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Si el reto de la sociedad venezolana es lograr una mayor participación democrática de los ciudadanos, “¿por qué no profundizamos un poco en ese tema?, se pregunta Denis Montoto, coordinadora de la Unidad de Programas Sociales de Cervecería Regional.

“Le tenemos mucho miedo a la discusión, a la polémica” El desafío de la participación democrática plantea serias interrogantes. ¿Cómo es el país en que vivimos? ¿Cómo son nuestras empresas? Para Denis Montoto, coordinadora de la Unidad de Programas Sociales de Cervecería Regional, el debate está abierto. Si el reto de la sociedad venezolana es lograr una mayor participación democrática de los ciudadanos, “¿por qué no profundizamos un poco en ese tema?, se pregunta Denis Montoto, coordinadora de la Unidad de Programas Sociales de Cervecería Regional.

Su mirada penetrante y un tono de voz firme, aunque desprovisto de toda agresividad, allanan el camino para plantear cuestiones fundamentales. Desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial, hay que partir del hecho de que “vivimos en una sociedad democrática”. No hay sucedáneos ni sofismas alrededor de este punto. Es algo que tiene que quedar muy claro, porque sólo así los agentes llamados a propiciar cambios tan significativos, pueden jugar un papel que les permita, mediante contenidos y conocimientos, contar y desarrollar “un auténtico tejido social”.

Para las corporaciones esto significa involucrarse activamente si se contravienen ciertas pautas. ¿En caso de que desmejore la calidad de los productos, por ejemplo, no deberían las empresas propiciar una organización de ciudadanos que advierta la importancia y el significado del consumo responsable? La respuesta de Montoto es un rotundo “sí”, pero señala un paso adelante. “Hay que tratar, como sociedad y como Estado, que las cosas funcionen, que las normas se cumplan, además, partiendo de la idea de que queremos mejorarlas”. El punto de arranque no necesariamente se inicia con un programa de inversión social. “El concepto es más global”, advierte Montoto. “Si te preguntas ¿cómo funcionamos con los clientes, cómo funcionamos con los proveedores y a partir de ahí te enfocas en la política de recursos humanos, has dado un paso muy valioso para desarrollar programas de este tipo”.

Esta conclusión tiene, entre otros soportes, una trayectoria profesional de 15 años en el área de RSE. Montoto es industrióloga, egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Su especialidad, pues, son los recursos humanos. Habla de un concepto “global”, porque advierte que si una propuesta de responsabilidad social, no tiene una ubicación similar a la de una unidad de negocios en organización, “difícilmente tendrá éxito”. Bajo este enfoque diseñó y aplicó el programa AME (Actualización de Maestros en Educación), para la Organización Cisneros. “El programa se desarrolló en siete países de América Latina”. Es un punto a favor. Para las corporaciones no se trata, exclusivamente, de pensar en lo que supone la prestación de un servicio eficiente y global. “Tienes que pensar en el otro”, agrega la ejecutiva de Regional. “Pero en un sentido más amplio; el otro como cliente; el otro como posible consumidor; el otro como ciudadano”. Hay un trasfondo ético que no puede soslayarse. Ciertamente, y en un sentido más amplio, la responsabilidad social suministra unos lineamientos básicos –¿De qué se trata? ¿Hacia dónde vamos?– “Más bien es una forma de actuar, de ser, de pensar y de comportarse”, agrega Montoto. Al identificar los puntos clave de lo que era una inquietud compartida junto con Charo Méndez y Rocío Guijarro, se echaron las bases para fundar el Centro de Ética y Ciudadanía de Cedice. A estas alturas, resulta predecible adivinar que la obsesión “porque se cumplan los puntos de una agenda de trabajo” es una de las debilidades de Denis Montoto. Sin embargo, si esa actitud no se concilia “con la paciencia para trabajar en equipo, con la necesidad de escuchar y saber esperar”, se va directo al fracaso. “A veces hay que dejar que las cosas se decanten”. Es el momento para definir los acuerdos, para hilvanar los consensos, sin renunciar a defender una causa, aunque el conflicto sea inevitable. El propósito es afianzar la democracia en Venezuela, con sus especificidades. Lo que conduce a una serie de interrogantes, que aún no tienen respuesta.

¿En qué país vivimos? ¿Cómo son nuestras empresas? “Pero yo creo que le tenemos mucho miedo a la discusión, a la polémica”. La inversión social tiene que ser, igualmente, debatida. Montoto señala una tendencia, casi universal, que proviene de investigadores de Estados Unidos, según la cual la RSE debe elegir entre los programas que aumentan la competitividad de las corporaciones o la filantropía empresarial. Se parte de la idea de que se puede ser más competitivo en un negocio, en la medida en que se incorporan prácticas de responsabilidad social; en que se cuida el ambiente y se apuesta por un modelo sustentable y, además, se proyecta el objetivo de que puedes ser muy “creativo” haciendo negocios con la base de la pirámide, es decir, con los sectores de bajos recursos. “Eso es perfectamente válido –agrega Montoto– porque contribuyes a mejorar el nivel de vida de la población, pero hay que plantearse otros temas como la filantropía empresarial, la atención al consumidor y la mirada interna de la empresa hacia sus trabajadores”. Dentro de la especificidad propia del país, Montoto explica que las empresas “están llamadas a facilitar la plataforma para que la sociedad se organice en todos los sentidos” y recuerda el impacto que tuvo un programa pionero –Acude– del cual formó parte, para cambiar la manera de hacer las cosas en el plano de la responsabilidad social empresarial.