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¿Será que se están perdiendo los valores?

El Ser Humano no tiene ninguna Manera definitiva de Ser, ningún Ser.

En un taller de Ética para Gerentes, tal vez lo menos inteligente sea empezar diciendo que la Civilización Occidental -a la cual pertenecemos- vive una profunda Crisis Moral. Pero no la simple “crisis” propia de cualquier realidad que tiene un largo período de vida estable y temporalmente le sobreviene una alteración. No es de ese tipo, la Crisis Ética que vive Occidente. No esa que se sintetiza en el Lugar Común según el cual “Se están perdiendo los valores”. Como si en alguna época dorada anterior hubiese existido una estructura sólida de ellos que “la gente respetaba”; no había corrupción estatal, estafas o chanchullos; y, sobre todo, era impensable que un cantante, ídolo de la juventud, declarase públicamente su homosexualidad.

La crisis ética que vivimos es mucho más profunda que todo eso. Es una que -para empezar- se caracteriza por intuir que no es que “se estén perdiendo los valores”, sino que ¡¡nunca los hubo!! Que jamás existió esa supuesta Época Dorada en la que la Moral era sólida y cualquiera “sabía” ¿qué eran el Bien, lo Justo, la Honestidad o la Dignidad? Y, mucho más importante, que jamás pudo la Humanidad vivenciar esos valores “en sí mismos”, existencialmente. Que jamás pudimos sentirlos o palparlos “en nuestro propio Ser”… ¡¡Porque ellos no existen, no están allí… ni en ninguna parte!! Sólo aparecen si nosotros tenemos la suficiente Fuerza Espiritual para imponerlos.

Dicha crisis empieza por vislumbrar que nunca hubo esa Época Humanista o Clásica, en la que era posible detectar en nosotros los contenidos éticos o morales, con la misma claridad que Aristóteles detectó los contenidos lógicos o racionales. Pero ¡¡más importante aún!! que era posible -en dicha época- palpar lo idéntico que eran en cada ser humano (de cualquier raza, religión o cultura) esos contenidos morales, de la misma forma fascinante en que todas nuestras mentes -ateas o creyentes, islámicas o judías- son absolutamente idénticas… cuando de la lógica o la geometría se trata. Que un ángulo recto, un teorema matemático o una deducción racional son idénticos para todos; y que si una deducción no lo es, entonces, sin el menor temor a equivocarnos, podemos deducir… ¡¡que no es lógica!!

No es que “se estén perdiendo los valores”, sino que, por mucho que nos aterre -así como en el plano de la Lógica “todos somos idénticos”- en el de la Ética “cada cabeza es, de verdad, un mundo”. Que a la hora de ser honesto ¡¡cada quien es libre para serlo o no!! Y que si no hay ningún interés, conveniencia, provocación, tentación, chantaje o amenaza que pueda inducirnos a no serlo… entonces, será muy fácil serlo. Pero que si hay fuertes “razones” o presiones para ser deshonesto, entonces, como diría un maracucho: Vos Veis. Y que no ganamos mucho con creer que uno es distinto y no actuará o pensará así. Porque sólo sabremos si somos honestos, leales o dignos, en cada caso concreto y ante cada conjunto de presiones concretas. En otras palabras, que el Ser Humano no tiene ninguna Manera definitiva de Ser, ningún Ser.

Que el esfuerzo ético que se requiere para enfrentarse a las presiones animales, hormonales, sociales, políticas, económicas, jurídicas, hepáticas, etc., que la realidad ejerce sobre nosotros, puede ser superior a las fuerzas morales de nuestra especie. Y que toda la debacle que vive la Humanidad, toda la tragedia financiera actual, no es una crisis pasajera, sino que pudiera ser expresión de la inviabilidad moral del Ser Humano. Una exigencia a la que sólo podríamos hacerle frente con un nivel ético superior.

http://emeteriogomez.wordpress.com

El Universal

Domingo, 4 de marzo de 2012