No estamos exentos a las tendencias a nivel global, incluyendo las modas. El desarrollo y la adopción de recursos tecnológicos en los mercados y en los modelos de negocio han hecho posible no solo una recolección otrora inusual de datos, sino asimismo un enorme potencial de procesamiento de estos. Así como ocurre a nivel mundial, términos y herramientas como Analítica de Datos y Big Data, entre otras, aparecen con cierta recurrencia en la descripción de requisitos en la precarísima y casi inexistente oferta de trabajo en el prácticamente inexistente mercado laboral de profesionales en Venezuela. No resultan nada nuevos los modelos estadísticos no supervisados, que sin requerir información o marco teórico previo -especialmente aquellos que asoman relaciones causales- permiten identificar tendencias y asociaciones entre variables e incluso facilitan construir clusters.

Sin embargo, existen dos riesgos importantes al basar las decisiones estratégicas de las empresas en los resultados de dichos modelos no supervisados o incluso en modelo de regresión que aun cuando “causales” adolecen de desconocimiento apriorístico sobre el funcionamiento de los mercados y de los modelos de negocio presentando severos problemas de endogeneidad de las variables explicativas, entre otros problemas. El primer riesgo más de carácter general y el segundo muy particular para el caso venezolano.

Este primer riesgo, advertido por el premio Nobel de Economía 2014, el francés Jean Tirole en su libro “The Theory of Industrial Organization” consiste en el caso de obviar un robusto marco teórico y de modelos apriorísticos que asomen las advertencias referidas a riesgos de relaciones espurias o una endogeneidad de las variables explicativas. Tirole llama la atención del aporte de la escuela de Chicago en haber señalado la necesidad de un análisis teórico riguroso y la identificación empírica de teorías en competencia.

Una ejemplificación clásica del problema anterior lo constituye la discusión entre lo que se ha denominado la Escuela de Harvard de Economía Industrial versus la Escuela Revisionista. Explicaremos este interesante tema prestando especial atención a su incidencia en el riesgo en la toma de decisiones empresariales erradas.

Existe un hecho estilizado o una tendencia recurrente identificada estadísticamente a lo largo de distintos mercados o sectores económicos. Este consiste en una relación positiva o una correlación entre concentración de mercado y ciertos KPIs de buen desempeño de las empresas en promedio como podría ser un significativo margen precio-costo de los productos y/o servicios.

Lo anterior implica que numerosas estimaciones econométricas donde la variable explicada es el margen y dentro de las variables explicativas el grado de concentración del mercado, así como el ratio de inversión en publicidad entre otras barreras a la entrada al mercado podrían estar arrojando resultados espurios.

Un inversionista buscando invertir en sectores rentables podría verse tentado a intentar entrar en un mercado altamente concentrado por creer que disfrutará de una rentabilidad derivada de altos márgenes que suelen estar asociados con este tipo de mercados.

Tirole advierte que, si bien efectivamente la correlación entre un alto nivel de margen y una alta concentración del mercado puede constituir evidencia o resultado de poder de mercado, no explica la causa específica del poder de mercado. En este sentido, el margen promedio elevado de la industria podría venir explicado por la existencia de una empresa líder con elevados niveles de escala operativa y/o eficiencia en costos -una líder en costo- no replicable con el nivel de “demanda residual”. En este sentido, se habría erigido una barrera a la entrada y una acometida por parte de nuestro inversionista puede resultar en un despilfarro de recursos.

Lo anterior es algo que los modelos estadísticos no advertirían, mucho menos modelos no supervisados propios del Big Data y la Analítica de Datos.

El segundo riesgo, que lo hemos denominado como uno más local o doméstico se encuentra referido a la brecha o falencia de expertos en Economía Industrial en el caso venezolano. Este tema en sí mismo exige todo un análisis, pero queremos en el presente artículo destacar que en el país no existen profesionales formados en la disciplina económica de “Teoría de la Organización Industrial” o la “Economía Industrial” que puedan atender a un mercado que aun cuando enano, se encontraría expuesto a decisiones de empresas más basadas en la intuición que en el rigor con enorme riesgo de errar.

En beneficio del tiempo queremos concluir con una aseveración realizada por el premio Nobel de economía, Jean Tirole: “a principios de la década de 1970 se sentía que en muchos casos la teoría era más una manera de explicar resultados estadísticos o de apuntalar posiciones intelectuales particulares que una investigación rigurosa y sistemática”. El conocimiento económico respecto al funcionamiento de los mercados imperfectos -oligopólicos como casi la totalidad de los mercados en la realidad- puede que constituya una de las herramientas más poderosa para que las empresas puedan desarrollar estrategias que a largo plazo permitan crear valor a las empresas (obviamente que de forma complementaria con evidencia empírica y modelos estadísticos donde un equipo robusto de estadísticos y economistas adviertan riesgos metodológicos así como en la toma de decisiones). Valga el mismo llamado de atención respecto a profesionales con el conocimiento en Economía Industrial que aporten al diseño de políticas públicas y regulatorias, su evaluación e incluso identificación de la necesidad de su derogatoria.


Autor: Enrique González, Economista UCV

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