Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Que gane la paz

Se vienen las elecciones presidenciales venezolanas. En estas líneas, más que hacer proselitismo por uno u otro contendor, prefiero rescatar algunas líneas del premio nobel de la Paz 1987, Oscar Arias Sánchez. En este momento, PAZ, LIBERTAD y JUSTICIA han de ser el Norte del gobierno que pretenda realmente ayudar a Venezuela.

Primero, una reflexión propia

Se han vivido demasiadas zozobras desde 1998: un golpe de Estado, una huelga de la industria petrolera, casi una decena de elecciones y referendos… Los precios siguen creciendo a tasa anual de dos dígitos. La tasa de asesinatos a mano armada en Caracas es la mayor de América Latina. Sigue entrando plata por petróleo a raudales, repartiéndose migajas entre pobres y el grueso en prebendas para amigos y acólitos. Los vicios que tuvimos como sociedad entre 1976 y 1998 están lejos de mermar.

¿Positivo? Ciertamente la iniciativa de las Misiones han paliado pobreza. Aún así, los 20 puntos porcentuales que se dice cayó la pobreza lo que han hecho es devolverla al nivel que estaba en 1998 (The Economist). Al menos sí hay algo loable y es que, a diferencia de los gobiernos previos, por fin se ha asumido como sociedad que tenemos una miseria tremenda alrededor. Desde 1976 se cerraba los ojos a esta realidad en todo discurso político.

¿Exportamos y producimos algo diferente a petróleo? Negativo

¿Hemos aprendido algo de todo este arduo aprendizaje político? La verdad que poco. Seguimos, en general, atrapados en un consumo y exhibición brutales. La riqueza se exhibe de manera grosera y, peor aún, suele provenir de corrupción, de los famosos “ricos nuevos”. Ahora hasta tenemos ventas de autos de lujo como nunca se vieron.

Es más, quizás esta actitud tenga sustento en lo poco que vale el futuro en Venezuela. Los récordes en venta de carros y bienes suntuarios tienen sustento en que con unos precios subiendo todo el tiempo y con tanta incertidumbre sobre el futuro, es mejor consumir y disfrutar ahora. Sólo el que tiene hijos siente la inquietud lacerante del mañana.

El ciudadano de clase media, sustento de la democracia, sigue siendo el perdedor neto. El que tenía dinero en 1998, salvo excepciones (exiliados, enemigos políticos, dueños de edificios y terrenos invadidos) en general está con más dinero o están en el exterior. El miserable al menos tiene algo de Mercal y Misiones, eso sí, a cambio de compromisos políticos. Pero es el trabajador, el que diariamente sale a ganarse el pan con trabajo honesto y sin recibir limosnas, quien padece. Sufre la violencia cotidiana, los discursos altisonantes diarios donde siempre hay enemigos nuevos, las amenazas de comunismo y totalitarismo, la inseguridad jurídica… Este ciudadano es el que ve subir los precios, el que teme le confisquen sus bienes, el que se tiene que recoger en casa temprano para salvar la vida…

Es para este trabajador que desea vivir en paz a quien debe respetar el gobierno. La meta de nuestra sociedad ha de ser que la mayoría se convierta en eso: en un trabajador de clase media, capaz de sustentar la democracia y la cultura.

El derecho primordial del ciudadano es tener paz, trabajo, libertad y justicia. El deber principal del gobierno es proveer orden y bienes públicos: ley, ayuda para educación, acceso a la salud, responsable manejo de las cuentas públicas, profesionalismo del banco central, seguridad…

¿Cuándo será la sociedad venezolana dueña de los espacios públicos, tomados desde 1976 por la criminalidad, la indigencia y el proselitismo?

Y aún con todo este escenario, las mezquindades políticas han hecho que, en lugar de erigirse una Oposición seria, con tiempo suficiente para hacer un trabajo político ambicioso y certero, se constituya una campaña brevísima para ofrecerle a la población algo diferente a lo que tenemos desde 1998. Lo cierto es que indigna ver que hasta agosto aún eran incapaces de ponerse de acuerdo los que ofrecían algo alternativo a este régimen. Esta falta de acuerdo sólo revela algo que es harto sabido: la fortaleza de todo totalitarismo proviene más de la debilidad de los ciudadanos que del poder de los gobernantes. Una pena, porque en estos pocos meses se hizo una oposición interesante, con algunas ideas y lemas que tienen sustento y pueblo.

Ojalá también que haya transparencia y se defienda el voto. Que al ciudadano nadie le robe su voluntad política. Que las marchas y contramarchas no agoten al votante para los instantes realmente importantes: los de supervisar qué se hace con su voto.

Me despido llamando a la PAZ. Que el gobierno que asuma tenga oídos y humildad para recibir ofertas de apoyo serias y justas. El petróleo sigue siendo algo que nos enferma como sociedad: dinero fácil y corrupción. Hagámoslo menos doloroso con un poco de sentido común social.

Ahora habla Arias, en citas que tomo de varios discursos compilados en Internet por la Fundación Arias (www.arias.or.cr):
“La Paz consiste, en gran parte, en el hecho de desearla con todo el alma”.

“Vengo de un mundo donde tenemos prisa por hacer irreversibles los caminos de la paz y por frustrar todo intento de opresión. América tiene prisa por su libertad, prisa por su democracia, y requiere la comprensión del mundo entero para librarse del dictador, para librarse de la miseria”.

“No hay revolución si no hay libertad. Toda opresión camina en dirección contraria al alma del hombre”.

“Un hombre de armas, el presidente Eisenhower, decía hace ya casi medio siglo: Cada arma que construimos, cada navío de guerra que lanzamos al mar, cada cohete que disparamos es, en última instancia, un robo a quienes tienen hambre y nada para comer(…). Este mundo alzado en armas no está gastando sólo dinero. Está gastando el sudor de sus trabajadores, el genio de sus científicos y las esperanzas de sus niños”.

“Es hora de que la comunidad financiera internacional premie no sólo a quien gasta con orden, como hasta ahora, sino a quien gasta con ética.”

Publicado: Diario 2001

27/11/06

Opinión independiente.

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