Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
País de aparcaderos. Andrés F. Guevara B.

Recientemente se anunció el aumento de las tarifas de los estacionamientos, las cuales están férreamente controladas por el gobierno. Desde 2005 la tarifa permanece inmutable, cual piedra ancestral en la cima de una montaña.


Siete años han transcurrido, marcados por una inocultable variación de la realidad económica. Es difícil –por no decir imposible– determinar las variantes en este lapso. Pero su impacto es tal que los legisladores infalibles se han visto forzados a modificar sus desvencijados controles.
El incremento trae dos posiciones encontradas: los que están a favor o en contra del aumento. Ambas partes tienen argumentos de peso para justificar sus posiciones. Entre tanta variedad de premisas, sin embargo, una es común para ambos sectores: incuestionablemente, el Estado debe regular los precios. Ninguna de las trincheras desliza siquiera un ápice de lo que consideramos el punto de partida fundamental: el Estado no debe regular las tarifas.
Los estacionamientos no son creaciones divinas ni obedecen a influjos conductuales distintos al resto de las actividades económicas. Son susceptibles al mercado, la libre competencia y a los postulados del Estado de Derecho.
En tiempos como los que corren, testigos de las fatales consecuencias de las políticas de controles (escasez, mercado negro, corrupción, sobreprecios) asombra que existan personas que clamen por más controles y que, incluso, soliciten que los estacionamientos sean servicios públicos. El socialismo del siglo XXI enseña que no existe el “buen control”.
Los estacionamientos que subsisten desnaturalizan sus servicios. ¿Por qué antes no proliferaban valet parkings y autolavados en los estacionamientos? ¿Acaso siete años atrás a los usuarios no les gustaba lavar su vehículo o tener un parquero que los recibiese cual estrella rutilante en medio de una gala de cine? Estos aditamentos surgen para sobrevivir a los controles, como la hiedra que se escapa por más que el jardinero se esfuerce en podarla.
Estas prácticas tendrían otra lectura con la libre competencia. Se incrementaría la cantidad de estacionamientos disponibles, ya que serían negocios rentables y habría incentivos para su constitución. Esto a su vez traería otra consecuencia: los usuarios serían libres de elegir el estacionamiento que más se acomode a sus necesidades.
La estructura de competencia pudiera darse por estrategia de precios, servicios ofrecidos, atención al cliente o cualquier otro medio que la creatividad permita. Imagínese por un momento ir al centro de la ciudad y encontrar miles de estacionamientos compitiendo entre sí para obtener clientes. Nada más distante de la actualidad, en la que el usuario estaciona en un lugar “porque no le queda otra” y es víctima del abuso y la indefensión propia de la tiranía de los controles.
Algunos dirán que liberar las tarifas desatará la avaricia y “viveza” de los estacionamientos y aquellas serán impagables. Creemos que una tarifa muy elevada desincentivará a los clientes a usar el estacionamiento. Además, es imposible que todos los estacionamientos establezcan al unísono la misma tarifa elevada por una sencilla razón: siempre habrá un estacionamiento que empleará una estrategia de precios distinta para obtener mayores beneficios. Si no, ¿para qué constituir un estacionamiento?
El argumento de la “viveza” puede emplearse para cualquier actividad económica, desde la compra de una mandarina hasta la sofisticada adquisición de aeronaves o tecnología militar. Le aseguro, amigo lector, que sea cual sea la actividad a la que se dedica, no le gustaría que el Estado determinara por usted el valor de su trabajo y de su esfuerzo. ¿Verdad que no?
Si existe una irregularidad en la prestación del servicio, el usuario siempre podrá acceder al sistema de administración de justicia y a las instancias administrativas correspondientes. No olvidamos las enseñanzas de Milton Friedman: “La existencia de un mercado libre no elimina la necesidad de un gobierno”. Pero el gobierno será mucho más eficiente en la consecución de justicia en la medida que deje de colocarle etiquetas reguladoras hasta las piedras de las playas.
El tema de fondo de los controles de los estacionamientos es más complejo. Revela que somos una sociedad profundamente descreída en el individuo y en la responsabilidad que a este le atañe. Seguimos a la espera del “buen gobierno”, que solo se encuentra en fábulas y utopías.