Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Stephen Hawking, Capitalismo y Ética

¿Cómo, si para “definir” la Moral debemos precisar qué es el Libre Albedrío…?

El curso presiona, exige respuestas: “Pero entonces profe ¿qué es exactamente el Capitalismo Solidario? ¿Cómo puede el capital fundarse en valores? Y sobre todo ¿de dónde saca Ud. que aquél terminará imponiéndose?”. “¿Cómo es eso de que los capitalistas devendrán solidarios en cuanto descubran que hacer el Bien a los demás aumentará sus ganancias? ¿Cómo entenderlo, si usted nos ha dicho que la moral solo es de verdad moral cuando es desinteresada; cuando hago el Bien, no porque tenga una razón, presión, motivo o ambición para hacerlo, sino porque asumo que es mi deber hacerlo; que lo espiritualmente valioso y hermoso, lo que me constituye mi dimensión estrictamente humana o Sagrada, es hacerlo?

¿Cómo explicarles qué es el Capitalismo Solidario -centrado en la Moral- si ésta ha sido desde siempre un tema tan polémico ¡¡y tan confuso!!? ¿Cómo, si para “definir” la Moral debemos precisar qué es el Libre Albedrío y no siempre tenemos una idea clara de él? ¿Cómo, si una autoridad científica mundial como Stephen Hawking da muestras de no entender en lo más mínimo qué es dicha noción? ¿Qué queda para el común de los mortales, si alguien de esa talla intelectual cree que las leyes científicas que rigen las partículas subatómicas anulan la Libertad Individual, ¡¡sin la cual la Moral carece por completo de sentido!!?

Veamos algunas ideas de Hawking: “muchos, sin embargo, aunque acepten que el determinismo científico rige los procesos físicos, exceptúan el comportamiento humano, ¡¡ya que creen que tienen libre albedrío!!… Aunque sentimos que podemos escoger lo que hacemos, nuestra comprensión de las bases moleculares de la biología demuestra que los procesos biológicos están regidos por las leyes de la física y la química y que, por ende, están ¡¡tan determinados como las órbitas planetarias!! Experimentos recientes en neurociencia corroboran el punto de vista de que es nuestro cerebro físico, siguiendo las leyes conocidas de la ciencia, el que determina nuestras acciones, y no algún agente externo a esas leyes… De manera que parece que no somos más que máquinas biológicas ¡¡y que el libre albedrio es solo una ilusión!!” (Stephen Hawking, El Gran Diseño, Ed. Crítica, Págs. 38-40. Las cursivas y signos de admiración son míos).

Todo un enfoque “científico” profundamente irresponsable que se estrella contra un simple hecho, contra un fact: que frente a cualquier explicación científica que intente anticipar mi elección en una disyuntiva moral (robar o no, mentir o no), con toda certeza y sin la menor duda, yo podré hacer lo contrario. Porque se trata de un hecho que ninguna ciencia puede rebatir (¡¡porque ninguna de ellas puede rebatir hechos, cuando estos son incontrovertibles; imaginemos una que intente negar que estoy escribiendo este artículo!!). En ese sentido, no siempre, pero sí en determinadas circunstancias, es irrefutable, que puedo hacer una cosa o exactamente la contraria. Negar eso sería necio.

De tal forma que si Hawking me dice que necesariamente haré A, yo, aunque solo sea por dejar mal a su presunta ciencia, haré B. Si él -lo cito de nuevo- después de “conocer el estado inicial de miles de billones de billones de partículas de mi cuerpo y de resolver un número parecido de ecuaciones”; lo cual le llevaría, dicho por él, “miles de millones de años” (ob. cit. pág. 40); si él me dice que yo en aquel remotísimo momento, hace millones de años, debí haber respondido a su ofensa lanzándole un golpe, yo le diré que trate de recordar, que yo logré contener mi rabia ¡¡y no le lancé ese golpe!!

http://emeteriogomez.wordpress.com

El Universal

Domingo 6 de noviembre de 2011