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¿Sirven los economistas en Venezuela? Carlos Goedder

¿Por qué los venezolanos hemos tolerado tan ineptos gestores económicos?

Al nobel Ronald Coase (1910-2013),
in memoriam

Parece legítimo preguntarse qué papel público cumplen los economistas en Venezuela. Es obvio que cuando un precio se controla y se coloca por debajo de su nivel de mercado, surgirá escasez. No se trata de conspiraciones que esto ocurra, sino de pura lógica económica. La escasez de alimentos, dólares y electricidad viene de precios controlados y ausencia de respeto a la propiedad privada. ¿Quién salvaguarda el sentido común económico en Venezuela?

Sobre los economistas que vienen aconsejando a los gobiernos democráticos venezolanos, vale la apreciación del nobel Ronald Coase en un artículo de 1974 (*): “o bien el consejo dado es malo, o sí es bueno, es ignorado”. La primera pregunta es si los asesores económicos tienen buena formación. Me temo que si recorremos los currículos de los asesores económicos y presidentes del Banco Central desde el gobierno de Betancourt en 1960 hasta hoy encontraremos que la mayoría de los responsables de política fiscal y monetaria ni siquiera son economistas, nunca trabajaron en una empresa privada y carecieron de publicaciones relevantes como investigadores.

¿Cómo puede desarrollarse la lógica económica en Venezuela, cuya democracia nace y se mantiene anulando por decreto las garantía económicas constitucionales?

Los venezolanos bien pueden tener tendencia a seguir, cuando suben los precios, la visión que denunciaba Edwin Cannan en 1915: “están absolutamente convencidos de que la subida con la que tienen que lidiar en ese momento es forzada, artificial y totalmente injustificable; se trata simplemente de la labor perversa de gente que quiere enriquecerse, y a quien se le ha otorgado el poder para hacerlo no debido a las condiciones económicas, sino aparentemente a causa de la intervención directa e inexplicable del Diablo”.

En un país donde el Banco Central es incapaz de organizar la oferta monetaria, donde no se sabe si la propiedad será confiscada, donde se prohíbe proteger el valor del dinero comprando dólares, donde se puede producir una devaluación inmediata y el Estado no garantiza servicios públicos mínimos, es perfectamente racional cobrar un precio elevado o dejar de producir y mandar el capital fuera. Esto ha sido Venezuela y nunca se ha responsabilizado al gran culpable de los precios altos, la mala calidad de los productos y la escasez: el gobierno con sus controles y leyes.

En 1776 el primer autor célebre en economía, Adam Smith, señalaba esto sobre la escasez de alimentos: “…habiéndose a veces desencadenado el hambre por haber intentado algunos gobiernos, valiéndose de algunos medios impropios, remediar precisamente los inconvenientes del encarecimiento del precio. Cuando para precaver los inconvenientes del encarecimiento dispone el gobierno que los tratantes de granos vendan al precio que se les fija, por parecer moderado, este precio suele ser causa de que los vendedores no acudan al mercado, cuya circunstancia puede ocasionar el hambre aun en comienzos del año agrícola, o bien que los compradores consuman con más rapidez que la regular (…). La libertad de comercio en los granos, al igual que constituye el único medio de precaver eficazmente el hambre pública, sirve también para atenuar por lo menos los inconvenientes del encarecimiento del precio…”.

Este pasaje está en la obra La riqueza de las naciones, cuya traducción francesa se encontraba en la biblioteca personal del Libertador Bolívar (está en el inventario de libros que envía a Tomás Mosquera en carta del 15/02/1828). ¿Cuáles libros de economía habrán tenido en sus bibliotecas los supuestos herederos políticos de Bolívar durante la democracia?

Frank Knight decía que los partidarios de la libertad económica ganan los debates, pero los proteccionistas ganan las elecciones. ¿Por qué los venezolanos hemos tolerado tan ineptos gestores económicos? Se me ocurre que es porque desconocemos desde hace medio siglo lo que es vivir en una economía de mercado. Un caraqueño encontraba atisbos de ella en los mercados de Quinta Crespo, Coche y el de los Corotos. Hoy ya ni eso.

Coase da esperanzas: “la demanda de insensatez está sujeta a la ley universal de la demanda: pedimos menos de algo cuando sube el precio”. El precio que está pagándose por el analfabetismo económico del gobierno es altísimo. 

(*) “Los economistas y las políticas públicas”. En Ensayos sobre economía y economistas. (Marcial Pons, 2009)

CARLOS GOEDDER ― EL UNIVERSAL
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