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Son tus huellas en el camino, y nada más. Emeterio Gómez

Cada instante de tu vida es inédito. En cada segundo puedes escoger tu “Ser”, reinventarlo…

Juro por mi santa madre que ese título no alude a Capriles, sino a Antonio Machado, a Serrat… y a mí. Que asumo la tarea de dictar un Curso o Taller a través de estos artículos. La avalancha de mails que provocó el penúltimo de ellos -La Animalidad Profunda vs la Espiritualidad- me decidió a intentarlo. Un Taller Introductorio, no a la Filosofía, sino a su Quiebra o Fracaso definitivo. Un Curso bien formal, cuyos detalles precisaremos por el mail. Por lo pronto, preinscríbase ya; por esa misma vía.

Leamos entonces el poema de Machado, una bella síntesis del Existencialismo heideggeriano; que es, a su vez, una visión dolorosa del Fracaso de la Filosofía. Dolorosa digo, porque Heidegger nunca se atrevió a asumir esa quiebra; por más que de su propia Metafísica quedaba claro que el único asidero que tiene el Ser Humano es la Religión, la Noción de Dios, es decir, la Inescrutabilidad Absoluta del Espíritu: “Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar”.

Diez breves versos que a Heidegger le hubiesen llevado 250 páginas. Las necesarias para explicar que todo lo demás que existe en el mundo -¡¡menos el Espíritu Humano!!- tiene un SER, una “Manera de Ser”. Porque nuestras manos, codos o hígados SON de una manera definida, pero nuestro Espíritu NO. Por mucho que repitamos: “es que yo soy así”, “esa es mi forma de ser”, “la vida me hizo así”, “yo tengo mis valores” o “tengo mi personalidad bien definida”. (Sin intuir siquiera lo lamentable que es tener una personalidad definida).

El Existencialismo es eso: que “nunca has de volver a pisar” ninguna senda por la cual hayas transitado; que jamás volverás a vivir una situación idéntica a ninguna anterior. Porque el Espíritu Humano -por una lógica incontrovertible- jamás podrá vivir de nuevo una equis realidad. ¡¡Simplemente porque la segunda vez ya tiene por delante la primera!! Y eso, de manera inevitable, la hace distinta. Porque nuestra mente agrega la primera experiencia a la segunda, y ésta se torna ya “otra”.

Con lo cual, cada instante de nuestra Existencia es radicalmente específico, irrepetible, inédito. ¡¡Por más que las rutinas existan!! De todo lo cual sacamos una conclusión poderosa: en cuanto al Espíritu atañe, carece de sentido aquello de “Lo que la experiencia nos enseña”. Porque ésta -repito, cuando del Alma se trata- no puede enseñarnos nada. O, peor aún, porque al creer que sí nos enseña, al no tener claro que nuestra conciencia a cada instante tendría que reinterpretar cada experiencia vivida, al no asumir que esas reinterpretaciones pueden ser infinitas… ¡¡nos eliminamos, necesariamente, la posibilidad de captar lo específico de cada momento existencial!!

Respetando a Capriles… hay que asumir a Machado. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”: la síntesis del fracaso profundo de 2.500 años de Filosofía. Porque es una manera poética de decir que en el Espíritu ¡¡no hay caminos!! Cada instante de tu vida es inédito. En cada segundo puedes escoger tu “Ser”, reinventarlo, imponerte otros valores, hacerte cada vez mas solidario… o cada vez más porquería. Amar al prójimo o aprender a odiarlo. Porque la Existencia -no el Ser de Lo Humano que, repito, no existe- es tan radicalmente cambiante, inestable y fugaz como las “Estelas en la mar”. Tal vez la metáfora más hermosa de Machado: el Alma como la radical fluidez e indefinición del mar.

EMETERIO GÓMEZ | EL UNIVERSAL
domingo 5 de agosto de 2012 12:00 AM

gomezemeterio@gmail.com