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Réquiem para la Economía de Mercado

Publicado con autorizaciópn del autor.

Por: Víctor Maldonado C.
e-mail: victormaldonadoc@gmail.com

Charles Lindblom, Profesor Emeritus de Economía y de Ciencia Política de la Universidad de Yale, define a la Economía de Mercado como un sistema de coordinación de las actividades humanas a escala de toda una sociedad, que procede por la vía de las interacciones humanas en forma de transacciones y no mediante un sistema de órdenes centralizado. Para el eminente científico social, autor del libro “El Sistema de Mercado” publicado en Alianza Ensayo, habría por lo menos cinco tipos de mercados para que funcione adecuadamente una sociedad: Los mercados de trabajo, los mercados agrícolas, los de bienes y servicios que consume la gente, los bienes y servicios que consumen las empresas y las industrias, y finalmente, los mercados de capital. La confluencia de todos estos mercados, manejados a través del intercambio entre la oferta y la demanda provoca efectos armoniosos en la sociedad, sin que por ello el gobierno tenga que estar preocupado por el tinte que usa doña Josefa, o el colchón que necesita don Benito.

Pero para que ocurran los mercados, tiene que darse una condición indispensable: Que existan todas las garantías para que las personas puedan dedicarse libremente a la actividad económica de su preferencia, y que esta iniciativa pueda ser expresada a través de iniciativas de propiedad privada, debidamente promovidas y garantizadas por el Estado, a través de la vigencia del derecho y de la justicia. Eso es precisamente lo que todavía garantiza el Artículo 112 de la Constitución Vigente en la República Bolivariana de Venezuela.

Desafortunadamente, el reconocimiento al derecho que tienen todos los venezolanos a la autorrealización personal a través del desempeño de una tarea, profesión o actividad, y la promoción de la iniciativa privada han sido eliminadas en la propuesta de Reforma Constitucional, y sustituidas por una redacción en la que el Estado se compromete a promover el desarrollo de “un modelo económico, productivo, intermedio, diversificado e independiente…”. Lo cierto es que en las 123 palabras que componen la redacción propuesta no hay ninguna frase que nos haga suponer que de aprobarse siga vigente el compromiso del Estado Venezolano con la libre iniciativa de las personas, y sí muy claramente, la insurgencia de un nuevo énfasis político: la Economía Socialista, que como todos sabemos, concentra todo el poder de disposición en el gobierno, y por lo tanto no necesita de los particulares para llevar adelante el proyecto nacional.

El gobierno del presidente Chávez está apostando a una economía socialista en donde todo dependa del Estado. El problema con esta forma de hacer economía es que nadie queda conforme, porque hasta la fecha no hay tecnología disponible para garantizar la satisfacción de 25 millones de personas, si un solo centro de gobierno tiene que decidirlo todo. Por eso es que la historia consigna el derrumbe de la URRSS, las hambrunas de Corea del Norte, la patética pobreza de los cubanos, y el desvío hacia el capitalismo de China Continental. La opción de la planificación socialista siempre se debate entre los proyectos irrealizables y las excusas más extravagantes por no haber alcanzado las metas. Por eso este es el precio de la igualdad socialista: la miseria y la opresión generalizadas.

¿Desde abajo?

Cuando se decida la opción de la economía planificada, también la política se intentará regir desde el gobierno nacional, por lo que la participación y el protagonismo del pueblo siempre estará muy amenazada por la infeliz circunstancia de que los gobiernos socialistas te dan con una mano lo que con la otra te quitan. Cuando no haya empresa privada, todos dependeremos de las buenas relaciones que tengamos con el burócrata y con el partido. Esto lo saben mejor los que han intentado ser protagonistas del cambio revolucionario: que todo es posible dentro de la revolución, pero que nada es permitido fuera de ella. El problema con esta consigna, al igual que la que grita “patria, socialismo o muerte” es que quien define y quien toma las decisiones no es el pueblo. Baste simplemente el ejemplo de la reforma constitucional que hoy se discute, entregada y promovida por el presidente de la República, hasta hace muy poco, confidencial y secreta. ¿A quienes consultaron? ¿A quienes preguntaron sobre el enfoque socialista de la nueva constitución? ¿Cuándo el pueblo tuvo su momento participativo y protagónico? ¿Se les pregunto a los caraqueños si ahora querían llamarse “Guaraira Repaneros”? Por eso, como obras son amores, y no buenas razones, como reza el refrán, caben muy pocas esperanzas de mayor protagonismo popular, porque el protagonismo del pueblo, el que vale la pena, es a través del libre emprendimiento y el esfuerzo que todos hacemos por llegar a realizarnos plenamente. Y por lo que se ve, la posibilidad de ser alguien, de tener un negocio, de tener propiedad sin injerencias, ahora no va a ser posible en Venezuela.

¿Sabía Usted que?

  • La palabra socialista se repite nueve veces en el proyecto de reforma constitucional, y afecta la redacción de ocho artículos de la referida propuesta.
  • Si la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela prescinde de la redacción vigente del Art. 112, transforma a todos los ciudadanos en sujetos expropiables y dejados al libre arbitrio de la potestad del gobierno.
  • El Art. 156, numeral 34 le permite al gobierno transferir a formas de propiedad social, colectiva o mixta aquellos ramos de la economía nacional que así considere, aun aquellos que estén en manos de los privados.