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Reformas económicas

Hay que desmontar el entramado en aras de recuperar la estructura productiva del país…

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL

domingo 6 de mayo de 2012 12:00 AM

Durante los últimos 13 y pico de años del autollamado gobierno revolucionario se ha creado un entramado de normas y prácticas institucionales orientadas a dar potestades absolutas en materia económica al Estado. Y más que al Estado, al Gobierno. Y más que al Gobierno, al jefe del Ejecutivo Nacional. Este entramado tiene que ser desmontado en aras del crecimiento y recuperación de la estructura productiva del país bajo el nuevo gobierno que asumirá las riendas en 2013, elecciones mediante.

Para una nación con larga tradición estatista avanzar con estos cambios no va a ser nada fácil. Superar esa tradición se ha tornado más complicado luego de años de propaganda socialista y presidencialista permanente desde los medios oficiales y otros que de diversas maneras (legales, financieras o de hecho) han sido forzados desde el poder a transmitir mensajes similares. A mucha gente, de todo nivel, le agrada resolver “su” problema a través de gracias del gobierno, sea una lavadora, un sueldo o un contrato. Y sin un vector político que impulse estos cambios, Venezuela seguirá una ruta mediocre de altibajos, sujeta a las oscilaciones en el mercado petrolero mundial y a las preferencias, con frecuencia poco sólidas, de muchos de sus dirigentes.

La reforma económica necesaria involucra muchos temas distintos, aunque interconectados. Por ello conviene que sea omnicomprensiva y delineada con una secuencia racional y autorreforzante. De estos temas me permito resaltar unos pocos, que son pivotales. Incluidos allí están las leyes sobre presupuesto, deuda y hacienda pública, el Banco Central, la industria petrolera y la legislación laboral, entre otros.

La idea central de un cambio en el presupuesto fiscal, entendido en sentido amplio, es implantar un control democrático sobre el mismo para sujetar el gasto, modernizar los tributos y limitar la deuda.

Incorporado a este aspecto está obviamente el control de gestión y eficacia de las erogaciones presupuestarias y su priorización de acuerdo a una escala democráticamente definida de necesidades, compatibilizadas de acuerdo a las disponibilidades de recursos.

Respecto al Banco Central se trata de garantizarle autonomía frente al manejo de las finanzas públicas y resguardar su patrimonio, que es la base sobre la cual se funda la estabilidad del valor interno y externo de la moneda nacional. La industria petrolera debe dejar de ser una especie de conglomerado que se ocupa con creciente ineficiencia de asuntos que van desde la producción de alimentos hasta el financiamiento a importadores de todo tipo, pasando por supuesto por exploración, producción, transformación y refinación de hidrocarburos, tareas que le son propias y en las cuales viene perdiendo importancia en lo interno y lo externo.

De la legislación laboral y social habrá que cambiar algunos aspectos importantes, pero sobre todo los que privilegian a los ya ocupados sobre los que buscan empleo y al Estado como perceptor de contribuciones por encima del trabajador como receptor de servicios sociales, así como los temas relativos a formación, capacitación y recreación de los trabajadores.

Son reformas que han debido hacerse hace 20 o más años. Los cambios “revolucionarios” van en sentido contrario. Las fuerzas democráticos deben comprometerse con ellas.

dfontiveros@cantv.com