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Revolución sin Cardenal

11/07/2010

Si cada ser humano actúa dentro de los 10 Mandamientos, no habría pobreza, guerras…

Por: Alejandro J. Sucre

El cardenal Urosa ha manifestado la incompatibilidad de la Doctrina Social de la Iglesia Católica con el Marxismo. Para la Iglesia cada ser humano tiene una vocación específica. Esto es cada persona nace por decisión de su Creador para cumplir tareas específicas. El mundo ha sido creado por Dios parcialmente, y cada hombre debe contribuir con su trabajo a completarlo. Los arquitectos, los médicos, los obreros, los enfermeros, los ingenieros en todas las diversidades de la disciplina, los políticos, los administradores, los artistas, los músicos, entre otros, proveen el mundo de cierta riqueza que al mezclarlas con la naturaleza generan una sublime belleza. De acuerdo a la Doctrina Social de la Iglesia Católica, si cada ser humano actúa dentro de los parámetros que establecen los 10 Mandamientos, en la humanidad no habría pobreza, ni guerras ni totalitarismos ni competencia, sino iniciativa y cooperación.

Esto es, para Dios cada uno tiene un papel y la gente no vive en una carrera de ratas (rat race) donde mientras uno gana el otro pierde. Todos pueden ganar a la vez. Si uno hace las cosas por dinero entra en un rat race. Si hace las cosas por servir y desarrollar su talento (sin flojera y sin vicios) y ayudar a otros a desarrollar el suyo nunca le faltarán los medios para vivir.

De esta manera, la Iglesia prevé que es totalmente compatible ver una sociedad en que cada uno progresa y lo que es bueno para una persona siempre es bueno para la sociedad en su conjunto. Pueden haber muchos proveedores de un bien o servicio, pero cada uno trae beneficios únicos que se diferencian del resto de los proveedores en la medida que cada persona desarrolle al máximo sus habilidades dentro de un trabajo que le agrada. No hay necesidad de competir. Y las diferencias de sueldos y de especialidades no son nada estáticas, ni molestosas. Es como en una obra de teatro, en la economía cada persona juega un papel. Los pleitos comienzan sólo si no se reconoce el talento y los derechos de los demás en un momento dado y si no se dan oportunidades mutuas de desarrollo para cada persona. Para desarrollar cada talento, cada persona requiere insumos diferentes y se requiere responsabilidad individual para no excederse, y ciertas leyes del Estado.

En el marxismo, los supuestos sobre lo que es la persona humana son diferentes a los del cristianismo. Los talentos de cada persona son antagónicos con los del resto de la sociedad, ya que unos tratan de quitar a otros. Cada persona no se valora por sus talentos ni por su bondad y tampoco acepta que unos individuos tengan necesidades distintas a otros, ya que los talentos son desechados por generar diferencias. Esto es la gente hay que regularla como al ganado, poniéndole un cerco para que no se coman unos a otros. Por eso tantas regulaciones, y controles de la persona en sociedad. Y las personas requieren de un líder que les arree para unificar necesidades y administra recursos existentes. Se olvidan los marxistas en incentivar productividad. El marxismo no tiene explicación para la innovación ni para la caridad. No hay un don divino en la persona humana. Comen de lo que hay y se lo reparten… no explican lo nuevo con el esfuerzo humano. No ven los vicios de los hombres individuales como parte de la explicación de la pobreza, sólo la opresión de otros. Es por esa diferencia de visión que el Cardenal reacciona.

alexsucre @hotmail.com

El Universal