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Ortega reloaded

Insulza, en su inimitable estilo dijo que “era un triunfo de la democracia”

Desde su derrota en 1990, Daniel Ortega es un candidato crónico hasta 2006, cuando renace gracias a la incompetencia sublime de la oposición -como en Argentina o Bolivia-, su constancia y la ayuda venezolana. Zombi de las campañas electorales, en la de 2006 aparecía con 33% sobre 25% de Eduardo Montealegre de Alianza Liberal Nicaragüense. José Rizo del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) era el tercero con 17%.

Cuarto con 15%, el disidente sandinista Edmundo Jarquín, yerno de la expresidenta Violeta Chamorro (1990-1995) por el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) de Sergio Ramírez, otrora apasionado admirador de Ortega, Vice de la República a comienzos de “la revolución”, y canto de cisne junto con su libro Adiós muchachos. Un poco de sal en la mollera de los opositores para aliarse y Ortega se mantiene en su condición de muerto-vivo.

De acuerdo con las encuestas iba derecho a repetir su derrota, pero en la política, para no sorprenderse, hay que mantener abierta la puerta de las sorpresas y esperar a quién se le cae la pelota. Su único chance era impedir la segunda vuelta, ya que de darse lo rechazaba 74%. Entre sus activos tenía el control de Consejo Electoral gracias al llamado “acuerdo sucio” con el expresidente Arnoldo Alemán (1997-2002) líder de la oposición, otro gángster, su alma gemela en materia de falta de escrúpulos.

Condenado a veinte años por corrupto, Alemán trapicheó magistralmente los votos de su partido (PLC) en el Congreso para reformar la Ley Electoral al servicio de Ortega, a cambio del beneficio procesal de Managua por cárcel. Aprobaron así el ridículo y trágico principio: no habría segunda vuelta si alguno ganaba la primera con 35% y una distancia de 5% sobre el seguidor inmediato, castrando con una piedra el ballotage de su razón de ser, evitar gobiernos minoritarios.

Solo faltaba debilitar a Montealegre la amenaza real que venía pisándole los talones a Ortega. De eso se encarga Chamorro en enérgica campaña de apoyo a su yerno Jarquín, que no tenía ninguna posibilidad de ganar, y resquebraja los apoyos de quien sí podía hacerlo. Suicidio opositor. Así triunfa en la primera vuelta con 38%, pese a tener 62% en contra.

Cinco años de corrupción, abuso de poder y dispendio bolivariano (US$ 1.500 millones fuera del presupuesto) desde 2007 y una oposición folclórica, desintegrada y de turbios tejemanejes. En 2009 los sandinistas intentan una reforma constitucional reeleccionista, no lo logran y deciden dar un golpe de Estado light. Sus 47 parlamentarios imponen inconstitucionalmente una Ley que alteraba el procedimiento para controlar la Corte Suprema. De nuevo Alemán viene en su rescate. Ausentes los tres magistrados de su partido en la votación clave de la Corte, esta declara inaplicable el ar-tículo 143 de la Constitución que prohibía taxativamente la reelección.

Manuel Martínez, presidente de la Corte lo calificó de “aberrante emboscada”. Después de clavo pasado, los magistrados opositores rugen una “batalla jurídica”. Montealegre anunció paro nacional y una gira para denunciar al mundo la “dictadura socialista que socava todos los principios de la democracia de Centroamérica”. Cómodamente absuelto con apoyo sandinista, Alemán llama al partido a dar su sangre en las calles… “acusamos al gobierno sandinista de la sangre que se derrame en Nicaragua”. Nadie vertió la suya al llamado del bribón, la OEA no se pronunció y para Ortega la sentencia “está escrita en piedra y es inapelable”.

Y cinco años después, la triste historia de noviembre de 2011. El CSE declaró ganador a Ortega con 62,6%, segundo Fabio Gadea con 31,1%, y luego el inefable Alemán con 6%, en lo que parece su final político. Proceso exageradamente sucio según la Unión Europea por “trabas, opacidad… trampas… en las cédulas de identificación, la acreditación de fiscales… de observadores nacionales y en muchos otros aspectos”. En 25% de las juntas electorales no permitieron testigos de oposición.

Dante Caputo de la OEA acusó al CSE de violar el acuerdo de observación electoral, aunque Insulza, en su inimitable estilo dijo que “era un triunfo de la democracia”. Con amplia mayoría parlamentaria podrán destruir la Constitución e ir de “victoria tras victoria, de la mano de Dios”. Así quiere Rosario Murillo, especie de Yoko Ono, mujer, mano derecha y jefa de Ortega, madre de Zoilamérica cuya sexualidad adolescente canjeó por poder.

@carlosraulher

El Universal

Sábado 19 de noviembre de 2011