Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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¿Por qué no funciona?

Ya conocemos al personaje luego de trece años en el gobierno…

Sabemos, por ejemplo, que su repertorio de conductas es escaso, y que cuando las cosas no le salen tan bien, inventa un chivo expiatorio, destituye un ministro, crea una nueva misión, divide un ministerio o se decide por la vía más radical de crear otro.

Así ocurrió cuando el drama carcelario hizo crisis, nombró a Iris Varela como la titular de una nueva cartera “de asuntos penitenciarios” (tal vez porque pasaba por allí, o casualmente lo llamó, no importa) y mucho más recientemente fue el caso del área de transporte y comunicaciones, que ahora no es uno sino dos, al haber dividido lo terrestre de lo marítimo. Otra decisión que nunca falta es la designación de un militar para que “arregle los entuertos” y la promesa muy firme de darle todos los recursos que éste necesite para solventar definitivamente las crisis. Lo mismo fue con el drama de las viviendas, la situación de la región capital, las relaciones, siempre conflictivas con el Zulia, o cualquier otra cosa que tenga que ver con actos de gobierno.

Todo se reduce a un ritual de anuncios pomposos y a la constitución de un régimen más militar que nunca, aunque como todos sabemos, de corte comunista. Por cierto, el estamento militar tendrá que dar más de una explicación sobre los cómo y los por qué de cada una de esas decisiones.

Pero volvamos a la pregunta originaria. ¿Por qué no funciona? Porque el presidente no entiende que no puede manejar tanta complejidad. Treinta ministerios, todos ellos en transición constante, provisionales en su conformación, organizados para la lealtad a ultranza, no sirven para adelantar una obra de gobierno racional y razonable. La complejidad exige dedicación especializada, división del trabajo, rangos de autonomía y tiempo para que maduren los proyectos.

A propósito de lo último, otro aspecto típico de esta “revolución” es que se solaza contando los pollos antes de poner los huevos. Éste es un gobierno de anuncios y promesas que no se realizan porque la política ha aplastado la administración. En este régimen lo único importante es la propaganda. ¿Alguien sabe cuál es el estado de salud de la Gran Misión Vivienda? Mientras tanto la situación de los damnificados hace crisis, y lo esperable, que la gente no aguantara tanto rigor, se está expresando en formato de crimen y protestas. ¿Alguien tiene idea de cómo se concretaron las promesas que solemnemente comprometieron al presidente a su salida del Hospital Militar? ¿Recuerdan? Lo único que sabemos es que empleados de ese centro hospitalario salieron a la calle para exigir que les pagaran todo lo adeudado.

La indisciplina presupuestaria es otra de las marcas de este gobierno. El presidente no entiende de recursos limitados. Pretende que su voluntad sea lo suficientemente infalible como para que todos sus deseos se conviertan en realidad. Él simplemente ordena, como si fuera el remedo del dios de la creación. Disciplina es observancia de las leyes y reglamentos. Pues bien, ésa es otra característica del régimen: la impunidad absoluta. Las leyes son el castigo para los enemigos. Chávez no tiene ni la más remota idea sobre las razones que justifican el atenerse a un presupuesto, y sin recato alguno, divide, crea, lanza, reduce, regala, distribuye, o sale de compras, sin que ninguno de sus asesores le llame la atención sobre los efectos que todas esas arbitrariedades provocan sobre los índices de la inflación o la imposibilidad de abastecer adecuadamente a la población.

Y el odio. Chávez amenaza con acelerar el socialismo. Y salen los rebullones a impedir con mayor ahínco que la empresa privada cumpla su función social. Cierres, ocupaciones temporales, multas, expropiaciones ilegales y toda clase de medidas arbitrarias (incluidas las leyes de Diosdado) terminan siendo la forma como este gobierno entiende que deben allanar el camino a su comunismo. Pero eso no los hace funcionar mejor, sino que los coloca a ellos en el área de demolición. ¿Tiene todo esto algún sentido?

¿Qué sentido puede tener que el gran pirata nacional otorgue patentes de corso a sus funcionarios para que salgan a saquear y a hundir el activo productivo del país? Y todo para acumular la desdicha de un gobierno que necesariamente tiene que ser improductivo y disfuncional porque no tiene ni talante ni buen juicio para administrar con decoro la cosa pública. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, inundar al país de “médicos postizos” y darles estatuto legal? que no sea el mismo que movió a Nerón a quemar la Ciudad Eterna: un gran performance de irresponsabilidad que se pagará con más muertes inútiles, sobre todo entre los más pobres. Este gobierno es una mala caricatura, pero sus consecuencias son reales. Estamos en la cola del mundo, y costará “Dios y su ayuda” sacarlo de este foso.

victormaldonadoc@gmail.com

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