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¿Puede mediar la Iglesia? Carlos H.Blohm

Tengamos esperanza, quizás sea la única salida honrosa que nos queda a todos.

El comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana nos dice claramente que la Iglesia defiende los DDHH de todos los venezolanos. El que todos los obispos estén de acuerdo en que la crisis actual amerita el exigir el respeto a los individuos, debe servir de luz a todos los que no vemos claro el panorama por los gritos, el gas y el humo reinantes.

La Iglesia en la época moderna ha servido de refugio y de guía para que se respeten los DDHH. Basta recordar su rol en las dictaduras de derecha reinantes en nuestro continente (inclusive el Papa Francisco). La represión presente en dichos regímenes fue ejercida personalmente sobre 4 presidentes regionales que ahora han cerrado sus ojos. La Iglesia no.

El gran avance de la religión cristiana en relación a las que existían hasta ese entonces fue el perdón. La Ley del Talión que ya moderaba la venganza fue sustituida por el poner la otra mejilla. En mi artículo reciente “El gran perdón” hablé del carácter especial entre la resistencia no violenta y el perdón. Me refiero a la gran mayoría de los que protestan y a sus líderes en particular.

¿Cómo podríamos avanzar hacia una mediación de la Iglesia en este enfrentamiento tan cruento? El comunicado establece las bases mínimas para que arranque dicha mediación. Si los DDHH se respetan, podría haber credibilidad y condiciones mínimas para una mediación que llegue a acuerdos efectivos.

Toda mediación que lleve a un diálogo debe ser hecha entre dos o más partes libres, no sujetas a coerción. Cualquier acuerdo para ser válido ante la ley, y ante terceros como la comunidad internacional, debe ser realizado en libertad, para que sea aceptado cabalmente por las partes.

Los obispos han hablado y han puesto a los DDHH y a la libertad como guía y norte. Los venezolanos de cualquier creencia y tendencia política les estamos agradecidos. Tengamos esperanza en la mediación de la Iglesia, quizás sea la única salida honrosa que nos queda a todos.

CARLOS H. BLOHM | EL UNIVERSAL
@carlosblohm