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Petróleo, democracia y propiedad privada

El Universal 17/11/2008

Los líderes nos hacen creer que el petróleo es de los venezolanos, pero su renta se despilfarra. 

Por: Leonor Filardo

James Harrington, filósofo inglés del siglo XVII, en su obra República de Oceanía y Sistema Político, es el primero en considerar el poder político como subproducto del poder económico. Argumenta que quien controla la riqueza del Estado, controla el poder político. Plantea que si la Corona es propietaria de las 2/3 partes o más de la riqueza de la nación, resulta una monarquía absolutista; si la aristocracia y la corona la comparten, intercambiando favores, es una sociedad mercantilista. Pero si el pueblo es propietario de las 2/3 partes o más de la riqueza, resulta una sociedad democrática, que disfruta de libertades políticas y económicas. Señala que a partir de 1649, la Dinastía Tudor vende buena parte de sus tierras a plebeyos exitosos. Así en Inglaterra se van formando las instituciones democráticas que garantizan a sus ciudadanos completa libertad sobre su vida, su persona y su propiedad, a diferencia de las monarquías de Francia, España, Rusia y Persia, dueñas de la tierra y, por ende, monarquías absolutistas que actúan despóticamente.

Inicios

El petróleo como industria tiene sus inicios a mediados del siglo XIX en Estados Unidos, país que hereda las instituciones democráticas inglesas, especialmente una de las principales, el derecho a la propiedad privada, y, por consiguiente, la libertad de que los ciudadanos desarrollen su espíritu empresarial. El petrolero es producto de esta inventiva y así se crea una industria privada altamente competitiva, dando lugar a una de las más exitosas, la Standard Oil, de la cual nacen 34 compañías, que por su eficiencia contribuyen al dinámico desarrollo de Estados Unidos y al progreso de la industria petrolera mundial. Ello incentiva a las compañías a continuar su descubrimiento en el exterior, tal como sucedió a principios del siglo XX en el Medio Oriente.

Pero un producto que genera tantos ingresos da lugar a fuertes controversias para controlar el mercado. 1) En 1960, Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela fundan la OPEP para independizarse de las compañías extranjeras en la fijación de precios; luego se incorporaron otros países.

2) Más tarde, con argumentos como la defensa de la soberanía nacional y la redistribución de la riqueza, nacionalizan la industria; el resultado es una concentración de poder en el Estado, profundizando en algunos casos y generando en otros, gobiernos absolutistas y autoritarios, tal como se constata en las publicaciones de la Casa de la Libertad, que afirma que algunos de los gobiernos de los países que conforman la OPEP se consideran democracias débiles, en otros no existen ni derechos políticos ni civiles.

En Venezuela, el ideal nacionalista lleva a la promulgación de la ley orgánica de 1975, que reserva al Estado la industria y el comercio de los hidrocarburos. Aun cuando por un tiempo fue manejada eficientemente, sucesivos gobiernos la politizaron. Rasgándose las vestiduras, los líderes nos hacen creer que el petróleo es de los venezolanos, pero su renta se despilfarra por motivos populistas y para satisfacer caprichos del gobernante de turno. Hoy Pdvsa es una empresa que importa y distribuye alimentos, financia misiones, medios de comunicaciones, campañas, revoluciones y, según la congresista americana Ileana Ros-Lehtinen y las computadoras de Reyes, movimientos calificados de terroristas.

Estado y petróleo

El petróleo en manos del Estado no sólo sustenta la tesis de Harrington, sino que gradualmente contribuyó a que cada gobernante se adueñara de la montaña de petrodólares para financiar un sistema mercantilista, corrompiendo y desmoralizando a la sociedad de la manera más atroz. Por ello perdimos nuestras libertades e instituciones, según lo confirma la Casa de la Libertad, al señalar cómo Venezuela pasó de ser un país libre políticamente en 1998 a uno parcialmente libre. También la Fundación Heritage señala que de 157 países calificados como libres económicamente, Venezuela ahora ocupa el lugar 148.

Para recuperar nuestras libertades, los líderes políticos deben asegurarse de que el petróleo y las empresas estatales nos sean devueltas mediante asignaciones individuales y colocación de acciones en el mercado, que conviertan a los venezolanos en una sociedad de propietarios y que las empresas sean manejadas según códigos de ética por los mejores administradores que serían seleccionados según sus méritos para administrarlas, sembrar honestamente nuestra riqueza y generar prosperidad que beneficie genuinamente a todos los ciudadanos

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