Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Recomendaciones Randianas. Victor Maldonado

El objetivismo fue presentado al mundo a través de novelas, relatos y ensayos que todavía hoy sorprenden y dejan lecciones irrebatibles.

Ayn Rand fue una novelista y filósofa extraordinaria. Alisa Zinóvievna Rosenbaum nació en San Petersburgo y murió en Nueva York. Se cambió el nombre para proteger a su familia de la persecución stalinista que podían generar sus ideas. Su propuesta, el objetivismo, fue presentado al mundo a través de novelas, relatos y ensayos que todavía hoy sorprenden y dejan lecciones irrebatibles. Su propósito fue que se reconociera la supremacía de la razón y se aplicara de manera consistente. En eso consiste la tarea del nuevo intelectual y del gerente, y si ella hubiese podido organizar un decálogo para el ejercicio sistemático de la razón, tal vez este sería su resultado:

1. Nunca evadas la realidad. No tiene sentido negar los problemas. Nunca te confíes a la suerte. Reconoce la situación, revisa sus premisas, descubre sus activos ocultos y comienza a reedificar.

2. En tiempos de dificultades, cuando estas al final de los propios recursos, no caigas en la incertidumbre militante, el cinismo autocomplaciente, el agnosticismo dogmático, la autodegradación arrogante y la depravación santurrona. No participes de una atmósfera de culpa, pánico, desesperanza, hastío y evasión. Un gerente sano, cuando tiene que enfrentar problemas, aglutina sus valores, su autoestima y su espíritu de lucha para defender sus ideales y conseguir soluciones.

3. El éxito depende del trabajo racional, del apego a la realidad, y del ejercicio pleno de la libertad. Un buen gerente es un intelectual bien informado, copartícipe del mercado abierto de las ideas, capaz de innovar y dispuesto a vencer los obstáculos que se le presenten.

4. El pensamiento y la acción no están separados. Las ideas divorciadas de la acción consiguiente son fraudulentas. La acción divorciada de las ideas es suicida.

5. Aprende a usar tu mente. Las emociones no son buenas herramientas de conocimiento. Desde las emociones no se pueden tomar decisiones. Hay que saber qué es lo que uno sabe y distinguirlo de lo que uno siente. El propio juicio es diferente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos.

6. Nunca negocies desde las pasiones. Ninguna discusión, cooperación, acuerdo o comprensión es posible entre hombres que sustituyen la prueba por los emociones.

7. Es inaceptable el derecho a exigir un acuerdo bajo la amenaza, la extorsión o el chantaje. El mundo de la razón es el espacio de la persuasión racional, de la coexistencia no sacrificada, no compulsiva y de la cooperación entre los hombres. Cuando la fuerza física es el árbitro máximo, los hombres son impulsados a confabularse, maquinar y conspirar unos contra otros, a destruir en vez de ser destruidos; En este plano, los mejores perecen.

8. En las relaciones adecuadas no hay sacrificio de nadie hacia nadie. Nadie es el medio para lograr el fin de otros. Nadie puede ser el instrumento de nadie. Nadie debe ser el servidor de las necesidades de otros. Las relaciones entre la gente deben garantizar la mutua dignidad, el ejercicio pleno de la libertad y el derecho inalienable a crear con automotivación, autosuficiencia y autoinspiración. Concentra tu interés en conquistar a la naturaleza y no en conquistar a los hombres.

9. El talento y el valor de una persona está relacionado con su independencia, iniciativa y el compromiso con su trabajo. Lo que vale es lo que el hombre es y hace de sí mismo. No hay sustitutos para la dignidad personal. La felicidad es el estado exitoso de la vida. El ser humano es un fin en sí mismo, existe para sí mismo, y el logro de su propia felicidad es su más alto propósito moral.

Ayn Rand siempre tuvo como mejor arquetipo del hombre libre al comerciante. “Un comerciante es alguien que gana lo que obtiene y no da ni toma lo no merecido. Un comerciante no pretende que se le pague por sus fracasos, ni que se lo ame por sus defectos. Un comerciante no despilfarra su cuerpo como si fuera forraje, ni su espíritu como si fuera limosna. Así como no entrega su trabajo excepto a cambio de valores materiales, tampoco entrega los valores de su espíritu -su amor, su amistad, su estima- como no sea en pago por virtudes humanas, en pago por su propio placer egoísta, que él recibe de hombres a los que puede respetar”. Con Rand toda relación es entre iguales.

VICTOR MALDONADO | EL MUNDO