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Ser y no ser del NOES. Domingo Fontiveros

Para el Gobierno no es un juego de palabras sino una estrategia muy seria.

Los gobiernos comunistas del pasado han sido en su mayoría reemplazados por regímenes más pragmáticos que adoptan formas democráticas y capitalistas, conservando, no obstante, el núcleo de un poder controlador sobre las instituciones que les sirven de mampara.

En contraste con este escenario de transformación de los comunismos, ha surgido en Venezuela, aunque afortunadamente no ha sido consolidado, un régimen que procede a la inversa. Es decir, partiendo de estructuras democráticas y de economía mixta preexistentes, se propone desmontarlas en esencia, aunque conservando muchas formas, para construir un nuevo socialismo siguiendo de cerca el modelo de La Habana y contando con simpatías de sus primos lejanos de China y Rusia.

Un componente fundamental de este proyecto es el llamado “Nuevo Orden Económico Socialista” (o NOES por sus siglas), hace poco reanunciado como derrotero a seguir para ese conglomerado que poco a poco se perfila como el madurismo. Con el NOES, el Gobierno repite su inveterada costumbre de relanzar, reconstruir, refortalecer, reestructurar o redoblar esfuerzos en todo aquello en lo que el fracaso y el desinfle han marcado su accionar revolucionario. Lo cual incluye el cambio, modificación o invención de un nombre para convertirlo en etiqueta de gran logro, sin más.

Como si los venezolanos no suframos en carne propia los que han sido los avances socialistas del régimen, se proclama ahora que todos estos percances serán superados cuando se construya el NOES. Pero ¿qué es el NOES?

Cuatro notas básicas lo definen según la propaganda oficial: economía productiva, servicios públicos, reindustrialización y nuevas reglas económicas. Lo cual equivale a lo que todo el mundo aspiraría y, respecto a las tres primeras, a todo lo contrario de lo que el Gobierno ha hecho. La economía es cada vez menos productiva, desde el petróleo hasta el transporte, desde la agricultura al comercio, desde la industria al turismo. Y por supuesto, todo el sector gubernamental. Hay que ser de ingenuidad preinfantil para tomar en serio este propósito del NOES.

Los servicios públicos básicos de salud y educación, agua y electricidad, vialidad e infraestructura, sufren de pasmo crónico. Las “grandes inversiones” parece que no llegan al destino propuesto sino al tergiversado. Cortes, racionamiento, hacinamiento, deserción, accidentes y fallecimientos se multiplican en la precariedad de los suministros. Todo ello “hecho en socialismo”. Ni qué hablar de la reindustrialización planteada, cuando este régimen ha colocado al país en un camino de desindustrialización avanzado, en sectores de propiedad pública y privada.

Nuevas reglas para la economía son la guinda que adorna el paquete. Con ellas el Gobierno afirma se dejará atrás el rentismo petrolero, olvidando adrede que este régimen es el más petrodependiente de la historia patria. Y si de socialismo de nuevo orden se trata, es evidente que los controles multiconsolas actuales, agentes primarios del desplome económico, quedarán pálidos al lado de los que vienen.

El NOES está pleno de contradicciones y sinsentidos, lo cual es un problema. Pero un problema mayor es que para el Gobierno el NOES no es un juego de palabras sino una estrategia muy seria para consolidar su poder.

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net