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Pretextos socialistas

Para el Gobierno es una inmensa tragedia tener que contarse en estas elecciones

Por: Domingo Fontiveros

El Gobierno ha encontrado en la palabra socialismo la excusa para emprender actividades destructivas y justificar lo injustificable.

Ataca a empresas y sindicatos, universidades y escuelas, partidos y organizaciones, medios y periodistas, alegando que son enemigos del socialismo. Es algo curioso en un país donde casi todos los dirigentes políticos, muchos intelectuales e incluso empresarios se autodenominan socialistas. Algunos extremistas llegaron a criticar al Gobierno por ser capitalista y neoliberal salvaje (!¿?!).

Uno puede ver con facilidad en estas posturas un desvarío que confunde. Algunos han propuesto un debate profundo para clarificar el asunto. Pero nadie que pertenezca a este Gobierno descarriado, que esté en su “sano juicio”, está dispuesto a arriesgarse al ridículo de participar en una abierta discusión teórica o política, mientras algunos de afuera del Gobierno no están dispuestos a quedar como adversarios del socialismo. De modo que quienes esperan una discusión de este tipo, seguirán esperando.

De todas formas, es evidente que el Gobierno hace “grandes esfuerzos” para monopolizar lo que es socialismo o no. La visible intención es desvestir al socialismo oficial de cualquier componente humanista o utopista, dada la convicción castro-estalinista de que lo peor que le puede pasar a un gobierno socialista en aceptar debilidades burguesas como el idealismo o la sociedad plural, donde el poder se maneja en un sistema de frenos y balances para evitar su abuso y garantizar la libertad ciudadana.

Aparte del estilo pendenciero que no agrada a nadie, este régimen se ha convertido en la peor propaganda al socialismo en estos lares del mundo que viene conociendo de sus desastres económicos, el manejo alegre y doloso de los recursos públicos, y su arcaica visión de la política interna e internacional. Con razón, una marea creciente de socialistas se sigue desmarcando del chavismo.

Aun así, el discurso oficial se empeña en acentuar su programa socialista y prosigue decretando legislación que es perniciosa para la democracia y la economía. Si la comuna, por ejemplo, es la destrucción de la democracia constitucional, el régimen cambiario actual es la destrucción de la economía productiva y del nivel de vida.

Para el Gobierno es una inmensa tragedia tener que contarse en estas elecciones parlamentarias de septiembre, lejos de las mieles del petróleo de años anteriores y, por el contrario, en medio de los mal-olientes escándalos que desprende su proyecto socialista de importación, distribución y comercialización estatal de bienes básicos, entre otros dantescos fracasos. Y no es porque a las autoridades más camorreras que ha conocido el país les disguste la confrontación, sino porque aborrecen perder aunque sea un ápice de poder. Y van a perder mucho más que eso en la nueva Asamblea Nacional.

Los pretextos socialistas que con habilidad vino utilizando para hipnotizar a muchos inocentes incautos con la ayuda de maquiavélicos ayudantes, ya no le funcionan. La imaginación popular ya no piensa en llegar al “mar de la felicidad”, sino en salir de este barranco. Y los votos se irán en septiembre por ese camino sin que parezca haber fórmula salvadora para el gobierno, ni siquiera su hipercostoso aparato de propaganda e intimidación.

dfontiveros@cantv.net