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Sociedad sin clases. Domingo Fontiveros

La ciudadanía debe protestar y oponerse a esta práctica. Las autoridades deberían corregirla

Con frecuencia se olvida lo importante para atender lo inmediato. Los países que avanzan son capaces de ocuparse de ambas latitudes de la vida social, desde los accidentes del día a día hasta los cambios necesarios a mediano y largo plazo. En Venezuela padecemos de inmediatismo. Con una visión miope del tiempo, los venezolanos nos hemos convertido casi todos en bomberos, en “apagafuegos”, especializados en responder a emergencias sin parar mientes en lo que viene después. Incluso cuando las emergencias no son exactamente tales.

Con esta breve introducción me quiero referir hoy, día de elecciones regionales, a la recurrente y pésima práctica de suspender las actividades escolares durante días cada vez que se realiza un acto electoral. Son días que nunca se recuperan, aunque se diga lo contrario. Es una interrupción en la continuidad del proceso educativo que nada tiene que ver con el descanso, la recreación o la maduración de los millones de educandos. Y es un perverso referente que se inculca en la mentalidad de los menores como parte de la jerarquía de valores predominantes en la vida cultural de la nación. Mientras padres y representantes tratan de priorizar los estudios como uno de los valores primarios para infantes y adolescentes, la sociedad como un todo les dice que ese valor es secundario al momento de dirimir en votos las alternativas partidistas.

La decisión de suspender clases no es algo que pueda tomarse a la ligera, como algo sin consecuencias negativas que fácilmente pueden intuirse, aunque no sean inmediatas. Durante décadas se ha razonado que por motivos de “seguridad” los planteles educativos designados casi todos como centros de votación tienen que ser tomados militarmente, lo cual implica la suspensión forzada de la actividades docentes en fechas previas a la de votación y hasta por lo menos un día después. En este año 2012 se habrán perdido al menos 10 días hábiles de clases por razón de elecciones, incluyendo la de hoy. Las elecciones se convirtieron desde hace lustros en la principal fuente de suspensión forzada y reiterada de actividades escolares; pero más recientemente, como las elecciones se vienen haciendo con más frecuencia, casi en cada año, el acumulado se acelera en forma impresionante.

Con todo lo perniciosa que esta práctica puede ser, observo que prácticamente nadie protesta. Los estudiantes celebran las “vacaciones”, los docentes acatan lo decidido y aunque saben que está “mal hecho” alterar el calendario escolar, no pueden rehusarse a tomar el “descanso”. Padres y representantes se encuentran en una posición semejante a los docentes: acatan porque no pueden incumplir. Los políticos ni se dan por aludidos y, lastimosamente en mi opinión, ni la Iglesia protesta. Y mientras ello tiene lugar, el futuro de todos se opaca un poco por cada día de clases que se evapora con cada evento electoral.

La ciudadanía debe protestar y oponerse a esta práctica. Las autoridades deberían corregirla radicalmente. No es esta la sociedad sin clases que algunos utopistas pensaron. Si vamos a tener elecciones en casi cada año y a veces más de una vez por año, es hora de pensar en alternativas más eficientes y en utilizar otros espacios distintos a las aulas para que tengan lugar. Yo, desde aquí, protesto.

dfontiveros@cantv.net

Fuente: El Universal