Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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¿Porqué no hay incentivos para ser formal?

Alberto y su esposa descubrieron una buena receta para hacer tortas en su casa, que luego venderían en kioscos, cantinas, luncherías, etc.

Alberto y su esposa, después de haberse casado y de intentar varias opciones de negocios en las que fracasaron, un día descubrieron una buena receta para hacer tortas en su casa, que luego venderían en kioscos, cantinas, luncherías, etc. Apalancados en su habilidad como vendedores, resultó un buen negocio. Pronto la demanda de tortas creció y en menos de 20 días, el horno de la casa resultó pequeño. Compraron un horno industrial a buen precio, cinco veces más grande que el anterior. Luego, el apartamento donde vivían y operaban resultó incómodo. Decidieron mudarse. Rentaron un espacio (antes cuarto de una vieja casa) el cual, a pesar de ser un poco viejo e insalubre, servía a sus fines. En un banco de microfinanciamiento les prestaron dinero para otro horno industrial.

Su empresa familiar ya empleaba dos personas, tenía tres hornos industriales, y en una camioneta repartía las tortas (antes se hacía en carretillas). La otrora actividad de subsistencia familiar, se había convertido en una pequeña empresa que operaba en la informalidad, con una elevadísima tasa de rentabilidad. Sus clientes eran todos empresarios informales: dueños de kioscos, buhoneros, cantinas no registradas, etc. Luego hubo la necesidad de expandir el negocio. En menos de seis meses, el pequeño local fue sustituido por la parte baja de una vieja quinta en unos 300 mts2. Pasaron de tres a cinco empleados (informales) y contrataron vendedores con pago de una proporción de las ventas. Una nueva camioneta, y mobiliario completo con computador incluido. Luego surgió la idea de vender a los grandes comercios formales. Para ello era necesario formalizarse. Les pedían un registro de la empresa.

Pero obtenerlo en materia de alimentos era sumamente costoso, ya que la lista de requisitos era infranqueable. Aún cumpliendo con la mínima normativa sanitaria, el funcionario del Ministerio les impuso una “tarifa” mensual, para poder operar. Luego, ni soñar con un registro sanitario. Dos atracos nocturnos al negocio mermaron el 30% de los activos físicos. Luego sobrevino la escasez de alimentos generada por el control de cambio en 2003: era difícil encontrar huevos, la harina era importada y de baja calidad, la azúcar pesaba menos del precio que pagaban, etc. Siguieron en su afán de captar el consumo masivo formal con un nuevo modelo de torta: buena presentación, calidad, capacidad instalada óptima; todo parecía servido para captar el gran mercado. Los grandes comercios les exigieron crédito a 60 días. Ahora necesitaban crédito para capital de trabajo. Acudieron a la banca formal porque el microcrédito ya no era una opción. Pero sin registro tampoco hay crédito. Necesitaban una patente de derechos de propiedad, de marca, registro de código de barras, etc. Además debían tener declaraciones de impuestos sobre la renta actualizadas. Algunas de las regulaciones las pudieron llenar, otras no. Pronto la ilusión del mercado formal se hizo cuesta arriba. Luego la demanda por sus productos distribuidos a través de redes informales se vino abajo.

A pesar de muchas innovaciones en la receta, estrategias de presentación del producto, estrategias de captación de vendedores, parecía que las preferencias del consumidor y la competencia, habían mermado la capacidad de esta empresa, que ahora tenía que lidiar con costos laborales, matracas de funcionarios, impuestos, etc. La empresa tuvo que cerrar, manteniendo solo el 20% de sus activos. Sus costos de hacer negocios en la semi-formalidad eran excesivos. Quedaron realmente decepcionados y una crisis económica sobrevino. A partir de entonces Alberto y su esposa, con su gran espíritu empresarial, empezaron una búsqueda de otras opciones de negocio para empezar de nuevo. Dieron con un nuevo negocio. Ahora, eso si: nada de formalidad. No les puedo comentar cual es el negocio, porque ellos temen que usted, amigo lector, se convierta en su competencia. Esperemos que prosperen.