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Qué le diría Perón a Chávez

El 5 de febrero de 1992 se rindió un desconocido teniente coronel con la tropa de elite, tras fracasar su cruento alzamiento contra el gobierno constitucional venezolano.

Por: Fernando J. Ruiz
Para LA NACIÓN

Los golpistas llegaron a tomar la sede del gobierno usando tanquetas y después se tirotearon en los pasillos del Palacio de Miraflores con la guardia presidencial, mientras el presidente Carlos Andrés Pérez huía por el estacionamiento para refugiarse en un canal de televisión.

A la 1 de la tarde, ya rendido, se le pidió al comandante rebelde que hablara por televisión para evitar más sangre. Ese desconocido comandante de paracaidistas tenía que anunciar la rendición a todo el país y luego enterrarse en la historia como un mal recuerdo.

“No va a haber preguntas. El va a enviar un mensaje y luego se retirará”, dijo su presentador.

Pero allí, Hugo Chávez Frías, con por lo menos veinte kilos menos que hoy, en un mensaje de poco más de un minuto encandiló a una mayoría: en un tono humilde, tranquilo y firme, asumió toda la responsabilidad por el golpe.

Y dijo, en vivo y en directo a todo el país: “Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados”. Ese “por ahora” fue la clave: la historia comenzaba, no terminaba.

Fue una situación parecida a la que otro militar, el coronel Juan Perón, vivió en el balcón de la Casa Rosada argentina, el 17 de octubre de 1945. Se le concedieron esos minutos para que la gente se fuera en paz a sus casas. Luego, ese problemático militar debía, en silencio, desaparecer de la historia.

Sin embargo, en su discurso transmitido a través de la radiodifusión nacional, Perón prometió “volver a luchar codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto si es preciso”. Como ocurriría en Caracas décadas después, la despedida fue en realidad el anuncio de un nuevo comienzo.

Esos breves minutos o segundos fueron momentos mágicos en la historia de la comunicación pública. Instalaron en el caso de Chávez y confirmaron en el caso de Perón, un romance político que cambió la historia.

A partir de ese acto de magia colectiva, irrepetible, y quizás imposible de planificar, la locomotora de la hegemonía política se puso en marcha. Estos dos hombres, verdaderos medios individuales de comunicación masiva, se convirtieron en el eje excluyente de un bloque social y político que se instaló en el esquema de poder, alterándolo en forma decisiva.

Pero no les alcanzó su habilidad con la comunicación. Ambos líderes han coincidido en desarrollar formas más o menos burdas de mordaza hacia sus críticos y, por lo tanto, comenzaron a generar tensiones con los derechos civiles y políticos, es decir, con la dimensión liberal de la democracia.

La Historia, piensan, exige suspender derechos. Y no sólo a los opositores. Pues tanto durante el primer peronismo (1946-1955) como en el chavismo, es posible que los oficialistas tuvieran bastante menos libertad de expresión que los opositores.

El domingo al mediodía, el presidente Chávez realizará su acto más duro contra la crítica desde que asumió la presidencia, en 1999: revocará la licencia televisiva de Radio Caracas Televisión (RCTV). Será seguramente un símbolo internacional, como lo fue la expropiación del diario La Prensa por el presidente Perón, en 1951. Este canal es hoy la principal voz alternativa al gobierno, que llega a los sectores populares de toda Venezuela, y es por eso que su censura es estratégica para el gobierno.

Los gobiernos tienen derecho a no renovar las licencias. De hecho, en ningún lugar está escrito que la renovación es obligatoria. Pero la razón de Chávez para la revocación es la de silenciar una voz, y eso sí está prohibido en un régimen democrático. Las democracias se distinguen de las dictaduras, pues alientan y protegen a los críticos, mientras que las dictaduras se caracterizan por organizar el silencio y perseguir -incluso criminalizar- la crítica.

El anuncio fue una escena cuartelera. El 28 de diciembre pasado, en un acto militar, con uniforme militar, y desde un estrado ocupado por oficiales que aplaudían sin cesar, ante una tropa formada que escuchaba en silencio con la mirada fija hacia el frente, Chávez dio la primicia de la no renovación de la licencia “a ese canal golpista”. Esa argumentación política no aparece en la comunicación administrativa que el Ministerio de Información y Comunicación envió a RCTV, pero es la razón públicamente expresada por el presidente y varios de sus funcionarios en muchos foros.

La historia de la televisión venezolana es bastante típica en la región. La gestión política de las licencias no ha sido nunca transparente por estas tierras, siendo ese uno de los déficit actuales de la calidad institucional.

Esto ha generado cierta censura estructural, la que ha restringido la calidad de su periodismo. La televisión ofrecía un entretenimiento con muchas luces y un periodismo con bastantes sombras. Pero, en la medida en que las democracias latinoamericanas van madurando, el periodismo televisivo se va liberando.

En Venezuela, la tendencia es la inversa. La decisión del presidente Chávez de silenciar RCTV elimina una de las voces más potentes de la sociedad civil. Esa era la voz que él mismo había elegido para darse a conocer a la sociedad. El día de ese intento de golpe de Estado, un grupo de alzados chavistas fue a RCTV, según lo planeado, a intentar emitir desde allí su proclama, pero el video no resultó compatible, ya no con la democracia, sino con la norma técnica que usaba ese canal.

El otro gran canal privado nacional, Venevisión, del grupo Cisneros, ha adoptado en el último tiempo una actitud menos frontal, levantando programas críticos, por lo que el gobierno también redujo su belicosidad contra él, y ya no es considerado “un canal golpista”. El gran canal privado crítico que permanece, Globovisión, es de cable, y por lo tanto su alcance social es bastante menor.

El gobierno dijo que en lugar de RCTV habrá un nuevo canal público de calidad. Hasta ahora, el principal canal oficial ha sido una muestra de canal “gobernero” como es posible que no haya otro ejemplo en la región, excepto en Cuba. Busque usted en youtube.com imágenes del programa La Hojilla y tendrá un ejemplo del uso del horario principal del canal estatal en la Venezuela bolivariana.

Chávez tuvo contrarrevolucionarios antes que revolucionarios. La inicial creación de un discurso revolucionario tuvo como principal efecto la construcción del enemigo. Recién después vendría la construcción de la fuerza propia. Fue, entonces, la fuerza de su enemigo la que construyó su actual bloque de apoyo. Eso es lo que hace que insista tanto, en lo nacional como en lo internacional, con polarizar. Es su palanca de acumulación política.

Lo mismo le ocurrió a Perón. La fuerza popular que tuvo el 17 de octubre de 1945 no puede separarse del impacto que produjo la masiva Marcha de la Constitución y la Libertad, organizada por el antiperonismo, el 19 de septiembre de ese año, o la manifestación en la plaza San Martín cinco días antes del ahora llamado Día de la Lealtad.

Pero la historia es maestra de los que quieren escucharla. Cuando estatizaron los canales privados argentinos, en 1974, Perón se había negado a firmar el decreto, lo que sólo pudo hacerse después de su muerte.

Por eso, si existiera un diálogo imaginario entre Perón y Chávez, es seguro que el viejo zorro le aconsejaría no cerrar el canal RCTV. Nadie ganó con la mordaza contra el antiperonismo, o contra el peronismo.

“A mi Argentina le costó muchos muertos y mucha pobreza aprender esa lección. Aprendimos que la paz y el progreso social necesitan que todos hablen en la conversación pública. Tu Venezuela no lo merece”, diría Perón.

Pero el anciano general terminaría por convencerse de que Chávez no le haría ningún caso. El ex paracaidista parece escucharse sólo a sí mismo.

El autor es profesor de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral.