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Pajarracos

Por: Carlos Raúl Hernández

Si el resultado del 23N fuera el previsible, habrá dos derrotados: los chavistas y los pajarracos

El resultado de las discusiones unitarias es muy satisfactorio, al abarcar hasta ahora el 90% de las candidaturas a gobernaciones y un porcentaje amplio de alcaldías. Lo sentimos por el Gobierno y por la orden de los “pájaros negros”, sus aliados en la oposición, que se refocilan en escandalizar con las miserias de ese lado, y si no las descubren, las inventan.

Decía Iván Denisovich que él estaba preso simplemente porque lo investigaron, ya que todo aquel a quien se investiga con ánimo se le descubre algún pecadillo. Meta la mano en los sumideros de la oposición y conseguirá. Si el resultado del 23 de noviembre fuera el previsible, habrá entonces dos grupos de derrotados: los chavistas y los pajarracos, tal como el 2-D.

Debe hacer la oposición un esfuerzo para descontaminar a ciertos conglomerados de clase media, víctimas de ese malderrabia, pervertidos por la prédica oscura, y recuperarlos para un mundo regido por cierto desenvolvimiento newtoniano y no por colon irritable o úlcera gástrica. Recuerde que a ellos no les cuesta nada dar el salto de retruque los últimos quince días para asirse espectacularmente de lo que rechazaron, aunque dejan encendida la locomotora de esa clase media que descarrila, y el día de las elecciones, o sea, se va para la playa a refrescar su ardor patriótico.

Decisiones unitarias

Ya no es la abstención, por el momento, la bandera tarada, sino la “suciedad” de las decisiones unitarias, “de las cúpulas” que, nuevamente, se reparten el botín en la trastienda sin dar alpiste a los pájaros.

Decía un pensador político -de los de verdad, no los ideólogos de “plazaltamira” y la “huelga insurreccional”, las Rosa Luxemburgo tropicales- que todo político tiene una dosis de sicopatía, sin la cual no se consideraría con el derecho de dirigir a otros.

Hay que tener un tornillo flojo para pensar que uno puede representar algún proyecto de vida para los demás e invertir 24 horas al día en ello. Un partido político -peor una coalición- sería entonces una especie de siquiátrico, la ruda escuela de egos donde el electroshock es la derrota que modera la luz a los iluminados.

Otra rama de la especie política son los pajarracos, también con egos monumentales, sólo que ellos se ahorran los fastidios y dolores de las confrontaciones -los pellejos de la política- y se quedan con el lomito, y ¡ah malaya quien pudiera!, la candidatura presidencial. Ese estilo es viejo y rentable, pero su máximo esplendor lo obtuvo un famoso doctor quien después de disfrutar néctar y ambrosía puntofijistas, destruyó el mundo en el que había florecido, la democracia que todos humildemente disfrutábamos, y hoy todavía nos ampara con sus sabias opiniones de otoño.

carlosraulhernandez@gmail.com