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¿Seis años? ¿Quién dijo seis años? José Toro Hardy

Tenemos que prepararnos para un revocatorio en serio en tres años, bajo condiciones bien diferentes

Confieso que aún no me he repuesto del 7-O. Esa noche no pude evitar una sensación muy parecida a la que sentí cuando perdimos el revocatorio. Ahora bien, ¿perdimos efectivamente el revocatorio? ¿Perdimos efectivamente el 7-O?

Quienes son expertos en la materia me aseguran que sí. Al menos me aseguran que los resultados que arrojan las máquinas de votación son fidedignos y que de haberse producido trampas en el conteo de los votos, las evidencias quedarían reflejadas en el sistema. ¿Quiere eso decir que no hubo trampas?

Antes habría que definir el término “trampa”. No parece haber habido en cuanto a la simple suma de los votos. Eso por lo visto las máquinas lo saben hacer y, si bien la introducción de algún programa que altere los resultados es posible, me aseguran que las huellas quedarían.

La trampa puede haberse producido si los testigos de la oposición no se quedaron hasta el final, o bien si descuidaron sus funciones. Puede haber habido trampa en los centros de votación donde no hubo presencia de testigos.

Por lo visto los seres humanos son considerablemente más ingenuos que las máquinas. Las máquinas no responden al populismo, ni se las puede engañar ofreciéndoles villas y castillas y ni siquiera viviendas, cuando la evidencia es que al final del día las posibilidades de realmente recibir esa vivienda están básicamente en la imaginación del votante.

Algunos dicen que la trampa estuvo en que al final del día remolcaron a un gentío pagándoles ingentes cantidades de dinero para que votara. Vale. Comprar el voto sin duda es hacer trampa; ahora bien, remolcar a la gente es simplemente organización, a menos que los hayan llevado en vehículos oficiales, en cuyo caso también es trampa. Pero, ¿un millón y medio de personas remolcadas en apenas unas horas? Eso lo dudo.

Mi conclusión es que sin duda hubo trampas, pero no el día mismo de las votaciones. La trampa consistió en un engaño masivo a los votantes. Consistió en el miedo de los empleados públicos. La trampa estuvo en el ventajismo desbordante del oficialismo que a todo lo largo de la campaña incurrió en peculado de uso al disponer de bienes públicos para provecho de un candidato. La trampa estuvo en el uso indiscriminado de las cadenas. La trampa estuvo en el uso desvergonzado de instalaciones como el Poliedro o el Teresa Carreño, las instalaciones de Pdvsa y el uso de los dineros públicos en la campaña.

Muchos me dicen que la trampa estuvo en el REP; que hubo millones de electores fantasma. Ahora bien, si eso es así ¿cómo es que nadie ha podido presentar pruebas fehacientes? Pienso que el REP debe ser revisado y depurado de inmediato.

¿Quiere eso decir que no debemos votar en las elecciones para gobernadores? Mi respuesta es un rotundo ¡No!

¡Tenemos que tener presencia! No asistir sería garantizarle al chavismo un gobierno ad infinitum.

Muchos piensan que votar sería como ir como un cordero al matadero. ¡No estoy de acuerdo! Como corderos actuaríamos si nos rendimos anticipadamente. Eso sería como declarar la indiferencia activa. Me imagino al gobernante riéndose a mandíbula batiente.

Tengo la convicción de que el gobernante nos ha planteado un proyecto cada vez más inviable. Si hasta ahora pudo mantenerse es porque contó con los precios petroleros más altos de la historia y pudo disponer de ellos sin control, porque a raíz del revocatorio decidimos no concurrir a las elecciones parlamentarias. No debemos repetir ahora el mismo error.

La inflación, la devaluación inevitable, la destrucción del aparato productivo, la industria petrolera menguante, la agricultura y la manufactura en desbandada, las importaciones insostenibles, las ayudas inmorales a otros gobernantes, las cesiones de soberanía, la caída de las reservas internacionales, la inseguridad jurídica y física, la escasez, etc., son todos signos que auguran una implosión inminente del sistema que nos han querido vender. Ello ocurrirá con grave pérdida de popularidad de un gobernante que creyó que una nación se podía manejar a punta de ideología.

¿Cómo vamos a rendir ahora las trincheras que ya hemos conquistado? En el peor de los casos tenemos que prepararnos para un revocatorio en serio en tres años, bajo condiciones bien diferentes.

Por otra parte, el art. 233 de la Constitución establece que en caso de falta absoluta del Presidente en los primeros 4 años de su mandato, se convocará a elecciones en los 30 días siguientes. ¿Seis años? ¿Quién dijo seis años?