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Raúl II: feliz reelección. Maria Teresa Romero

La transición política en Cuba y Venezuela le han salido, hasta ahora, como estaba previsto.

Raúl Castro recibió la consabida reelección como Presidente del Consejo de Estado cubano con sonrisas y de buen humor. Días antes, hasta se dio el lujo de bromear hablando de la posibilidad de su retiro del poder.

Cómo no estar feliz si tanto la transición política en Cuba como en Venezuela le han salido, hasta ahora, como estaba previsto. Nada de lo que los agoreros analistas propios y ajenos predijeron en el 2008, cuando su hermano le pasó la batuta, sucedió. Todo lo contrario, su liderazgo y control se fortalecieron interna y externamente. Para su primer período presidencial logró mantener al régimen castrista casi incólume, con reformas económicas mínimas, más cosméticas que reales, y con los disidentes a raya, reprimiéndolos a gusto. Incluso se sacó de encima, en una maniobra casi perfecta, al principal líder opositor Oswaldo Payá.

A la par, le sacó todo el provecho económico posible a la siempre deseada y rica Venezuela, la misma que en 1959 le negó el crudo que quería, y afianzó la tutela política sobre el chavismo, hechos enteramente visibles con la enfermedad de Chávez y durante esta transición venezolana en la que es probable, como bien ha señalado el exguerrillero salvadoreño, Joaquín Villalobos, que sobreviva un chavismo sin Chávez.

Y todo ello, además, sin que EEUU y la comunidad democrática internacional dijeran mucho. Apenas los tímidos cuestionamientos retóricos de siempre. Por su parte, los latinoamericanos -apuntalados por Hugo Chávez, el gran destructor de la democracia venezolana- no sólo no dijeron ni pío al respecto, sino que le dieron a Cuba una influencia y una vocería impensada al lograr que la Celac le aprobara, por unanimidad, la segunda presidencia pro tempore de la organización, y que los miembros de la OEA, también por unanimidad, le levantaran la suspensión que tenía en el ente desde 1962; cese aquél auspiciado (qué casualidad) por otro venezolano, nuestro gran constructor del proyecto democrático y civilista del siglo XX, Rómulo Betancourt. Así empieza Raúl II.

EL UNIVERSAL.

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