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SIMADI: Ni tan Marginal, Ni Libre. Enrique González Porras

El Convenio Cambiario Nº33 publicado en Gaceta Oficial Extraordinaria Nº6.171 del martes 10 de febrero de 2015 establece los principios rectores del Sistema Marginal de Divisas (SIMADI).

Lo primero que destaca de sus reglas de funcionamiento, es que no constituye un mercado tipo pool donde asisten todos los oferentes y demandantes, produciéndose una determinación de un precio único según los precios de reserva de los oferentes y la disponibilidad de pago de los demandantes –de los marginalistas en ambos casos-.

Se definen tres tipos de mercados. Uno para transacciones y transferencias realizadas entre clientes de una misma institución, a través de la mesa de operaciones una misma institución financiera –artículo 4-; siendo el precio de cierre “el que acuerden las partes intervinientes en la operación” –artículo 5-. De lo anterior se desprende que existirá igual número de mercados bilaterales como número de demandantes o alternativamente pares de oferentes y demandantes cerrando un acuerdo respecto al precio y al monto. Siendo que no es un mercado de pool donde oferentes y demandantes marginalistas fijan el precio único –no se forma una demanda y oferta agregada del mercado-, ni se especifica mecanismo u algoritmo explícito que concilie o haga match entre las “posturas” compatibles determinando un precio específico; debemos entender que efectivamente el precio lo pactarán entre cada par de oferente y demandante de cada mercado bilateral que se perfeccione. Lo anterior implica que podría existir en este mecanismo de formación de precios una dispersión de precios. Asimismo, no parece constituir un mercado de posturas donde se determina el precio marginalmente, sino una negociación y acuerdo bilateral entre oferente y demandante.

En el caso del segundo mercado formado por operaciones con títulos valores, igualmente el mecanismo es de acuerdo entre las partes intervinientes, lo que significa que igualmente no constituye un mercado de pool, sino mercados bilaterales con eventual dispersión de precios.

En el tercer caso del mercado de menudeo, el Convenio establece que diariamente, el Banco Central de Venezuela publicará en su página Web, el tipo de cambio de referencia correspondiente al tipo de cambio promedio ponderado de las operaciones transadas durante cada día en los dos mercados anteriores menos un factor, que entendemos tiene por intención constituir un factor ralentizador –anti-inercial- en el incremento del precio intertemporal y con intención de incidencia en la formación de expectativas al inicio de cada jornada en los mercados.

En la teoría económica se conoce que los mercados bilaterales suelen ser imperfectos desde el punto de vista informacional y porque los precios no son precisamente el precio marginalista de un mercado de pool que garantiza la maximización del bienestar social entendido como el beneficio del oferente y el excedente de los consumidores.

Sin embargo, el mercado que estamos analizando no es cualquier tipo de mercado de bienes –aun cuando los medios de pago y reserva de valor constituyen bienes-. Es un mercado de divisas, en la actualidad escasas, donde se espera que la oferta recaiga fundamentalmente en manos del Estado, del Banco Central de Venezuela o de PDVSA fundamentalmente –no significa que la oferta privada no pueda existir, incluso aquella de arbitraje entre los distintos tipos de cambio vigentes- .

En este sentido, el diseñador del Convenio y eventual oferente principal que alimentaría este mercado se pudo estar debatiendo a la hora del diseño del Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) entre descremar mercado de las divisas que venda por medio de este mecanismo, así como la esterilización de parte del exceso de liquidez monetaria en el caso que el oferente sea el Banco Central de Venezuela o intentar mantener un tipo de cambio medianamente controlado por su incidencia marcadora de precios a lo largo de toda la economía nacional con su respectivo efecto de costo político-social.

Hacemos esta acotación, porque ambos intereses contrapuestos, pudieron estar afectando la toma decisiones del diseñador del Sistema, así como otro objetivo que dilucidaremos del análisis que sigue, como sería el control del mercado, lo que echa por tierra la tesis de que este Sistema operaría como un mercado libre.

De hecho, si la intención del Estado hubiese sido devaluar lo máximo posible para descremar el mercado lo máximo posible y reducir la demanda, el diseño de mercado ideal hubiese sido uno tipo subasta al mejor postor y un único tipo de cambio en el país –especialmente si pensamos que existiría un límite diario de oferta de divisas por parte del Estado-. Por otra parte, un mercado bilateral, con oferentes privados buscando maximizar su ganancia, repetido en numerosas ocasiones –ceteris paribus– arrojaría como precio promedio el precio que se determinaría en un mercado de pool con información perfecta. Este precio de mercado de pool, sin restricción en la oferta, resultaría inferior al precio de la subasta –ya que este último mecanismo de competencia en precios por hacerse con la divisa descrema y sirve de discriminador autoseleccionador cuando la oferta es muy escasa-. En el caso de un mercado bilateral, con un oferente fundamentalmente público y en consecuencia con todo el poder de negociación, el tipo de cambio acotado por la máxima disponibilidad a pagar por los demandantes, terminará siendo determinado por el Estado. De hecho, por medio de mercados bilaterales con poder de negociación por parte del oferente, podría facilitarse la discriminación de precios y el ejercicio de poder de mercado. Si se hubiese querido un precio único se hubiese utilizado un mercado de posturas tipo pool o alternativamente una subasta –entiéndase en este caso los demandantes como determinadores del precio, dada una oferta cuasi-fija-

La eventual dispersión de precios cuando la oferta de divisas sea fundamentalmente por parte del Estado debería ser explicada y motivada por las autoridades. ¿Por qué eventualmente con un sector se pactaría un costo de la divisa a un nivel determinado y con otro un precio diferente? Más allá, un precio excesivo del tipo de cambio pudiera constituir una estrategia de cierre de mercado al acceso a la divisa.

Lo establecido en el artículo 24 como tipo de cambio de referencia para el mercado de menudeo así como para obligaciones tributarias y precios públicos, entre otros; busca por medio del promedio ponderado reducir la posibilidad de que un outlier o marcador marginalista determine este valor o que lo determine el mercado más allá de las autoridades. Especialmente cuando se espera que el grueso de la oferta de divisas sea pública, con poder de negociación, los tipos de cambio producto de un acuerdo entre las partes terminará funcionando exactamente igual a un SICAD. Sin embargo, el cálculo de promedio ponderado –reduciendo la incidencia de los mercados bilaterales marginalistas donde el oferente no es el Estado- y el mecanismo de “acuerdo” entre las partes; garantiza absoluto control en la fijación del tipo de cambio bien por debajo o por encima de lo que arrojaría un mercado de pool. Esto cuando menos podría servir para arrojar valores del tipo de cambio promedio ponderado por debajo del tipo de cambio paralelo, que ha servido de referencia y servirá de patrón para la apertura de las negociaciones por parte de los demandantes. En otro orden de ideas, sobre la disponibilidad de pago por parte del demandante pesará si posee deuda antigua en divisas con sus proveedores internacionales o si por el contrario es una persona natural que desea denominar su patrimonio en moneda dura (resultan dos casos sustancialmente distintos)-.

El Sistema Alternativo de Divisas (SIMADI) tal cual como está diseñado, no constituye ni cerca un mercado estructurado de posturas, ni libre.  El mantenimiento del tipo de cambio de 6,30 Bs. del CENCOEX, continuar con el opaco y epiléptico SICAD por otro lado y un manipulable tercer mecanismo SIMADI, evidencia no entender que justamente por el nivel de crisis que vive el país se requiere restituir la confianza y los mercados con sus sistemas de precios como reguladores naturales no susceptibles a fallas de Gobierno y corruptela por arbitraje, contrabando y comportamiento de rent-seekings.

Enrique González Porras