Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Prueba superada. Victor Maldonado

El 28 de agosto de 1963 fue un día esplendoroso. El sol alumbraba los cuerpos y calentaba las almas de doscientas mil personas que se habían congregado delante del Lincoln Memorial para escuchar las palabras de un profeta. Martin Luther King apareció frente a todos ellos y habló. “Nos negamos a creer que el banco de la justicia ya no tenga fondos. Nos negamos a creer que ya no haya dinero suficiente en las grandes cámaras acorazadas en que se guardan las oportunidades de este país… No, no nos podemos dar por contentos, y no nos podremos dar jamás por contentos hasta que la ley fluya como el agua y la justicia como una poderosa corriente… Yo sueño hoy con que, un día, todo valle sea alzado y toda colina y montaña descienda. Los lugares ásperos se harán suaves y los desniveles serán allanados. Y se manifestará la gloria del Señor y toda carne lo verá. Ésta es nuestra esperanza…”. Después de ese discurso nada fue igual.

Estuve en días recientes en la ciudad de Cumaná. Todavía destella una belleza natural sublime a pesar de la basura, la inseguridad, el abandono y esa indiferencia oficial que ralla en la arrogancia más indignante. El régimen ha decidido, al parecer, enterrar la dignidad de su buena gente sobre toneladas de desechos y desidia. Pero allí nadie pierde la esperanza. La Cámara de Comercio convocó a un foro para buscar respuestas. El salón del Hotel Nueva Toledo se desbordó. Los asistentes mostraban una diversidad creativa. Muchos jóvenes compartieron expectativas con ciudadanos que honraban el evento por sus canas y su experiencia. Don Fernando L. Morgado Bossio, con sus ochenta y tantos años a cuestas, se sentó al lado de una joven mujer que se preguntaba si toda esta lucha tenía sentido. O si era mejor partir y comenzar en otro sitio. El viejo patriarca escuchaba y fijaba su mirada en un infinito interior, buscando la esencia de un ancla espiritual que lo había fijado en la ciudad de sus querencias por casi un siglo.

Luther King también dudó. Pocos años después del climax ocurrido en el verano de 1963 pronunció el sermón de navidad en Ebenezer Baptist Church. Allí había comenzado su ministerio. En esa congregación había tenido que reconocer el inmenso peso que había significado cargar a cuestas los sueños de una América más justa e integrada. Pero también allí debió confesar que lo que había planteado como un sueño, poco a poco se había ido convirtiendo en una pesadilla. Una pesadilla de escasos resultados. Una realidad infamante donde sus hermanos, huérfanos de fraternidad, eran víctimas de la miseria. Era muy difícil no odiar. Era muy difícil resistirse a la presión, la persecución, la infamia, y el alejamiento de su familia, picoteada por la duda. Era difícil, pero no hay empresa que no se pueda realizar si está fundada en la piedra maciza de las convicciones. Nos odian, “pero nosotros no necesitamos odiar, porque hay otra forma. La vieja fórmula de Jesús, amar a tus enemigos, bendecir a los que te maldicen, rezar por ellos, presentar la otra mejilla… ¡Pero conozco la tentación!”

En la ciudad de Cumaná funciona una asociación civil llamada Sucre Posible. La preside Fernando Morgado Graterol, ex presidente de Consecomercio y un hombre de consensos. En ese foro confluyen todos los que piensan que no hay causa definitivamente perdida y que el estado Sucre no tiene por qué resignarse a ser el más pobre y el que más peligro tiene de ser un territorio de mafias y narcotráfico. Ellos también sueñan, y piensan que llegará el momento para que “las promesas de la democracia se hagan realidad.” Como la hierba que crece, tenaz y silenciosa, se están convirtiendo en una referencia. Allí se piensa con amplitud, pero también se exige con firmeza. Estando con ellos de repente llegaron dos jóvenes. Venían de lejos, en una gira llena de azares y suspicacias. Y hablaron sobre el resurgir ciudadano, la revisión de los errores, la unidad reconstituida, y de coraje. Gaby Arellano y Ana Karina García se han cargado el país y lo llevan como una pesada cruz. Ellas y muchos como ellos ni dan cuartel ni piden clemencia. Ellas y muchos de muchas y diversas edades no están buscando justificaciones para la partida. Ellas no se quejan de la inseguridad, porque la viven. Ellas no temen, pero se ven en sus caras los rigores del estrés continuado, tratando se sembrar un afán que, estoy seguro, nos terminará salvando.

Ellas estaban allá, y seguían su rumbo, mientras el régimen, cual coyote, les impide volar, les confisca la cédula y las difama, pero no logra asustarlas. Ellas han convertido sus sueños de libertad en razones para seguir luchando. El viejo Morgado, el patriarca, sonríe y avizora un momento en que “la libertad resuene”. ¿Y yo? ¡Aquí me quedo!

VICTOR MALDONADO | NOTITARDE
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