Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Peligrosa situación en Paraguay

Asunción, 2007

Paraguay es un país de escasa población –apenas unos seis millones de habitantes- que está enclavado en el corazón de la América del Sur. Alejado del mar, y envuelto en dos sangrientas guerras, el Paraguay permaneció relativamente aislado durante mucho tiempo. Después de la larga dictadura de Stroessner, que duró nada menos que 35 años, el país fue encaminándose paulatinamente hacia la democracia, en un proceso tal vez algo complicado, pero que poco a poco fue permitiendo que se afianzaran sus instituciones. Hoy, sin embargo, esta marcha hacia un régimen democrático estable y hacia mayores libertades políticas y civiles se encuentra en serio riesgo.

Por: Carlos Sabino

El panorama político se ha complicado en los últimos meses a tal punto que existe una generalizada preocupación en la población por el futuro del país. El actual presidente, Nicanor Chávez, al que ya le queda poco de su mandato pues las elecciones presidenciales están pautadas para abril de 2008, ha tratado vanamente de cambiar la constitución para reelegirse y ha apelado a una retórica populista, autoritaria y de abierta confrontación que lo ha ido aislando de la mayoría de las fuerzas políticas existentes. Su partido, la tradicional Alianza Popular Republicana –más conocida con el nombre de Partido Colorado- está hoy dividida en tres fracciones que parecen irreconciliables y la debilitan seriamente. Los colorados llevan ya más de sesenta años continuos en el poder y, con el desgaste político que sufren, la oposición cree haber encontrado la gran oportunidad para poder asumir el mando. Pero en este punto, lamentablemente, es que se presentan los más graves problemas.

Las fuerzas opositoras, que incluyen varios partidos históricos –como el liberal- y varias formaciones emergentes, se han unido alrededor de la llamada Concertación Democrática y apoyan ahora la candidatura de un singular personaje, Fernando Lugo. Lugo, un sacerdote que llegó a ser obispo de San Pedro, comenzó a interesarse por la política desde tiempo atrás y, apasionado por los contenidos de la Teología de la Liberación, llegó a ser considerado como el “obispo rojo” del Paraguay. La jerarquía eclesiástica lo apartó de sus filas cuando se propuso como candidato a la presidencia pero esto no lo detuvo y, al contrario, dio más alas a su mensaje populista, antisistema y radical, muy semejante al del venezolano Hugo Chávez y al del boliviano Evo Morales. Lugo ha llegado a manifestar, en un letrero que se lee en la principal avenida de Asunción, que él no se considera “esclavo de la ley” y ha insistido en el eslogan “cambio o muerte”.

La Concertación está atrapada en un dilema que no sabe ahora cómo superar. Si concurre dividida y con varios candidatos es prácticamente seguro que habrá de perder las elecciones; si sigue apoyando a Lugo podrá triunfar, quizás, pero tendrá que lidiar con un demagogo, violento e irrespetuoso de la ley, que podría sumergir al país en un clima de ingobernabilidad como el que sufre Bolivia o, peor, ante un caudillo dictatorial como el que soporta Venezuela. Lugo tiene hoy amplio apoyo popular entre los sectores más pobres de la población que oyen con ilusión su mensaje de odio contra los ricos y de redistribución de la riqueza.

Paraguay es un país económicamente pobre, que ha visto agudizados sus males por un intervencionismo estatal bastante acusado y unas instituciones débiles, siempre sujetas a los caprichos de los gobernantes de turno. Está integrado económicamente al MERCOSUR, el área que forman además Brasil, Argentina y Uruguay. El Mercosur, si bien favorable a la integración entre sus países, es un tratado que mantiene altas barreras arancelarias de entrada a su región, por lo que no ha dinamizado realmente el comercio de sus países con el resto del mundo ni ha beneficiado mucho al Paraguay.

Con escaso crecimiento económico y con una cierta inflación la sociedad paraguaya presenta fuertes desigualdades, que son terreno propicio para los mensajes desestabilizadores de demagogos de todo tipo. Así lo ha entendido el gobierno de Chávez, que se ha dedicado a prestar ayudas al sector oficial con la esperanza de obtener mayor influencia política en la zona. Pero, además de este tipo de ayuda, más o menos normal entre los países, el caudillo venezolano se ha dedicado a transferir fuertes sumas de dinero a organizaciones políticas y sociales que son las que ahora constituyen la base personal del poder de Fernando Lugo.

La situación, por ahora, está lejos de haberse clarificado. Hay malestar en la oposición ante ciertas conductas de Lugo, división en el partido oficial y hasta una propuesta de impedir legalmente que Lugo pueda concurrir como candidato. La preocupación se extiende, no sólo entre los paraguayos, sino también entre los países vecinos, especialmente el Brasil, que para nada quieren tener a un nuevo populista radical en otra de sus fronteras. La hora de las definiciones se aproxima y, entretanto, creemos que toda la América Latina debe estar pendiente de lo que suceda en un país que puede sumarse pronto al grupo de aquellos que –por desgracia- están ahora retrocediendo en lo económico, en lo político y en lo social.

Publicado gracias a la agencia AIPE