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Pablo Pueblo

Le corresponde a Pérez seducir las bases populares de la “revolución”

Los 36 dirigentes nacionales y 24 secretarios generales de Acción Democrática, evaluaron estudios de opinión, movilizaciones en el país y decidieron apoyar al gobernador Pablo Pérez en las primarias. En alianza con UNT e independientes, con una estrategia adecuada, sería la base para el arranque de una izquierda democrática, modernizadora y popular que dé solidez al debate electoral, hasta ahora bastante flácido. Sin partidos políticos que pongan la cara, no habrá estabilidad para un gobierno alternativo. El antipartidismo es, entre otras cosas, un recurso de caudillos vocacionales que quieren hacer lo que les da la gana. El partido político moderno, inventado por la socialdemocracia, es un mecanismo de control de los “iluminati”.

El PSUV luce fuerte pese a todo, porque su pueblo se siente protagonista de un proceso histórico, una “revolución”. El gobierno se puede equivocar, pero la revolución está por encima de los errores. Hay que competirle en ese terreno y presentar una alternativa trascendente con la misma fuerza simbólica. Durante gran parte del período democrático eso significaba la democracia para los venezolanos, independientemente de buenos o malos gobiernos. Eso eran AD y Copei hasta los desgraciados incidentes que defenestraron al líder más popular del sistema en 1993 y con él, al sistema mismo. No basta con proponer extraordinarias medidas de gobierno para derrotar una ilusión. Hay que crear otra.

Pablo Pérez es un dirigente triunfador, un gobernador modelo, carismático, joven, de fácil entrada con los sectores populares. Ojalá se proyecte como el estadista que encarne una idea inobjetable en el país y en el mundo: la democracia social, que deja atrás un cementerio de vejestorios ideológicos, como las oposiciones imaginarias capitalismo vs. comunismo, reformismo vs. revolución, libertad vs. justicia y demás tonterías subsidiarias. Nadie está en desacuerdo: la democracia del siglo XXI es y tiene que ser social. Le corresponde a Pérez seducir las bases populares de la “revolución” y devolverlas a la democracia social.

Algunos sectores identifican la insistencia en lo social con populismo, demagogia, estatismo, confiscaciones, “antiimperialismo”, violencia, improductividad, control de cambios y precios, miseria. Y tienen razón. El radicalismo condujo al continente por varias décadas trágicas. “Progresismo” es una palabra tóxica y los reclamos plebeyos pueden oler a Perón, Castro, Velasco, Ortega, Torres, Torrijos y toda clase de criminales, terminators, e inútiles. Hoy ejercen ese papel corrosivo los dinosaurios de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

A partir de los 80 se produjo una transubstanciación. Felipe González, Clinton y Blair, Mitterrand, Cardoso y Lula, Fernández, CAP, Sánchez de Losada, Bachelet, hasta llegar a Torrijos (hijo) y Alan García, aggiornaron la idea de democracia social. Gracias a ellos ahora sus componentes inseparables son democracia representativa, globalización, superación efectiva de la pobreza con joint ventureentre el Estado, inversión privada y el estímulo a la propiedad, descentralización, cambio tecnológico y reforma educativa.

Romper con viejos mitos del Welfare State le permitió a Clinton ser el mejor presidente de EEUU en el siglo XX. Colocó su país (ya Reagan había dado el empuje inicial) a la cabeza del mundo. Durante su gestión se crearon 20 millones de empleos y nace la Sociedad de la Información. González hizo el equivalente, e incorpora España a Europa. Esa renovación conceptual de la democracia social se ha frenado porque hoy Obama, Zapatero, Papandreu, Soares y otros, no han sabido ni podido realizar los cambios necesarios y tienen al mundo convertido en un enredo. El centro europeo, la socialdemocracia y la democracia cristiana, han permitido que los problemas se amontonen hasta llegar a las lamentables circunstancias que tenga que resolvérselos Merkel. Las grandes referencias pasaron ahora a Latinoamérica: Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, demuestran que ser de izquierda no significa automáticamente ser tarado, pese a los esfuerzos en contrario desde Venezuela.

Pérez con AD, UNT y otras fuerzas, puede plantear al país cómo entrar al Siglo XXI, retomar el carril de la historia del que lo sacaron en estas dos décadas. Betancourt se identificó con su idea existencial, la democracia y quienes votaron por él, por eso lo hicieron. Leoni con “la pacificación”, Caldera en 1968 con “el cambio”, Carlos Andrés Pérez fue la modernización: ¿qué será Pablo Pérez?

@carlosraulher

El Universal

Sábado 29 de octubre de 2011