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Regulación y mercantilismo

Publicado Diario El Universal 20/08/07
Por: Enrique R. González Porras

Se pierde la oportunidad que implica incentivar la producción nacional

No se avizora solución sostenible y responsable en el caso de los episodios de desabastecimiento e inflación en Venezuela. Las huidas hacia delante, culpando al sector privado de los efectos perniciosos de numerosas regulaciones innecesarias, draconianas y exageradamente punitivas, ha sido la norma de la política económica del Gobierno actual. El prejuicio dogmático y fundamentalista en contra de la iniciativa privada, la libertad económica, el mercado, la competencia y la empresa privada, como mecanismos e instrumentos necesarios para que existan los suficientes incentivos a la producción y a la entrada e instalación de empresas productoras, sirven de fundamento a la desatinada articulación de políticas económicas y públicas.

El desequilibro existente entre la demanda y la producción interna, no se explica únicamente por el boom petrolero y el exceso de gasto público corriente. De igual manera, las constantes amenazas y restricciones impuestas sobre la iniciativa privada y la actividad económica privada, han constreñido cualquier posibilidad de que este sector colabore a favor de la tan necesaria adecuación entre oferta y demanda.

Una combinación de controles de precios sobre sectores potencialmente competitivos y mecanismos de enforcement como la Ley contra el Acaparamiento, sirven de desincentivos en contra de los agentes económicos privados que tienden por naturaleza a producir. Así las cosas, los empresarios y emprendedores se lo pensarán dos veces antes de entrar a los mercados o a la hora de ampliar su capacidad productiva y de oferta. ¿Cómo va a percibir rentable y seguro un empresario nacional aumentar su capacidad instalada si tenemos al menos medio año oyendo que se considera sacrilegio poseer capacidad ociosa, y se habla de manipulación de los medios de producción, acaparamiento, desabastecimiento y especulación?

Más grave aun, en la nueva Ley contra el Acaparamiento no se caracteriza ni define suficientemente cómo se perfecciona tal tipo de prácticas. Sin embargo, en ese instrumento regulatorio sí se le otorga a los Consejos Comunales el poder de intervenir y tomar los inventarios o las empresas (¿sin previo procedimiento regulatorio ni experticia para hacerlo?).

Por ello, la exhortación que hiciera el ministro Giordani hace varios meses para que los empresarios venezolanos aumentaran su producción, resulta en vano.

Si eventualmente se expande la capacidad productiva ante el boom de demanda, para luego correr el riesgo de ser sancionado e inculpado de manipulador de los medios de producción en el período de caída del mismo, poco incentivarán esas palabras ante normas tan descabelladas y ante regulaciones de precios en una economía inflacionaria. Así, vemos cómo se ha ido construyendo un entramado legal y regulatorio que se traduce en tremendos desincentivos a la actividad económica y la producción.

Para cubrir la demanda la respuesta que encuentra el Gobierno es autorizar cuanta importación sea posible. Una vez que resulta fácil ver la paja en el ojo ajeno y no la cabilla en el propio, no puede sino culparse de la situación de desequilibrios en el mercado a los empresarios venezolanos. No importa que las distorsiones sean producto directo de sucesivas regulaciones innecesarias y dañinas a la economía y a la sociedad.

El negocio en Venezuela resulta de intermediar: procurar que parte del efecto derrame de los petrodólares pase por nuestros bolsillos, sin que ello demande esfuerzos de innovación, asumir riesgos de instalación y entrada, de producción, pagar nóminas, aporte al fisco, etc.

Aun cuando los clichés existen de bando y bando, y seguramente los involucrados dirán que resulta reflejo del riesgo país, invitamos al lector a que revise la etiqueta de precios de los productos importados, las cuales se encuentran denominadas en varias monedas (bolívares, dólares y euros). Calcule el tipo de cambio implícito y se dará cuenta de que en Venezuela sí existe un “frenesí” por sacar rentas del consumismo desenfrenado ante el control de cambio, las tasas reales negativas y el auge petrolero.

Mientras lo anterior ocurre, se pierde la oportunidad que implica incentivar la producción nacional. La actividad económica y productiva doméstica. En su lugar, se fortalece al Estado empresario y regulatorio, con lo que se pierde la posibilidad de contar con la alineación de los intereses privados y los públicos por medio de la producción, la actividad económica privada y la eficiencia productiva.

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