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Solidaridad con Germán García

El Universal 22/03/09

Nos pasamos 2300 años tratando de darle alguna base racional a los valores morales, y fracasamos

Por: Emeterio Gómez

En un taller para estudiantes discutíamos intensamente acerca de la Ética y la profunda crisis moral que vive Occidente. Pronto a graduarse de abogado, un chamo arremete contra mí con todo: “Usted se equivoca profesor, ¡claro que el Derecho tiene fundamentos éticos, cómo se le ocurre sostener lo contrario! No es cierto que el Positivismo Jurídico sea una forma de aceptar la carencia de fundamentos”.

Debatíamos acaloradamente el caso mexicano, ese regreso a la barbarie en el que la delincuencia, el secuestro y el narcoterrorismo están literalmente desmontando la civilización. Que es México, pero que igual o mucho peor es Colombia, por la presencia de la narcoguerrilla: un movimiento que alguna vez fue político, revolucionario e idealista, pero que ha devenido en barbarie primitiva. El secuestro y el cautiverio más salvaje es la institución que en ese país pretende sustituir masivamente al Estado de Derecho.

En medio de esa discusión el chamo estalla finalmente y con actitud retadora cuestiona mis presuntas enseñanzas: “¿Cómo se le ocurre decir que la causa de esta profunda crisis que vive la Humanidad es el aferrarse a la creencia según la cual los valores morales serían absolutos? ¿Cómo puede pensar semejante cosa, profesor, si es exactamente al revés: la narcoguerrilla y la masificación del secuestro son expresiones claras de la relativización de los valores, de esa nefasta idea según la cual los principios morales no son absolutos? ¿Cómo puede estar tan ciego, doctor? ¿Qué es lo que usted sabe de filosofía y discúlpeme si lo irrespeto?”.

Tranquilo chamo, no me irrespetas para nada ¡ni mi planteamiento es producto de mis muy dispersos estudios de Filosofía! No me apego a las enseñanzas de ésta, sino más bien de sus carencias, a su fracaso radical; a su incapacidad para intuir que la Moral no tiene absolutamente nada que ver con la Razón; “razón” por la cual -y discúlpame tú a mí, chamo- ¡el Derecho carece de cimientos éticos! Sirve de algo, sin duda para juzgar casos de la vida cotidiana, cuando una sociedad dispone de una estructura de valores morales compartidos; pero se disuelve en cuanto afloran o se revelan la animalidad y el abismo profundo e infinito que separa a los humanos.

El problema, joven amigo, es que nos pasamos 2.300 años -desde Parménides hasta Kant- tratando de darle alguna base racional a los valores morales& ¡y fracasamos! Conseguir ese piso racional era la única forma de darle un carácter necesario o incontrovertible -es decir, absoluto- a los valores ¡y fracasamos! No había muerto Kant, cuando ya la humanidad había entendido que su Imperativo Categórico, la gran esperanza, la última ilusión, era un castillo de naipes, una brizna de paja en el viento. ¡Una utopía igual que el comunismo! La creencia según la cual habría en el alma o en la conciencia del hombre alguna fuerza, alguna Ley Moral, capaz de imponerle necesariamente la ¡virtud o el bien!

El formidable fracaso de Kant (disipadas rápidamente las ilusiones infantiles de la Filosofía Hegeliana) lanzó a Occidente al desierto del Irracionalismo. De regreso a la tragedia, a los crudos planteamientos de Sófocles, Esquilo y Eurípides, que Sócrates, Platón y Aristóteles creyeron exorcizar. Reflexiones, todas estas, que se tornan angustiosas, dolorosas, lacerantes, ante el secuestro de Germán García. Mi más profunda solidaridad para con él, para con su familia y, en particular para con Oscar García Mendoza. Y para con Fe y Alegría, esa hermosa obra a la que Germán le ha dedicado sus mejores esfuerzos.

gomezemeterio@gmail.com