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Ratzinger y los estudiantes. Isabel Pereira

Los estudiantes venezolanos, iluminados por el sacrificio de Ratzinger, luchan valientemente.

 El filósofo italiano Giorgio Agamben publicó un importante texto, El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos. En él aborda el tema del Gran Rechazo, la renuncia de Joseph Ratzinger al papado, decisión que juzga trascendental, porque “reclama con fuerza nuestra atención sobre la distinción entre dos principios esenciales de nuestra tradición ético-política, de los que nuestras sociedades parecen haber perdido toda conciencia: la legitimidad y la legalidad. Si la crisis que nuestra sociedad está atravesando es tan profunda y grave, es porque no cuestiona solamente la legalidad de las instituciones, sino también su legitimidad. No cuestiona solamente, como se repite a menudo, las reglas y la modalidad del ejercicio del poder, sino el principio mismo que lo fundamenta y lo legitima”.

Ratzinger debe de haber sentido la imperiosa necesidad de reforzar la legitimidad de su iglesia, sus fines, el oriente y dimensión de su poder espiritual. “Entendamos la legitimidad y la legalidad como dos partes de una única máquina política, que no sólo no deben ser sobrepuestas una sobre otra, aunque deban siempre conservarse en un modo operante para que la máquina pueda funcionar”.

No basta la legalidad que otorga el nacimiento electoral para que una institución sea legítima, es necesario que su accionar refleje los fines para lo cual fue concebida. Se trata de superponer el principio de legalidad como emanación del poder de la institución sobre el de legitimidad, que no es otra cosa que los fines últimos de la institución. Lo sustancial es si la institución marcha hacia sus fines legítimos o se aparta de ellos.

Los estudiantes en Venezuela asumen el profundo sentido de la renuncia de Ratzinger. Saben que el Gobierno de su sociedad no es legítimo, que el futuro se cierra como una ostra, aniquilando sus sueños, esperanzas y anhelos de construir sus proyectos de vida. Frente a esta situación, los gobiernos latinoamericanos se han refugiado en el argumento de la legalidad del Gobierno, como declara Michelle Bachelet: “Nadie, ni persona ni país, tiene derecho a derrocar por la vía violenta a un mandatario legítimamente electo”.

Esta declaración resume la visión desaprensiva y antihumanitaria sobre la realidad de un pueblo y los fines de su Gobierno. La chilena privilegia, valora, el momento electoral como superior jerárquicamente a la legitimidad que otorga el que la institución cumpla los fines que justifican su existencia.

Nuestra Constitución plantea en el artículo 2º: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia… “; postulado opuesto al del Plan de la Patria que asume como gran finalidad, en su lineamiento segundo, “Continuar construyendo el Socialismo Bolivariano del siglo XXI en Venezuela, como alternativa al modelo salvaje del capitalismo”.

Los estudiantes venezolanos se apropian del mismo conflicto que movió a Ratzinger: enfrentar un gobierno ilegítimo, separado de los fines pactados socialmente: construir una democracia y garantizar la pluralidad política. Saben, y con ello toda la oposición, que las instituciones ya no son democráticas y, por tanto, son definitivamente ilegítimas.

El Gobierno venezolano, elegido para consolidar una democracia fundada en derechos humanos, ética y pluralismo político, optó por un objetivo contrario: imponer el socialismo del siglo XXI, cuyo eje no es el pluralismo político, sino su opuesto, la lucha de clases, como muestra la experiencia histórica en el mundo entero. Si el fin del Gobierno es contrario a lo pactado en la Carta Magna, las instituciones pierden su legitimidad; su accionar contradice los valores superiores del ordenamiento jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad y la solidaridad.

El gobierno no es legítimo aunque tenga un origen electoral, lo cual le confiere una discutible y limitada legalidad que es aniquilada por la pretensión de suplantar la democracia por el socialismo, un régimen colectivista ajeno a nuestra Constitución y del cual solo existen lamentables experiencias históricas en la humanidad

Los estudiantes venezolanos, iluminados por el sacrificio de Ratzinger, luchan valientemente contra la ilegitimidad de un gobierno ficticiamente legal. La búsqueda de legitimidad reclama de inmediato el abandono del comunismo y el rechazo a la intervención cubana. Los jóvenes de nuestro país están plenamente conscientes de que es el único principio del camino para tener futuro y vivir en libertad. 

ISABEL PEREIRA | EL UNIVERSAL
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