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¿Por qué una Zona Económicamente Especial? Eduardo Castillo

Desde los años 60 del siglo 20, las Zonas Económicamente Especiales (ZEE) se han convertido en una herramienta capital para los gobiernos de algunos países como India, China, Rusia, México, y otros países de peso intermedio como Kazajistán y Angola, con la que han logrado incrementar las inversiones extranjeras y acelerar el proceso de desarrollo industrial.

Pero de qué hablamos cuando utilizamos el concepto de ZEE. Debido a sus siglas, puede ser confundida con las Zonas Económicas Exclusivas, que, sin embargo, tiene poco que ver con el concepto que nos interesa. Cuando utilizamos el concepto ZEE nos referimos a un aglomerado de modelos, geográficamente focalizados, de diferenciación del territorio en el campo de las competencias de las autoridades locales y de las legislaciones económicas, con respecto a su Estado de origen, siempre buscando favorecer la libertad económica.

En palabras más sencillas, una ZEE es un territorio que, perteneciendo a un Estado, se rige por normativas distintas, notablemente más propensas al libre mercado, que el resto de los territorios del país.

Tal como registra Orozco (2009), las ZEE en China han logrado tasas de crecimiento económico altísimas que apalancan realmente a la economía de todo el país. El experimento chino permite a los líderes de otros países entender que este tipo de reformas funciona y que sus miedos son generalmente producto de los prejuicios que durante décadas se han asentado en la mentalidad económica de los gobernantes.

Reformulando, y ampliando, el concepto de las Zonas de Procesamiento de Exportaciones, claves en el acelerado proceso de industrialización y desarrollo de otros países asiáticos luego de la Segunda Guerra Mundial, los chinos entendieron que la apertura no sólo era necesaria, sino también deseable, por lo que decidieron:

  • Reducir aspectos administrativos para disminuir la burocracia (y en consecuencia, las facilidades a la corrupción).
  • Reducir el número de leyes y también la amplitud de la influencia de las mismas en una serie de temas como la inversión y las operaciones de las empresas.

No solo el experimento triunfó, sino que demostró que el desarrollo de zonas aparentemente “despobladas” y atrasadas, si se les compara con otras, es perfectamente posible. En cerca de 30 años estas zonas marginadas se han convertido en polos indiscutibles de desarrollo y prosperidad para millones. Aquellas zonas donde se iba a permitir la participación de extranjeros y chinos de ultramar y otros territorios del mundo demostraron que con cambios en los incentivos se prospera.

Otros países del mundo han aprendido de la experiencia China, incluso, sorprende que la república de Corea del Norte ha llegado a permitir una ZEE en el extremo norte costero que hace frontera con China y Rusia, proximidad que ha encontrado respuesta de los empresarios de ambos países. Pero el caso norcoreano no es el más exitoso de todos, aunque quizá sea el más simbólico.

Los chinos hace ya un par de décadas notaron que el libre comercio es beneficioso para la sociedad en general, datos de las remesas de los trabajadores migrados a las ZEE que luego envían dinero suficiente a sus familias en la china interior son prueba de que los salario pagados fomentan el desarrollo del conjunto del país. No sólo las remesas son un indicador, sino que también en términos relativos, el crecimiento de casi 40% de algunas ZEE chinas a apalancado el incremento salarial en base a la productividad. Los trabajadores de las ZEE ganan hoy más que sus pares de las reglamentadas e intervenidas provincias del interior (Orozco, J. 2009: 81).

Estos incrementos salariales casi podrían ser comprendidos como consecuencia lógica de la orientación a la búsqueda de Inversión Directa Extranjera (IDE de ahora en adelante). Y la inversión extranjera en algunos sectores se orienta en mejorar la productividad traduciéndose en mejoras salariales.

Las autoridades de los distintos gobiernos del mundo que han optado por esta forma de liberalización hiper-concentrada geográficamente se han deshecho de muchos de sus prejuicios, entendiendo que aún pueden mantener ciertos controles. A fin de cuentas, una ZEE está siempre bajo la jurisdicción del Estado, y suele ser objeto de experimentación, la clave parece estar en las garantías.

Niveles impositivos competitivos (y lo suficientemente atractivos); derechos de propiedad plenamente garantizados; salarios libremente acordados y leyes laborales flexibles; todo va de la mano con el desarrollo orientado fundamentalmente hacia el sector exportador. Es por ello que muchas ZEE pueden ser confundidas con las tradicionalmente utilizadas Zonas Francas (ZF), más restrictivas en las áreas liberalizadas.

Resulta común el paso desde las ZF a las ZEE, pero el paradigma de hoy parece ir en dirección al establecimiento de ZEE desde el principio, con amplias miras y pocas normas para la instalación, desarrollo y exportación e importación (Tuz, L. 2011). De igual forma, planificadores de todas las latitudes pueden optar por diversos tipos de zonas, unas más orientadas a la inversión industria, tecnológica, comercial, e incluso turística; así, pueden confirmar la idea, revolucionaria para algunos, de que la libertad de industria y comercio funciona.

Tampoco es valedero la crítica que suele dirigirse en torno a la idea de que una ZEE en un país poco importante y peso en el mundo resulta perjudicial. Si se atiene a la historia, precisamente en países aparentemente indefensos e insignificantes, como Bangladesh y Polonia, pequeños como Panamá, Jamaica y Honduras, recientemente, se comprueba que las ZEE reportan oportunidades a quienes aparentemente no las tenían.

Venezuela durante años mantuvo en el estado Nueva Esparta una zona de importación preferencial, un puerto libre (PL). Pero los venezolanos poco advertían de las posibilidades que para Nueva Esparta habría tenido la ampliación del PL hacia una ZF o incluso una ZEE. Los gobernantes, temerosos de darle libertades a la gente, sea por creerse más conocedores que el resto de lo que más le conviene al país, sea por simple rechazo a la idea de libertad económica, poco hicieron por ampliar esta idea.

Mucho menos se percataron de las posibilidades que una ZEE reporta a la agregación de valor en los productos finales, lo que en la mentalidad propia del pensamiento desarrollista cepalino que durante décadas predominó en América Latina, habría justificado ampliamente la adopción de las ZEE como herramienta de desarrollo intensivo. La adopción de esta herramienta no solo será algo deseable, sino necesario, para el desarrollo acelerado que Venezuela requerirá una vez finalizado el largo ocaso socialista.

Las ZEE así como los Business Improvement Districts (BID’s), que no es más que una versión geográficamente diminuta en comparación, pueden encerrar la llave del desarrollo para Venezuela.

Para que tal cosa suceda, tiene que venir un cambio legal, y antes que ello, un cambio de mentalidad para que no se dependa de un milagro, un cambio de opinión en los socialistas de todos los partidos, producto de una crisis aparentemente insoluble dentro de los marcos establecidos por el socialismo en todos los colores en el arcoíris partidista criollo.

EDUARDO CASTILLO

Fuentes bibliográficas

CONEJO, R. (1985) Las Zonas Económicas Especiales ¿maquiladoras en China? [Versión electrónica]. Estudios de Asia y África, número 3, 444-469.

OROZCO, J. (2009). La creación de zonas económicas especiales en China: impactos positivos y negativos en su implementación [Versión electrónica]. PORTES Revista mexicana de estudios sobre la Cuenca del Pacífico, número 6, 69-86.

TUZ, L. (2011). Diseño de un proyecto de generación de una Zona Especial de Desarrollo Económico (ZEDE) en la frontera norte. (Proyecto de titulación previo a la obtención del título de ingeniero empresarial). Facultad de Ciencias Administrativas. Escuela Politécnica Nacional.

VIGUIER-WILLIAMS, A. (2014). Zonas Económicamente Especiales. Internacionalmente. Comercio Internacional y Marketing. Recuperado el 31 de julio de 2014 de: http://internacionalmente.com/zonas-economicas-especiales/