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¿Qué siginifica deducir?

Diario El Universal 03/03/08

Por: Emeterio Gómez

Buena parte de lo fascinante de la vida deriva de la imposibilidad de prever –o de atisbar siquiera– lo que ella puede depararnos. Es el famoso “sorpresas te da la vida” de la sabiduría y la música popular. Cuando menos te lo esperas aparece la pequeña circunstancia que lo cambia todo. Ese ínfimo detalle, absolutamente imprevisible o impensable: porque no se puede derivar a partir de nada, porque “la vida” es una realidad absolutamente existencial o inédita, que no se deduce de ninguna parte. Porque a ella es imposible ¡¡“ponerle premisas”!! Reflexión ésta derivada de una increíble sorpresa que acabo de vivir y que quisiera compartir con el lector.

Tengo una cuñada a la que quiero profundamente y a quien tengo mucho qué agradecerle. Una gran ternura influida, sin duda, por las vidas increíblemente paralelas que hemos llevado. De origen muy humilde ambos; de dos pueblos petroleros casi gemelos: Cabimas y El Tigre. Idos los dos a estudiar a Caracas “con las uñas”, cuando hacerlo era una proeza. Cuando la foto final en el Aula Magna con los seres queridos venidos del interior era la gran ilusión. Con dos carreras cada quien: psicología y derecho ella, economía y filosofía yo. Pero el clímax del paralelismo era ¡¡la obligatoriedad de ayudar al hermano o hermana menor, para que viniesen a Caracas a estudiar!! Y otra vez –“con las uñas” y a punta de cariño– la eterna foto del Aula Magna.

Sorpresas te da la vida: por 23 años, desde que apareció mi columna, quise pedirle que me leyera. ¿Por qué no lo hace? Sin duda por lo ilegibles que son mis artículos. Todo el mundo exige que escriba más claro; y yo me fui resignando a que ella no me leyera. La semana pasada escribí mi texto más enrevesado de esos 23 años. Yo mismo, a duras penas, logré entenderlo. El domingo muy temprano –y sin preámbulos– me llama mi cuñada y casi me infarta: “¿En que cuerpo de El Universal es que sale tu artículo?”. No lo irás a leer, verdad. “Claro que lo voy a leer, y todos los domingos a partir de ahora, ¡¡qué te pasa!!”.

Okey, intentaré escribir más claro, lo juro por los 35 años de cariño que te tengo. Una clave para entrarle a la Filosofía Occidental y para entender su radical fracaso –¡¡porque de eso se trata!!– es precisar qué entendemos por deducir; o sea: qué significa razonar? Porque en el plano de la vida y, más aún, en el del espíritu –el que realmente cuenta– es imposible deducir o razonar nada. Ese es el primer paso para entender cómo es que la Filosofía nos distorsionó la manera de pensar. ¡¡Porque, sin duda, el pensamiento racional es una estafa!! Y de ella deriva un conjunto de aberraciones, tales como ésta: “es que yo tengo mis propias razones”, ¡como si éstas pudieran ser individuales! Y una más: “no podemos entendernos porque tu tienes tu manera de razonar y yo la mía”. ¡¡Como si existiesen dos maneras distintas de razonar!!

Pero lo esencial querida cuñada es que cuando uno descubre la estafa, cuando se da cuenta de que desde la razón es imposible pensar la moral, el alma o lo humano; cuando descubres que aquélla sólo se aplica a las mesas, las piedras y los páncreas; cuando te topas de frente con la precariedad del logos griego, un horizonte maravilloso se abre ante ti. Porque intuyes que sólo desde “otra manera de pensar” es posible acceder a lo verdaderamente humano; barruntas que si reaprendiéramos a pensar, podríamos desarrollar el espíritu con una fuerza inusitada, podríamos acceder a ese amor al prójimo que Jesucristo predicó. Intentémoslo juntos. Te quiero mucho.

emeteriog@cantv.net