Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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¡Pero se mueve! Victor Maldonado

Los siglos XVI y XVII fueron épocas de inflexión. La vieja ciencia fundida con la religión oficial se mostraba incapaz de rebatir los argumentos modernos. Fue la época de un hombre del renacimiento italiano, Galileo Galilei, inventor de tecnologías y nuevos usos que sorprendieron a sus contemporáneos y lo colocaron en el filo de la navaja. Sus aportes están allí, el telescopio, el termómetro, el compás militar, la balanza hidrostática, el microscopio y el péndulo aplicado a los relojes, un dossier insustituible de los primeros instrumentos científicos que servían para apalancar nuevas investigaciones, sirviendo de rompehielos de los témpanos del saber transformado en dogma, inapelable y autoritario.

Le tocó al súbdito del Gran Ducado de Toscana refutar la beatitud del universo. A despecho de la herencia de Aristóteles y de toda la autoridad de la Iglesia Católica, el uso del telescopio para “escudriñar el cielo con el anteojo, dedicado a las especulaciones siderales” le proporcionó más de un argumento para rebatir esa esfera celeste, en donde todo había sido previsto, y proponer como alternativa “un mundo pródigo de novedades, transformaciones e irregularidades, cuya esencia es el cambio”. Algo que no nos impresionaría a nosotros, criaturas del siglo XXI, significó toda una revolución científica para su época. La lente del telescopio mostraba una realidad, un curso de los acontecimientos que no ratificaba la ideología oficial. La observación sistemática le permitía deslindar lo real de lo aparente hasta el punto de destronar el sistema ptolemaico, y en general, la ciencia contemplativa y resignada a hacer valer ciertos pasajes de la Biblia leídos con criterios fundamentalistas.

Por supuesto que tuvo que enfrentar una reacción brutal. Galileo fue juzgado por la Santa Inquisición y manoseado por el papado, la corte de los Médicis, las corporaciones mercantiles del Véneto y la Universidad de Padua, poderosas fuentes de mecenazgo que actuaban bajo los auspicios de sus propios intereses. Lo cierto es que el atrevimiento modernista del intelectual fue pagado con cárcel, humillación y aislamiento. Se quejaba de que el “arma tremenda de la autoridad obligaba a los científicos a defender como verdaderas, conclusiones que repugnan a las razones manifiestas y a los sentidos…”

Porque por más que el poder quiera imponer su propia e insensata versión de la realidad, ésta actúa y se desencadena de acuerdo con sus propias leyes. A Galileo le obligaron a retractarse, y así lo hizo porque la alternativa era la hoguera, pero al salir de la sesión susurró “sin embargo, se mueve”. Les gustara o no, había tomado partido por el sistema copernicano: Es el sol, y no la tierra, el centro del universo.

La humanidad no escarmienta. Los venezolanos hoy vivimos una nueva inquisición. El socialismo quiere imponer sus tesis sin importar cuanta refutación pueda recibir de la realidad. Los resultados dicen que este paradigma ideológico es completamente falso. Que los supuestos de planificación central, capitalismo de estado y apropiación de los activos productivos privados no conducen de ninguna manera a mejores estadios de prosperidad. Que el saqueo de la productividad emprendedora solamente sirve para financiar un populismo de corto plazo que se transforma en ruina y violencia en el mediano plazo. Que el compromiso revolucionario no es capaz de sustituir al talento, y que “el hombre nuevo” es demasiado parecido al hombre de siempre, y por lo tanto, corruptible en el usufructo de un poder que no tenga controles.

Pero no solo eso. La realidad muestra fehacientemente una correlación casi perfecta entre ese modelo, la inflación, la escasez, la inseguridad, la pérdida de confianza inversionista y la corrosión de la cohesión social. Y por más que el régimen se empeñe en buscar excusas, cada una de ellas más estrambótica que la otra, todos, hasta los más fieles, sospechan que es el gobierno, su ideología y su incapacidad, los que producen esos resultados y no otros.

Como siempre, se atraviesan los intereses. Los del lado del régimen, y los que de este lado están usufructuando tanta incapacidad. Unos y otros son parte de la misma trama antigua, insuficiente y errada que quisieran que sus órdenes se transformaran en una realidad más sumisa. Algunos de todos los bandos, usan su autoridad, o lo que ellos pretenden que es su autoridad, para silenciar, acosar y perseguir a los que insisten en presentar una versión más compatible con lo que está ocurriendo. A todos ellos les regalo la lección de Galileo, y esa frase que susurraba como parte de un triunfo que al final iba a tener. Y es que los hechos no se pueden esconder bajo la cháchara totalitaria y/o complaciente que quiere hacernos ver a juro lo que no existe.

VICTOR MALDONADO | NOTITARDE