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Propaganda y Olimpíadas. Domingo Fontiveros

La estrafalaria pretensión de querer convertir éxitos de atletas espléndidos en triunfos políticos

Los dictadores son barrocos. Exageran y adornan todo lo que hacen hasta convertir hechos simples en grandiosos, y hechos grandes en heroicos episodios de una épica urdida a la medida de sus ambiciones de continuismo indefinido. Este rasgo típico no lo han perdido las dictaduras modernas, término que se utiliza en ciencia política para catalogar regímenes que disfrazan su autoritarismo con ropajes democráticos en la escena contemporánea.

Al contrario, ha sido potenciado por el recurso mediático y la virtual monopolización del aparato suasorio. Goebbles, el nazi adorador de Hitler, es reputado como el inventor de la propaganda política avasallante desde el poder y por todos los medios disponibles para respaldar la consolidación de un proyecto totalitario. Los comunistas se adueñaron de este sistema para afianzarse y las izquierdas que dominan en las dictaduras modernas le han incorporado las nuevas tecnologías, enriqueciendo el arsenal de instrumentos para el control de la opinión pública y sus preferencias electorales.

En Venezuela se vive una dictadura moderna de acuerdo a esta terminología, aunque en sustancia sea tan rupestre o más que sus predecesoras. Tiene que celebrar elecciones, como en el proceso actual, porque las opciones alternas serían muy riesgosas. Pero no ceja en su afán de controlar las variables que condicionan las tendencias de las preferencias ciudadanas.

A menos de 60 días del día de la verdad en las elecciones presidenciales del 7 de octubre, ya se observa el volcamiento de la voluntad continuista hacia la inundación de los medios con propaganda oficialista. Una muestra la hemos visto en el monopolio de la transmisión de las Olimpíadas Londres 2012 por el llamado sistema nacional de medios públicos, por intermedio de la resucitada estación TVes. Allí se transmiten competencias deportivas, obviamente, intercaladas en forma abusiva con propaganda gobiernera que llega hasta el hastío, con la estrafalaria pretensión de querer convertir éxitos de atletas espléndidos en triunfos políticos del gobierno.

No cabe esperar sino que este esfuerzo del gobierno por saturar a la ciudadanía con propaganda que hace fantasía de la gestión oficial y trata, por otro lado, de descalificar a Capriles, vaya en ascenso en estos casi dos meses que faltan. La incertidumbre que carcome la conciencia del gobierno, no obstante, reside en si será efectivo tanto derroche para contrarrestar el avance del candidato opositor, cuyo mensaje de contenido renovador y de equilibrio en el ejercicio del poder continúa sumando adhesiones en todas partes, a pesar de las presiones en contra por parte del conjunto de la maquinaria oficialista.

Si alguna lección puede tomarse del admirable desempeño olímpico del deporte venezolano en este año, para aplicarla a la contienda electoral, es que la astucia, la condición física y el esfuerzo individual están por encima de cualquier manipulación propagandística.

La sabiduría popular está encaminada para resolver el tema electoral en poco tiempo y la dirección primordial debe ser la de respaldarla con la emoción y el convencimiento de que el candidato opositor puede hacerlo mucho mejor desde el gobierno que las autoridades actuales.

dfontiveros@cantv.net

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL
domingo 12 de agosto de 2012 12:00 AM