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¿Socialismo católico?

A pesar del gran fracaso del socialismo, esta idea nefasta no termina de morir

Por: José Luis Cordeiro

A finales del siglo XIX se popularizaron muchas de las ideas socialistas del revolucionario alemán Karl Marx. En 1883 murió Marx, pero sus conceptos sobre la lucha de clases y la eliminación de la propiedad privada se propagaron por el mundo.

En 1891 el Papa León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum (Reino Nuevo) donde condenó el socialismo y, prácticamente, vaticinó la muerte del sistema:

Para solucionar este mal (la injusta distribución de las riquezas junto con la miseria de los proletarios) los socialistas instigan a los pobres al odio contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes… pero esa teoría es tan inadecuada para resolver la cuestión, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es además injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión del Estado y perturba fundamentalmente todo el orden social.

Cien años después de esas proféticas palabras el marxismo se derrumbó estrepitosamente por toda Europa. Para celebrar el centenario de la visionaria Rerum Novarum, el Papa Juan Pablo II publicó en 1991 la encíclica Centesimus Annus, donde explicó:

El marxismo ha criticado las sociedades burguesas y capitalistas, reprochándoles la mecanización y la alienación de la existencia humana. Ciertamente, este reproche está basado sobre una concepción equivocada e inadecuada de la alienación, según la cual ésta depende únicamente de la esfera de las relaciones de producción y propiedad, esto, atribuyéndole un fundamento materialista y negando, además, la legitimidad y la positividad de las relaciones de mercado incluso en su propio ámbito. El marxismo acaba afirmando así que sólo en una sociedad de tipo colectivista podría erradicarse la alienación. Ahora bien, la experiencia histórica de los países socialistas ha demostrado tristemente que el colectivismo no acaba con la alineación, sino que más bien la incrementa, al añadirle la penuria de las cosas necesarias y la ineficacia económica.

Esas palabras son precisamente de un Papa polaco que vivió bajó el desastre socialista y estatista de su propio país. Juan Pablo II enfatizó la propiedad privada como un derecho natural y dijo que “el Estado no puede prohibir su formación”, porque “el Estado debe tutelar los derechos naturales, no destruirlos”.

A pesar del gran fracaso del socialismo, que no tiene nada de católico, esta idea nefasta no termina de morir en Latinoamérica, aun después de la caída del muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y el abandono del comunismo económico en la llamada China “popular”.

www.cordeiro.org

El Universal

Lunes 18 de octubre de 2010