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Remezón ministerial: segundo tiempo político. Marcela Prieto

Una mirada lúcida al ajedrez detrás de la reelección, a los siete retos que afronta Santos I y al reto que tendría Santos II. Encuestas, apoyos, opositores, jugadores emergentes y cálculos electorales alrededor y más allá del nuevo gabinete.
Marcela Prieto *

Las razones del primer candidato–presidente
Tras el anuncio de un cambio de gabinete por parte del presidente Santos parecen estar jugando razones muy distintas:
-Por una parte factores coyunturales, como las encuestas de opinión, o el deseo de mantener el control sobre la agenda mediática.
-De otra parte entrarían los cálculos políticos de mediano o aún de largo plazo, como decir la reelección del propio Santos, el mejorar la representación de las regiones en el ejecutivo, el corregir ineficiencias y faltas de ejecución, o el redefinir la agenda ante un escenario pre–electoral donde se dan reacomodos y aparecen nuevos actores.
Antes de analizar esas razones, comienzo por una verdad de Perogrullo: por primera vez tendremos un candidato–presidente de veras.
La discutida reforma constitucional dio vía libre a la reelección inmediata, beneficiando en primera instancia a su promotor, Álvaro Uribe. Pero Santos es quien por primera vez debe articular una estrategia de gobierno lo suficientemente convincente como para movilizar una vez más al electorado, lo cual supone conservar intactas a las fuerzas que lo acompañan en la coalición de Unidad Nacional…y sobre todo tenerlas contentas.
Tarea difícil, teniendo en cuenta que se avecinan las elecciones parlamentarias, que están apareciendo nuevos actores y que ya se vislumbran reacomodos en este nuevo canapé republicano, escenario que sin duda traerá interesantes movidas en el ajedrez político.

Las encuestas
En política, lo único real es la percepción. En ambientes académicos se podrá explicar por qué se dan ciertos fenómenos, pero si el ciudadano del común percibe algo, esta percepción se convierte rápidamente en una realidad y el gobierno no puede pasarla por alto.
Los resultados en las encuestas de opinión son preocupantes para el presidente y para su gobierno. Es natural prender las alarmas ante evidencias tan negativas como un 48 por ciento de imagen desfavorable frente a un 47 por ciento favorable. Así mismo, Santos se enfrenta a una situación donde:
• el 54 por ciento de los encuestados se encuentra insatisfecho con su gestión;
• el 68 por ciento considera que las cosas van por mal camino;
• la percepción sobre si las promesas de gobierno se han cumplido ha venido descendiendo cada semestre, del 66 al 53 por ciento durante el primer año, y luego al 47 por ciento, para caer a un 39 por ciento en la última medición.
Pero el gobierno sabe que todavía tiene a su favor un respaldo del 47 por ciento. Una base sobre la cual aún se puede construir.
Los medios
Retomar el control sobre la agenda es la segunda motivación de Santos. El simple anuncio – con cierta dosis de suspenso- de un cambio en el gabinete puso inmediatamente a hablar a los medios, a hacer cábalas a los analistas y a interesar al ciudadano preocupado, logrando con ello que todos especulen y hagan cálculos de tipo político, electoral, sobre política pública e incluso de impacto económico.
El resultado esperado se logró: retomar el control sobre el debate público y la agenda política. El gobierno había registrado el hecho de que no era Santos sino otros quienes marcaban el paso, principalmente el expresidente Uribe: en su nuevo rol de opositor, venía jugando duro y manejando el debate nacional a su antojo con sus trinos.

Tres actores emergentes
En el horizonte de mediano plazo están las elecciones presidenciales de 2014 y el objetivo obvio es la reelección. Se necesita un gabinete que ayude a lograrla. Los criterios de selección de los nuevos ministros son una amalgama entre conocimiento técnico y experiencia administrativa en las áreas respectivas, representación política regional y representación política partidista.
Dejar a todo el mundo contento no será fácil. El presidente se verá obligado a asumir posiciones cada vez más claras y a apostar por aquellos aliados que le brinden mayores réditos políticos.
Nuevos actores van copando poco a poco el espectro:
• Mientras el Polo Democrático Alternativo se hunde en un proceso de división y decadencia, desde la izquierda ha surgido la Marcha Patriótica, un movimiento que busca aglutinar a todas las fuerzas de ese lado del espectro, con una clara vocación presidencial.

• También ha surgido desde el centro–izquierda un incipiente, pero representativo grupo de políticos, intelectuales y formadores de opinión llamado Pido la Palabra. Si bien aún está lejos de tener un candidato que pueda constituirse en alternativa creíble frente a Santos — puesto que, hasta cierto punto, aspira a ocupar el mismo espacio en el espectro político — sí ha logrado abrirse campo para la discusión de políticas públicas y de crítica constructiva a la actual administración.

• De igual manera se presentó en sociedad el movimiento Puro Centro Democrático con una visión de país enmarcada dentro de una línea de pensamiento que podría definirse como uribista pura, ubicada a la extrema derecha del espectro.

Los retos de Santos I
Frente a este nuevo paisaje político, el presidente Santos tiene que calcular muy bien sus próximos movimientos, de tal manera que pueda neutralizar el surgimiento de un rival potencial. Para ello no debe perder el foco.

-Lo primero debería ser mitigar en lo posible el riesgo de desavenencias con el expresidente Uribe, pues su objetivo estratégico debería ser evitar la división entre los votantes de centro–derecha.
-También deberá frenar las divisiones que poco a poco se han ido gestando dentro de las fuerzas que conforman la Unidad Nacional, principalmente dentro del Partido de la U y el Partido Conservador. El Partido Liberal, Cambio Radical y lo que queda del Partido Verde, al parecer, seguirán con él.

De otra manera pueden crecer las posibilidades de que se instale como rival creíble alguien con otra posición ideológica, como pasó en Bogotá en las últimas elecciones para la alcaidía.
-Otro frente que intenta atender el Presidente es el de disipar la sensación de seria debilidad en capacidad de ejecutar sus propias políticas. Si aspira a consolidarse como la mejor opción para el periodo 2014–2018 es fundamental que empiecen a verse resultados en materia de construcción de vías, mejoramiento del servicio de salud, en educación y en vivienda, para solo mencionar los sectores más críticos.
-Pero lo verdaderamente urgente es mostrar que el equipo de gobierno tiene una visión de país bien definida. Los colombianos no tienen claro cuál es la prosperidad para todos que visualiza Santos en el presente y en el futuro del país ni en qué consiste su tercera vía en clave colombiana.
De manera metafórica se habló de las cinco locomotoras para impulsar el desarrollo y la prosperidad, pero el crecimiento no ha sido equilibrado: el sector minero–energético se ha disparado como cohete, el comercio y los servicios crecieron por cuenta de la expansión del crédito de consumo, que fue necesario frenar, y en cambio la agricultura y la industria han sufrido un severo estancamiento, mientras la locomotora de la innovación es casi inexistente. La inversión en innovación debe ser el legado de la bonanza que estamos viviendo: la bonanza es pasajera por definición y ya parece tocar a su fin, pero la inversión en capital humano tendría efectos permanentes.
-La búsqueda de la paz con los grupos insurgentes para Santos es un elemento central de la nueva agenda, no solo por ser un objetivo loable en sí mismo, sino porque electoralmente puede ser muy efectivo si sale bien …y muy riesgoso si no se cumplen las expectativas.
Con un gabinete menos tecnocrático y más político, Santos asumirá el costo de no dejar contento a todo el mundo, pero elevará las probabilidades de que su apuesta por la paz sea ganadora.
En tal sentido, no sería una gran sorpresa si entran a ocupar posiciones en el alto gobierno políticos con experiencia en el tema, para que se constituyan en pieza clave de una posible negociación con la guerrilla. Personalidades como Horacio Serpa en el Ministerio del Interior y Luis Eduardo Garzón como Consejero de Paz tendrían un perfil que se ajusta a esta tarea.

-Santos tiene que mejorar su comunicación con la gente. Y no se trata solo de un tema de manejo de medios: tiene que utilizar muchos idiomas, pero solo uno es mediático. A algunos debe dirigirse en un lenguaje político, para lo cual tiene que modificar el tono tecnocrático que hoy prevalece en el Alto Gobierno y lograr interactuar más eficazmente con la gente de las regiones, comenzando por los liderazgos políticos regionales.

-También tiene que comunicarse mejor con las víctimas: no solo evocar la violencia, sino reconocer el abandono del Estado. La manera más elocuente de hacerlo es con ejecutorias. No basta con garantizar la seguridad, que dicho sea de paso, de todas maneras es la obligación fundamental de un Estado de derecho. Se trata de suministrar bienes públicos, de procurar oportunidades efectivas de trabajo, de asegurar una buena educación y de brindar seguridad jurídica.

El reto de Santos II
En caso de lograr la reelección, la agenda del próximo gobierno debería incluir temas que la actual administración dejó escapar: una verdadera reforma a la justicia, para que por fin les llegue a los ciudadanos; crear incentivos para la inversión productiva, pero con visión estratégica y competitiva hacia una sociedad del conocimiento, y una auténtica política de lucha contra la corrupción, fortaleciendo los organismos de control.

Tal vez, Juan Manuel Santos todavía tenga posibilidades de pasar a la Historia…