Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
¿Se puede reformar el socialismo? Carlos Goedder

El socialismo suele caer de forma estrepitosa y dejar heridas sociales de largo plazo

A Manuel Jacobo Cartea, in memoriam

El Muro de Berlín cayó en noviembre de 1989. Siguiendo a Laza Kekic, se tiene que: “Los eventos de 1989 alejaron la tiranía política, la fútil planificación centralizada, la producción de mala calidad y la escasez”. (“Twenty years of capitalism: was it worth it?” The world in 2009. EIU). Ahora bien, si una lección puede extraerse de este evento es que el socialismo y el comunismo son difíciles de desbaratar y sus secuelas persisten.

Si bien la incorporación a economía de mercado ha sido razonablemente exitosa en Europa central y Europa del este, las encuestas de preferencia hechas por el Banco Mundial en 2007 en economías exsocialistas, revelaban que sólo 30% de la población se sentía mejor que en 1989 y sólo 15% creía que había menor corrupción. ¿Significa eso que se vivía mejor sin el mercado? La comparación es engañosa por tres motivos. El primero, que la libertad carece de precio, es un valor inmensurable y esa fue la principal ganancia tras caer el comunismo. Lo segundo, que comparar una economía controlada con una de mercado es difícil, especialmente porque nadie expresó sus preferencias cuando había socialismo. Y tercero, la transición hacia la economía de mercado nunca ha sido enteramente “limpia”: persisten residuos de burocracia y tráfico de influencia en casos como el ruso (ver “Russia: Ascent and dissent. Financial Times, 11/VII/2011).

Para el caso venezolano en que se está construyendo el “Socialismo del Siglo XXI”, la pregunta es si hay forma de hacer un socialismo suave, que capture lo mejor del mercado y el socialismo. Para ello, propongo esta referencia fundamental aportada por M.J. Cartea: Kornai, János. “¿Es reformable el socialismo?” En: De Marx al libre mercado. Editorial Vuelta, 1992.

Kornai vivió la transición húngara al mercado. Él considera dos tipos de socialismo: el clásico -el duro, de Stalin, Mao y Castro- y el reformista: “el nuevo tipo de socialismo que evolucionó (en orden cronológico) con Tito en Yugoslavia, Kádár en Hungría, Deng Xiaoping en China y Gorbachov en la URSS. Los países de socialismo reformista dieron algunos pasos hacia la liberación del ámbito político, descentralizaron en cierta forma el control del sector paraestatal y permitieron hasta cierto punto un margen mayor para el sector privado. Al mismo tiempo, estos países conservaban los atributos principales del sistema socialista: el partido comunista no compartía el poder con ninguna otra fuerza política, el sector paraestatal seguía desempeñando el papel dominante en la economía y el principal coordinador de las actividades económicas era la burocracia centralizada… ” (pp. 288-9).

Lo cierto es que tales reformas mantuvieron asfixiado al sector privado. Según Kornai: “la vida cotidiana de las empresas privadas en los países reformistas seguía estando caracterizada por multitud de intervenciones y restricciones burocráticas. El acceso a materiales, créditos y divisas era limitado, y con frecuencia había que obtenerlos en forma ilegal” (p.296).

Kornai señala otro obstáculo: “la persistencia de una enorme burocracia es también resultado espontáneo y natural de la economía socialista” (p. 302).

Hay otro problema. Tiene que ver con el vínculo entre régimen de propiedad y sistema de administración. Se tiene que la propiedad privada y la coordinación de mercado tienen lazos fuertes (son compatibles), como ocurre también entre la propiedad estatal y la coordinación burocrática. Ahora bien: “La relación entre propiedad estatal y coordinación de mercado, y entre propiedad privada y coordinación burocrática pueden caracterizarse como lazos débiles” (p. 306). Tal debilidad hace inestable el socialismo reformista.

Ya se asomaba en el bloque comunista el anhelo por “terceras formas”: propiedad cooperativa, comunas, administración obrera, etcétera” (p. 308). Kornai señala que si esas organizaciones fuesen auténticamente fuertes, habrían surgido espontáneamente, porque nadie prohíbe el altruismo y la cooperación bajo el socialismo o el mercado. Lo cierto es que ni antes ni después de las reformas, emergieron significativamente.

En definitiva: la historia es elocuente. Reformar el socialismo está lleno de contradicciones teóricas y prácticas. El socialismo suele caer de forma estrepitosa y dejar heridas sociales de largo plazo. Aún se está a tiempo de detener el incipiente socialismo venezolano. (En el sitio www.cedice.org.ve se conmemora la caída del Muro de Berlín).