Durante los días recientes, el régimen ha dado señales claras de cuál es el rumbo que está decidido a continuar transitando en el ámbito político: más amenazas y mayor represión contra los opositores, tal como en la Nicaragua de Daniel Ortega.
Herman Escarrá, a quien tenían bastante tiempo sin desempolvar, amenazó en una entrevista a María Corina Machado, sin mencionarla de forma explícita, con inhabilitarla por haber solicitado sanciones internacionales contra el Gobierno de Nicolás Maduro y manifestarse de acuerdo con los castigos cuando entraron en vigor. La intervención de Escarrá fue seguida por un acuerdo en el mismo sentido de la Asamblea Nacional oficialista electa en 2020. Más tarde Jorge Rodríguez, considerado el delfín de Maduro, remarcó que a quienes habían apoyado las sanciones habría que acusarlos de ‘traidores a la patria’ y execrarlos de cualquier actividad política y cargo público. Formando parte de ese combo de intimidaciones, Diosdado Cabello reiteró, una vez más, que ellos llegaron a Miraflores para eternizarse y que de allí ‘no se irán ni de por las buenas ni de por las malas’.

En Ciudad Guayana, la represión contra los trabajadores de Sidor y sus dirigentes sindicales ha sido implacable. Apenas pocas horas después de haberse ido del país el fiscal Kharim Khan, los cuerpos de seguridad golpearon a los trabajadores, y apresaron y trajeron a Caracas a tres de los líderes más destacados. La agresión a los trabajadores la
llevó a cabo el gobierno del ‘presidente obrero’, como les gusta decir a los adulantes de Maduro.

La principal destinataria de los dardos envenenados del PSUV es María Corina Machado quien, por ahora, capta la mayor atención de los votantes opositores. El régimen no acepta que una crítica tan tenaz de lo ocurrido durante el último cuarto de siglo, sea quien reúna la mayor simpatía de los ciudadanos, y que su ascenso se lleve a cabo en medio de un proceso que ha ido atrayendo la atención de un grupo creciente de venezolanos, tanto dentro como fuera del país. Ambos fenómenos le preocupan: la popularidad en aumento de María Corina y el auge de las
primarias. Para el gobierno es más fácil inhabilitar a la candidata que acabar de un plumazo con la cita convocada para el próximo 22 de octubre. La comunidad internacional vería como un acto grotesco judicializar las primarias. Sería una violación flagrante de los derechos de los ciudadanos a elegir su candidato a la Presidencia de la República.

En cambio, para ilegalizar a una aspirante en particular, basta con acusarla de traidora y de incitar al odio, para que se activen los mecanismos institucionales controlados por el régimen. Para eso domina la AN y las salas Electoral y Constitucional del TSJ. En esas instancias puede decidir defenestrar a María Corina. Sacándola del juego, colocarían en un tremendo dilema a la oposición (¿qué hacer frente a la arbitrariedad?) y, desde luego, le restarían brillo y atractivo a la consulta. Hay que recordar que Henrique Capriles se encuentra inhabilitado, y si su reivindicación depende de la voluntad de Cabello, puede olvidarse de ser absuelto.

Con relación a María Corina, ya existe un antecedente muy importante. En Nicaragua, Daniel Ortega sacó de la escena electoral a Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta Violeta Chamorro, en el momento en el cual se encontraba en la cima de las encuestas y representaba un serio peligro a las aspiraciones reeleccionistas del
déspota nicaragüense. Después fueron decapitados todos los demás aspirantes que podían competir con Ortega y poner en peligro su reinado. Ahora Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo gobiernan en medio de un clima de terror.

Demolieron la oposición política y social y también están acabando con la resistencia representada por la Iglesia
Católica.

El ambiente de incertidumbre que rodea las primarias y el futuro de María Corina, de Capriles y, eventualmente, de otros líderes, solo puede atenuarse si la oposición se mantiene unida y cohesionada en torno del objetivo de realizar las primarias –a pesar de todos los obstáculos que coloquen Maduro y su gente- bajo la conducción de la Comisión
Nacional. Las observaciones y críticas que se le señalen a este equipo deben ser con el propósito de resolver los problemas, no con la intención de descalificar a sus integrantes o acusarlos de estar parcializados. Los
candidatos y sus comandos, especialmente el de María Corina, tienen que ser especialmente cuidadosos con los comentarios públicos que formulen respecto de la Comisión.

Hay algunos personajes que conviene moderar.

Ya existe un horizonte nublado. No hay que agregarle más sombras. El rumbo hacia Nicaragua está a la vuelta de la esquina y sin muchas fuerzas para evitarlo.

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Fuente: @trinomarquezc

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