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Stiglitz

Publicado Diario El Universal 14/10/07

Por: Emeterio Gómez

Joseph Stiglitz

Un título largo habría sido “Stiglitz: ¿Capitalismo Solidario o enfoque antiyanki radicalmente ingenuo –es decir, chavista– de la globalización?”. Porque este afamado Nóbel de economía fluctúa entre esos dos extremos: por un lado, una visión comprensiblemente ingenua de la relación entre la economía y la política y, más aún, entre la economía y la ética; un estar ajeno al tema central que hoy discute la filosofía posmoderna: la brutal precariedad del hombre; y, por el otro, un asomo incipiente a la necesidad de darle al capitalismo y a la globalización el contenido moral que no tienen. Y habló de una visión comprensiblemente ingenua, porque no sólo Stiglitz, sino el conjunto del stablisment intelectual económico gringo apenas se está asomando a los complejos problemas que plantea la relación ética-filosofía-economía.

Pero antes de entrar en materia, gracias a Universia y al Banco de Venezuela, por la oportunidad de dictar esa breve charla –introductoria a Stiglitz– ¡¡ante la casi totalidad de los rectores y vicerrectores de las universidades venezolanas!! Fue una bella experiencia volver a sentir ese humanísimo miedo escénico que no saboreábamos desde hace 40 años. Gracias a todos y en particular a Ugalde por sus palabras de aliento.

Reconozcamos primero los méritos de Stiglitz y dejemos sus carencias para el plato fuerte. Su crítica a la versión más extrema de la teoría económica liberal es incontrovertible. Solemos decírselo a algunos amigos con los que compartimos la defensa radical de la economía de mercado: ésta no puede fundarse en la creencia ingenua de que alguna mano invisible regula automáticamente las acciones de los hombres, garantizando de paso lo absolutamente ingarantizable: los resultados éticos ¡¡de un proceso natural!! En Los felices 90, Stiglitz se da un banquete recalcando cómo la desregulación neoliberal de los 80 condujo a los robos y saqueos que como vulgares rateros –contra sus propios accionistas y contra la sociedad toda– cometieron los más altos ejecutivos de Enron, Arthur Andersen, Worldcom y compañía.

Las carencias de Stiglitz se resumen en una: creer que ante el evidente fracaso del laissez faire y la mano invisible del mercado en la década de los 30 del siglo XX; ante la quiebra del Estado, el Keynesianismo y el regulacionismo del mercado en los 70 y, finalmente, ante la crisis del Neoliberalismo y el desregulacionismo en los 80 y 90; la solución sería encontrar una nueva y milagrosa fórmula que concilie el Estado y el mercado.

En sus libros Stiglitz asoma tímidamente la única solución posible a dicha confrontación entre la economía y la política: ¡¡sacar el problema de allí!! Superar esa confrontación, de la cual no puede salir ninguna solución a los problemas más profundos de la humanidad y la sociedad. Trasladar la discusión y la reflexión a las dos únicas instancias que pueden darle sentido a todo: la moral y la religión, la posibilidad cierta de construir un Capitalismo Solidario. No ¡¡por Dios!! el Neocomunismo que Chávez ya casi le atribuye a Stiglitz.

No he leído el último libro de nuestro autor, Making globalization work; ojalá que en él aparezca ya la inevitable reflexión profunda sobre la moral y la posmodernidad, sin la cual –o al margen de la cual– pensar la reconciliación entre el mercado y el Estado es simplemente perder el tiempo. De todo ello, incluida la versión chavista de Stiglitz, hablaremos en mi curso de Altamira que empieza mañana.

emeteriog@cantv.net