Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Patria, pero sin economía. Victor Maldonado

Hemos llegado a tal nivel de aturdimiento que cualquier advertencia sobre el curso del país es respondida con esa frase sin sentido que nos restriega en la cara que “ahora tenemos patria”. Difícil saber qué pueda significar eso en el imaginario colectivo de los chavistas. Ellos, al fin y al cabo, han construido una historia a la medida de sus resentimientos. Sostienen, por ejemplo, que Páez fue un traidor, Vargas fue un pendejo, Gómez un lacayo y Cipriano Castro un momento culminante de nuestra nacionalidad. A Chávez se le iban ocurriendo esas enmiendas a la verdad mientras iba creyéndose su propio culto a la personalidad que lo hacía infalible en sus juicios.

Con esa misma obsesión firmó el acta de defunción de lo que él llamó la IV República, desconociendo la transformación que había ocurrido desde el gomecismo hasta la fecha en que él insurgió en nuestra tranquilidad. Al “arañero de Sabaneta” nunca le “cayó la locha” y probablemente nunca se preguntó cómo había sido posible que un pobre muchacho de un pueblo olvidado del interior de la República pudiera soñar con ser alguien y terminó siéndolo porque había escuelas, liceos y movilidad social. Nunca quiso reconocer que él mismo era la mejor demostración de que hubo un proyecto político de modernización y democratización inclusiva que usó el petróleo para generar un sinnúmero de oportunidades para todos.
Esa IV República fue generosa, tolerante, protectora e inclusiva con Hugo Chávez hasta el punto de confiarle armas, tropa y honor. Todo eso lo defraudó a causa de esa personalidad destructiva, propia de los caudillos latinoamericanos, que siempre son incapaces de seguir construyendo sobre los aportes de los demás. El Teniente Coronel, un privilegiado del sistema, proclamó que había que refundarlo todo porque “no teníamos patria”. Lo peor no fue eso. Lo más degradante fue que las clases medias e instruidas le creyeron, compraron sus ideas, y lo llevaron al poder.

Para Chávez tener patria fue un acto de apropiación indebida apuntalado por una demoledora maquinaria de propaganda. Llegó con el fin de quedarse para siempre, y para lograr ese objetivo usó sin empachos las siguientes palancas del poder: El control absoluto y caprichoso de las Fuerzas Armadas; la fusión ideológica de todos los poderes públicos; el aturdimiento electoral; el enfrentamiento constante con la sociedad civil, y su sustitución por parapetos leales; la distribución irresponsable de la renta nacional; y la alianza supuestamente irreversible con Cuba. Para sus sucesores el “tener patria” es defender privilegios, explotar la demagogia y vivir de la memoria y del carisma póstumo de su predecesor. No hablemos de la cohesión que pueda significar la corrupción cruzada que los hace a todos ellos víctimas de sus propios chantajes. Lo cierto es que la patria del chavismo es excluyente, sectaria, negada al diálogo, insensata y dispuesta a todo para mantenerse en el poder.

Las manifestaciones de calle son el producto y la consecuencia de un hartazgo acumulado y de la sensación de que “no hay plata para tanta gente”. La gente se queja, y con razón que no tienen vida, ni esperanzas de vivir mejor, ni sosiego. El régimen es inflación, escasez, inseguridad, y para colmo insultos mezclados con ración de prohibiciones moralinas, que han llegado a incluir hasta los tatuajes. La gente sabe que de esta no salen si no buscan una salida a este “para siempre” que ofrece patria difusa. La gente presiente que algo no anda bien, y que incluso puede llegar a ser peor.

Los venezolanos están acertados en sus intuiciones. El tejido industrial está devastado gracias a la aridez de divisas que acumula deudas en todos los sectores e impide que operen con el complemento que se necesita para ser productivos. Faltan insumos básicos y repuestos esenciales. El abastecimiento del comercio está en sus límites. La industria no puede suplir lo que le impiden producir y las importaciones están negadas por un régimen de controles que solo tiene la intención de disimular la escasez de divisas que impide al país estar abastecidos. En pocas palabras: No se puede producir y tampoco se puede importar y esa conjunción tan retrógrada solo puede hacer más evidente una crisis de gestión que es irresoluble dentro de los parámetros del socialismo del siglo XXI.

El saldo es tenebroso. Porque no hay patria ni soberanía posible con hambre y sin empleo, aunque la maquinaria de propaganda proponga lo contrario. Y eso es lo que hay.

VICTOR MALDONADO ― NOTITARDE