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¿Son los empresarios culpables de la inflación? Rafael Marcano

El pasado sábado 8 del corriente, vi en Globovisión una entrevista al diputado oficialista Julio Chávez quien emitió sus opiniones respecto a la coyuntura económica actual, siendo su idea central la convicción de que el origen de la inflación está en los empresarios y que, por ende, el control de ésta dependerá de si el sector productivo acate o no las normas de carácter jurídico que regulan la actividad productiva.

No deja duda su lapidaria afirmación según la cual:

“Si hubiese un respeto de los actores privados a respetar las leyes no estaríamos trabajando este proceso de inflación inducida”

También dijo que los empresarios, con especial mención a los agrupados en Fedecámaras y Venamcham con su poder influyen en las tendencias de las variables macroeconómicas, entre ellas, la así llamada, “inflación inducida”

Parece desconocer el entrevistado que no hay manera de que el sector privado genere inflación, a menos que todos los patronos decidan, en un acto de suicidio colectivo, aumentar globalmente las remuneraciones al factor trabajo por encima de su productividad, lo cual, a corto y mediano plazos, los llevaría a la quiebra. En este orden de ideas, cabe señalar que nuestra actual legislación laboral apunta en ese sentido al encarecer la mano de obra y dificultar la contratación de los más eficientes al instituir la inamovilidad laboral casi absoluta (o sin el “casi”). Así es que, si hay alguna inflación generada desde el sector productivo es la que aquí señalamos, y no más, inducida desde el gobierno por razones estrictamente Políticas (con “P” mayúscula).

Es bien sabido que la causa fundamental de esa pérdida del poder adquisitivo de cualquier signo monetario, es la emisión de dinero inorgánico (léase “falso”) por parte de las autoridades formalmente responsables de las políticas macroeconómicas (Poder Ejecutivo y banca de reservas) lo que es típico de los gobiernos populistas, entre los que el nuestro es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer. El resto del mundo comprendió el problema y hoy por hoy, la inflación es cosa del pasado salvo en Venezuela, Argentina, Irán y algún otro rincón perdido en el mapamundi del subdesarrollo.

En cuanto al poder del empresariado para influir en la economía, debemos decirle al diputado Chávez que, según el BCV, el PIB de Venezuela durante 2013 fue de BsF 62 mil millones (a precios constantes de 1997) de los cuales 36 (58%) fueron aportados por el sector privado ¡No parece mucho! ¿Verdad? ¿Sabrá el diputado lo que es el PIB?

Más poder económico que en Fedecámaras y Venamcham (pero también político) se encuentra en el novísimo Ministerio del Poder Popular de Economía, Finanzas y Banca Pública. ¡¡Ahhh!! También hay en él nada menos que ¡poder militar!

Esto no es todo. La tarde anterior, el Presidente de la República en TV se refirió a la coyuntura económica haciendo uso de sus maduronomics, tales como “guerra económica”, “derecha contrabandista y parasitaria”, “oligarquía vampirezca”, etc. Interesante es que afirmó que “el año 2015 será el año definitivo de la derrota de la guerra económica que ha pretendido el capital internacional…”

Pero si retrocedemos pocos días, nos encontraremos con el Presupuesto para dicho año basado en premisas tales como una tasa de cambio de 6,30 BsF/US$ (hoy es 105), inflación entre 25 y 30% anual (hoy es 70%) y crecimiento de la economía de 3% por año (hoy no se conoce aún la cifra oficial pero la mayoría de las estimaciones coinciden en que habrá decrecimiento (recesión económica).

Evidentemente, dichas premisas no tienen base alguna en la realidad sino que corresponden a una utopía propia de los dogmas que obnubilan esa mentalidad marxista y reduccionista. Así las cosas, no se ve cómo es que “el año 2015 será el año definitivo de la derrota de la guerra económica….” Podrá ser, sí, en cambio, el año de la derrota definitiva de la Democracia y de la LIBERTAD.
Seguramente, mientras la clase gobernante siga divorciada de la objetividad y empeñada en poner de manifiesto que no tiene ni la más peregrina idea de cómo abordar las políticas socio económicas, no vamos a tener más de lo mismo, sino peor de lo mismo; y no saldremos de este marasmo entrópico hasta que no haya un cambio de gobierno que traiga un viraje de 180º.

El tiempo se agotó. Es cuestión de Legítima Defensa; así de sencillo.

RAFAEL O. MARCANO A. | el republicano liberal
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