Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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San Cristóbal

Taller de Ética en Táchira: 30 personas y 8 horas de discusión. Empresarios, ejecutivos, profesores universitarios y activistas políticos. Gracias a Braulio Rodríguez por montarlo; a Rolando Araujo y Rafael Román por el apoyo; y a Eugenio Martínez y sus colegas del Centro Médico Rotario Dr. Pablo Puky, por la noble labor social que desarrollan.

Por: Emeterio Gómez

Entre muchos otros, dos temas de debate. Uno, mi enfoque de la ética: frente a la visión convencional que supone que hay valores absolutos que se nos imponen desde alguna instancia exterior –y, sobre todo, si queremos derrotar al castrocomunismo– urge entender que la moral es un asunto estrictamente existencial, que no descansa en abstracciones cuya validez sería independiente de las realidades concretas o específicas que enfrentemos, sino que se conforma precisamente ¡¡en ellas!! Que el no matarás o el no robarás no son verdades universales que debemos respetar al margen de las presiones que la animalidad ejerce, sino que es más bien al calor de éstas y de acuerdo a las valoraciones morales concretas que brotan de la infinitud del espíritu (¡¡esa que nos contacta con Dios!!) como la ética cobra sentido.

Porque la moral no reside en las convenciones que la sociedad nos impone, sino en la fuerza espiritual que logremos desarrollar para mantener los principios morales ¡¡a pesar de las brutales presiones que la realidad ejerce!! Pero esa fuerza espiritual no se tiene como se tienen los valores abstractos y vacíos; de nada vale creer que uno es honesto, porque no le ha tocado nunca confrontar las presiones capaces de quebrar esa honestidad. Dicha fuerza espiritual sólo puede gestarse cuando el hombre penetra en el insondable misterio de su espíritu; cuando –precisamente– logra trascender la moral para acceder a la esfera de lo religioso.

El segundo tema de los que surgieron en el taller, fue absolutamente concreto y existencial: “Profesor ¿podría ayudarme a evaluar un caso ético?”. Adelante mi querida señora. “Es lo siguiente: mi hijo terminó su carrera con mucho éxito y con el afán de hacer un doctorado en el exterior; solicitó una beca al Gobierno, se la negaron porque firmó, pero le dijeron que si se retractaba se la darían. Él rechazó la oferta, porque iba contra sus valores morales. ¿Qué habría hecho usted en ese caso profesor?”.

Dos preguntas previas, señora: 1) ¿Tenía él algún otro chance de ser becado? Y, 2) ¿es tan inteligente como intenta usted decirnos? “No veo qué tienen que ver esas preguntas con la moral, pero se las respondo igual: Sí, él tenía otros chances de ser becado y de hecho, ya está en el exterior. Y sí, traté de ser discreta, pero mi hijo es muy inteligente”. Entonces, señora, por extraño que parezca ¡¡él no estaba ante un dilema moral!! Estos sólo existen cuando no hay razones poderosas que nos indiquen lo que debemos hacer; o, mejor, cuando con las mismas razones podemos hacer una cosa o la contraria. Su hijo no estaba en esa situación, el tenía una razón –es decir, no un principio moral sino una razón poderosa– para no retractarse: ¡¡tenía alternativas!! Pero lo más importante, aún si no las hubiese tenido, habría sido insensato no retractarse, habría sido inmoral que su doctorado se hubiese frustrado por aferrarse a una moralidad abstracta y vacía que le impedía aceptar la beca. ¡¡Y habría sido mas inmoral, mientras mas inteligente sea el chamo!! De todo ello discutiremos en nuestro curso de los lunes que empieza el 15/10.

emeteriog@cantv.net

Publicado Diario El Universal 07/10/07