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Pleito inflacionario

El Universal 03/08/08

Por: Domingo Fontiveros

El fenómeno inflacionario no va a ser corregido con retoques o iniciativas aisladas

El Gobierno viene asomando otro plan antiinflacionario desde que se encargó el nuevo ministro de Finanzas hace unas semanas. Los dos anteriores, uno a principios, y el otro a fines de 2007, fueron rotundos fracasos; y los respectivos ministros, Cabezas e Isea, salieron de sus cargos. Así que el nuevo ministro Rodríguez Araque puede estar arriesgando el cargo si los resultados inflacionarios siguen siendo deplorables.

El destino de los ministros es insignificante comparado con el de toda una población enfrentada sin muchas defensas al virus inflacionario, y por ello es relevante evaluar al menos tres condicionantes principales que enfrenta a este respecto el nuevo jefe de la economía, con el ánimo de aportar.

Porque ahora ya no es sólo ministro de Finanzas sino también de Economía, lo que le confiere responsabilidades mayores a las que tuvieron quienes le precedieron.

Lo primero a tomar en cuenta es que esta onda inflacionaria en ascenso tiene ya dos años de desarrollo. Comenzó a mediados de 2006, desde cuando escribimos en estas páginas varios alertas sobre el cambio de tendencia incipiente. Lamentablemente, a estas alturas se ha consolidado la nueva tendencia y la credibilidad de las políticas económicas ha venido sufriendo sin cesar.

Lo segundo es que el fenómeno inflacionario se ha consolidado bajo un régimen de control de precios, de cambios y de tasas de interés. Ello pone de relieve la inoperancia de estos controles para producir la estabilidad monetaria con crecimiento que todo sistema económico debe ofrecer a los ciudadanos.

Lo tercero es la continuada y creciente bonanza petrolera. Por primera vez en décadas, Venezuela se encuentra sumida en un proceso inflacionario alcista en medio de cada vez mayores ingresos por estas exportaciones, que han sido nuestra defensa principal.

Estos condicionantes apuntan a una conclusión fundamental. El fenómeno inflacionario no va a ser corregido con retoques o iniciativas aisladas, o con ajustes en alguna variable individual. Se requiere abordar el asunto desde todos sus ángulos y reorientar el sentido de la política económica global.

Un plan como el necesario, implica que el Estado asuma su función de árbitro principal para armonizar y jerarquizar democráticamente los múltiples intereses que giran en torno al tema económico. Ello involucra al diálogo social y la incorporación del mejor conocimiento técnico en la formulación de planes y programas, porque el Gobierno ha desestimado en forma reiterada la utilidad del diálogo y el análisis técnico contemporáneo para la formulación de políticas. Con esta plataforma, se puede hacer lo necesario para corregir el exceso de oferta monetaria y evitar que la producción se rezague por culpa de actos de intervención oficial.

Así como en lo internacional el Gobierno ha actuado como reconociendo algunos errores, igual debe hacerlo en materia económica. Este es un primer paso fundamental. Si no, va a ser llevado a un callejón sin salida por las implicaciones negativas del fenómeno inflacionario. El viejo sistema de partidos sucumbió al peso de las crisis económicas sucesivas, y este sistema, aunque quiera ser unipartidista, no es inmune a esos efectos. El nuevo ministro seguramente conoce estas cosas, pero no sobra recordarlas.

dfontiveros@cantv.net