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Psicoanálisis y depresión

El Universal 30/10/2008

Ahora veremos una restricción del consumo popular en las sociedades democráticas. 

Por: Carlos Raúl Hernández

Es interesante y hasta simpático cómo cada quien ha utilizado la crisis financiera internacional al estilo de Melquíades el Mago, para vender su propia pócima. Los doctores de la mente gozarían el tema. El energúmeno de Sabaneta esparce sus mentiras de circo, las más escandalosas, cómicas y traídas por las mechas, sobre “el fin del capitalismo” y la “nueva era” craneada por él solito. Sirve también para demostrar que si todos fuéramos buenos y caritativos seríamos felices.

Una vez los grandes conductores de la globalización se hayan ilustrado sobre las virtudes teologales y hecho cursos de pietismo por correspondencia, el mundo será mejor. Para otros todo surgió en una supuesta era neoliberal que acogotó al mundo: léase el desalmado gobierno de Clinton, por ejemplo, en el que el neoliberalismo salvaje creó veinte millones de empleos en EEUU. En Latinoamérica, Brasil, Colombia, Costa Rica, Uruguay, Ecuador, México, Salvador, Dominicana, disciplinaron sus economías y, gracias al Consenso de Washington, aprendieron principios keynesianos fundamentales, como los equilibrios macroeconómicos, que permiten crecer sanamente las economías sin inflación y el empleo. Quienes, como los venezolanos, no entendieron esto a tiempo, provocaron hecatombes sociales.

El anacronismo internacional repite incansable las cherchas de los liberales gringos, Stiglitz, Chomsky, Michael Moore, Kerry, Sarandon, una de las especies más ponzoñosas de la fauna. Algunos llegan a la irresponsabilidad -los rusos dicen que el papel aguanta todo- de afirmar que la explosión de la burbuja financiera, que muchos preveían desde hace por lo menos cinco años, es una reedición de la Gran Depresión, sin percatarse de un detalle: son crisis opuestas. Mientras la del 29 fue de superproducción, y el empobrecimiento de la ciudadanía no le permitía comprar los productos -obreros del carbón cuyos hijos morían de pulmonía, es decir de frío- la actual es de opulencia, de una sociedad cuyos mecanismos de democratización de la propiedad le han permitido a millones de familias consumir de todo y comprar viviendas sin tener recursos suficientes para ello. Lejos de que ahora las sociedades democráticas avanzadas “aprendan a ser buenas” o “se dejen del maldito neoliberalismo”, de cuya existencia tenemos derecho a dudar, veremos por un tiempo una restricción del crédito y del consumo popular.

Mientras nadie entendía lo que pasaba en 1929, pues Keynes ni siquiera había publicado su obra, hoy las grandes economías del mundo se rigen por los algoritmos keynesianos, con las prevenciones no despreciables de Hayeck y Friedman. Ello no significa que la crisis va a ser “fuerte” o “suave”, sino que hay que tratar de entenderla sin manías.

carlosraulhernandez@gmail.com