemos.

Aquí los revolucionarios han denostado de Colón y los conquistadores. Pero la realidad es que se trata de otra falacia: quienes terminamos pagando los platos rotos somos los ciudadanos de a pie, que seguimos dando oro a cambio de espejitos. 

CAROLINA JAIMES BRANGER ― EL UNIVERSAL
@cjaimesb