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Sobre el hostigamiento. Carolina Jaimes Branger

El tema no es nuevo, pero está sobre el tapete. La semana pasada, el Consejo Municipal de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de Maracaibo comenzó una campaña de sensibilización para tratar de minimizar el hostigamiento escolar. La situación es preocupante en todo el mundo. Hay casos que han llevado a niños al suicidio. Por desgracia, en Venezuela los índices se han incrementado de manera alarmante. Hace poco, Manuel Alfredo Rodríguez escribió un concienzudo artículo en El Universal. Pero no es fácil detenerlo.

Por lo general, los agredidos no denuncian el hostigamiento, pues saben que ir a las autoridades de la escuela o liceo lo que hará es empeorar las cosas. Tampoco hablan en sus casas. Cuando los padres se enteran por lo general ya ha corrido demasiada agua por debajo del puente. Recuerdo en particular una que me impactó mucho de un niño pequeño que le decía a su mamá todas las noches “ojalá me muera para no tener que ir al colegio mañana”.

Hay muchos tipos de hostigamientos, pero todos son dañinos y no se olvidan. Una compañera mía de colegio me dijo hace poco tiempo cuán agradecida estaba de que en su cumpleaños en primer grado, cuando su mamá le llevó una torta al colegio y ella la tumbó, la única que no se había burlado había sido yo y hasta había comido torta del piso. Yo no recuerdo el incidente. Tal vez no todas se burlaron, pero a ella definitivamente la marcó.

Ahora, para empeorar los cuadros, existen las redes sociales. Ya las burlas o el acoso no se quedan en el colegio, sino -como un karma- persiguen al hostigado día y noche, dondequiera que se encuentre. Y las víctimas son de cualquier edad o condición económica. Aquí hemos visto al mismísimo Presidente de la República acosar y humillar públicamente a ministros, gobernadores, periodistas y a cualquiera que ose reclamarle algo a su “humana perfección”. Tal vez él mismo haya sido víctima de acoso cuando niño…

De cualquier manera, la sensibilización debe comenzar por casa. Si unos padres se burlan, enseñarán a sus hijos a burlarse. Si unos padres humillan, enseñarán a sus hijos a humillar. Si unos padres ofenden, enseñarán a sus hijos a ofender. Por favor, hablen con sus hijos sobre el tema, no lo echen en saco roto. No tienen idea de a cuántos pueden cambiarle la vida solo haciendo esto… 

@cjaimesb

 EL UNIVERSAL