Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Sin dar pie con bola. Victor Maldonado

Una de las conferencias más notables de Antonio Cova era la que dedicaba a la “instrumentalidad del venezolano”. Para el notable sociólogo había una especie de tara en el hacer venezolano que le impedía conectar el conocimiento de un problema con su solución. Eso hacía de cualquier crisis un episodio de telenovela. Mucha preocupación, algo de drama, un toquecito de alguna teoría paranoica de la conspiración, pero a la hora de intentar un desenlace apropiado, allí poníamos la torta. La explicación era, a los ojos del viejo profesor, muy sencilla. Nos falta esa relación racional que se tiene que dar entre medios y fines; entre lo que tenemos que resolver y los cómo que tenemos a la disposición, ocasionando una parálisis que no tiene otra resolución que el agravamiento del problema.

El querido maestro murió antes de poder comprobar que la perfección de su hipótesis iba a ser este socialismo del siglo XXI. El solía decir que si este régimen tenía éxito había que hacer una inmensa hoguera con los libros de economía, sociología, psicología e historia. Porque era absolutamente imposible que una propuesta tan descocada pudiese ser efectiva. Pero lamentablemente no vivió lo suficiente para apreciar la crisis terminal del modelo, y la previsible reacción del grupo que está al frente del Gobierno: Incapaces de dar pie con bola. Incapaces de leer la realidad tal y como es. Incapaces de tomar decisiones apropiadas. Incapaces de pasar de la preocupación a la ocupación. Incapaces de preguntarse si lo que están haciendo tiene algo que ver con aquello que les preocupa.

Este arquetipo vernáculo del “socialista angustiado” hace falta explicarlo en relación con sus autoengaños. La primera mentira endógena tiene que ver la falsa imagen que tiene de sí mismo. En parte heroica y en parte pendenciera. En parte comprometida con el proceso y en parte interesada en quedarse con su tajada. En parte audaz y en parte cobarde. En parte humanista y en parte cruel y despiadada. La segunda mentira endógena es la supuesta esperanza en “el hombre nuevo” resignado y disciplinado. Es haberse creído el eslogan popularizado por Lina Ron que decía “con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”. Ese hombre nuevo nunca cuajó, y mientras llegaba del más allá, esta revolución se dedicó a la extorsión del populismo y al chantaje de la demagogia, reforzadas ambas por las amenazas de un Gobierno que supuestamente lo sabe todo, lo controla todo. La tercera mentira endógena es la capacidad de realización del Gobierno socialista. Es pretender que decretos habilitantes y frases autoritarias o mayestáticas eran suficientes para transformar la realidad. Que no hace falta hacer seguimiento porque en eso consiste el heroico compromiso revolucionario y la virtud del hombre nuevo. Es la apuesta ingenua a que ese “si mi comandante en jefe” que era declarado con tanta parsimonia no escondía una carcajada que resonaba entre pecho y espalda. La cuarta mentira endógena es pretender que gobernar es salir en cadena. Es haberse creído la farsa del espectáculo montado para que la gente crea que aquí hay Gobierno que opera con la misma intensidad todo el tiempo. La quinta mentira endógena es pretender que todo se resuelve a “realazo limpio”, evitando por tanto toda la complejidad que supone el manejo eficaz de las burocracias y el talento humano. Por lo visto, para este castro-comunismo “real mata experticia técnica”. Para ellos la lealtad -heroica y romántica- es más que suficiente para manejar una refinería, una acería, un complejo cementero, un hospital o un ministerio. El grupo enquistado en el poder presume de su ignorancia con una desfachatez que intentan compensar con un presupuesto supuestamente infinito. La sexta mentira endógena es creer que lo que no saben ellos lo saben los “asesores cubanos”. Que Fidel es un sabio mitológico, Raúl su sumo sacerdote, y cualquier miembro del partido comunista cubano está facultado para casi cualquier cosa. El “vivo-pendejo” venezolano canta loas a la solidaridad de los pueblos que mueve a los cubanos, mientras los cubanos cuentan los reales mientras inventan todos los días un negocio que sirva para esquilmarnos más. Pero hay un detalle: El problema de los cubanos no es el problema de los gobernantes venezolanos, y mucho menos el que aqueja a los venezolanos.

En suma, la telenovela venezolana llamada Socialismo del Siglo XXI, en su segunda temporada es la exacerbación de la “ainstrumentalidad” advertida por el Prof. Antonio Cova. No hay consumación posible a la trama, simplemente porque los autores no saben, no quieren, no pueden, no deben. Y para colmo, se resisten a cambiar el libreto o contratar otros libretistas. Por eso este clímax cansón en el que todos los días avisan que “ahora si vamos a decidir”, “ahora, en un rato, vamos a dar unos anuncios muy importantes”, sin que ocurra ninguna otra cosa que esa sensación social de que el abismo esta allí mismito y que la colisión es inminente.

VICTOR MALDONADO | NOTITARDE
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