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Sobre todo, odiar

21/01/2010

Llegó la hora del balance, no del seminario de filosofía

Por: Carlos Raúl Hernández

Marx sin Lenin y el marxismo es un bodrio”, dijo Berlín, y hoy se recordaría el viejo barbudo como a Hegel, Heidegger.

El marxismo es una teoría, pero más que eso, es una “ideología de la praxis”, “una guía para la acción” gracias al líder que lo sacó de la reflexión y lo materializó en Rusia. Por eso como decía Carlos Rangel, se podía perfectamente ser marxista sin haber leído El Capital ni ningún otro texto marxista. Basta compartir las bárbaras simplificaciones de El Manifiesto Comunista. O tener algún albanés cubano que se las sople al oído.

El Capital es una interminable maraña que entreteje genialidades y disparates por igual, con daño cerebral permanente para sociólogos y economistas, pero sin pasar de ahí.

Bajo control Con Lenin, el “bodrio” se hizo carne y habitó entre nosotros, derivó a un modelo de aparato de Estado bajo control total de un partido que a su vez controla de manera también total la economía y la sociedad. Y para construir eso no es necesario conocer el proceso de acumulación originaria de capital. Hace falta, por sobre todas las cosas, odiar, como decía El Che.

Civilizados En 1921 Vladimir Ilich entendió que eso no funcionaba (“no somos lo suficientemente civilizados para el socialismo” fue el sofisma que utilizó), privatizó la producción campesina con la Nueva Política Económica, y en 1923, ya moribundo, se estremeció por lo que ocurriría si ese Estado dueño de la vida y la muerte quedaba en manos del “brutal Koba” y no de Trotsky, más ocupado por la literatura y su “vanidad de actor” de teatro que por el aparato. El mundo sería distinto si Lenin hubiera muerto después y Stalin no tomara el control.

Esas discusiones podemos hacerlas en los doctorados y es extremadamente interesante ver cómo los chamizos marxistas chamuscados bloquean aún la posibilidad de comprensión. Así las eminentes equivocaciones de Stiglitz, quien estigmatizó los procesos de apertura “neoliberales” de los ochenta y está compelido a reconocer que los países que los hicieron, Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Costa Rica, etc., mejoraron la vida de sus pueblos. Y los que los bloquearon, entre ellos Venezuela, muerden ceniza en el infierno.

Destrucción Pero no discutamos marxismo con el Mandamás, sino la destrucción de una sociedad que, de haber seguido el camino de la apertura, hoy estaría en la antesala del desarrollo y va más bien a ser una nación damnificada, sin agua ni luz, cuya gente de trabajo muere asesinada en las calles, en medio de una crisis inflacionaria y cambiaria. Llegó la hora del balance, no del seminario de filosofía.

carlosraulhernandez@gmail.com

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