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¿Subsidios Condicionados o Misiones para Venezuela? Carlos Goedder

Los Subsidios Condicionados, conocidos en inglés como “Conditional Cash Transfers” (CCT) son un tipo de subsidio directo que otorgan los gobiernos a las familias y que están sujetos a que los hijos asistan a la escuela y el grupo familiar acuda al médico para controles prenatales y pediátricos. Su foco sería la formación de “capital humano” entre los más pobres.

En Latinoamérica estos programas se están aplicando en 18 países y tienen 129 millones de beneficiarios. Venezuela no forma parte de este tipo de iniciativas.

El Programa que se reconoce como más antiguo y que inspiró el Modelo está operativo desde 1997  en México y se llama “Oportunidades” (antes “Progresa”); tiene 5,8 millones de familias beneficiarias y la ayuda bimestral para educación está en el rango de 26 a 164 dólares estadounidenses (USD) por familia  y en salud el apoyo va desde USD 18 hasta USD 69 por beneficiario.  Este programa da beneficios adicionales a las niñas y muchachas, considerando tienen oportunidades más limitadas en sociedades patriarcales.

Otro programa CCT relevante por su dimensión es el brasilero “Bolsa Família”, que data de 2003 y alcanza a 13,8 millones de familias. La ayuda mensual mínima a cada familia es de USD 30. Durante las elecciones brasileras recientes surgió el debate en torno al Programa, considerando atrajo votos a la reelecta presidente Dilma Rousseff (el programa fue establecido por su  antecesor y compañero de partido, “Lula” da Silva).

Estos dos ejemplos verifican que el importe de ayuda de los Programas es bajo, si bien marca diferencia para muchas familias pobres y les permite comprar comida. Los programas de ayuda social tienen el problema de targeting, donde se corre el riesgo de dar la ayuda a quien no la necesita (personas de clase media e ingresos no declarados, por ejemplo). En este caso, la ayuda es de valor tan pequeño que sólo atrae a personas realmente pobres. Adicionalmente, los CCTs tienen otra ventaja: la elección de los beneficiarios tiene un componente objetivo y mensurable. Se puede detectar los estudiantes pobres en las escuelas y hacerles seguimiento. El abono de la transferencia en cuentas bancarias promueve también la integración financiera de los grupos familiares más pobres.

El Centro para la Divulgación del Conocimiento Económico, CEDICE, con el apoyo de Atlas Economic Research Foundation, ha hecho una investigación sobre los CCTs que está por publicarse. Uno de los hallazgos más relevantes es que Venezuela sería el verdadero precursor del subsidio condicionado. El programa “Beca Alimentaria”, establecido en abril de 1989 y vigente hasta 1997, fue implantado en Venezuela ante una escalada de la pobreza a niveles del 67%. El programa dio un apoyo mensual, inicialmente de USD 13,5, a cada niño pobre estudiante en las escuelas públicas, añadiendo luego ayudas en especie, el “Bono Lácteo” (1990) y el “Bono de Cereales” (1991). En un año, el Programa ya alcanzaba a 1,67 MM de beneficiarios. Por las vicisitudes políticas de los años 1990, se le cambió el nombre a ““Subsidio Único Familiar” y fue un programa que, junto a las iniciativas de “Multihogares de Cuidado Diario” y “Programa Alimentario Materno-Infantil” absorbía el 60% del presupuesto para política social. Mediciones estadísticas arrojaron resultados favorables para “Beca Alimentaria”: la deserción escolar entre sus beneficiarios fue de 13%, casi la mitad del 27% promedio registrado entre estudiantes que no recibían la ayuda; adicionalmente, la desnutrición infantil se consiguió reducir de 30% en 1989 a 23% en 1995.

Los estudios de experiencias más recientes con los CCT usualmente arrojan conclusiones favorables sobre su mejora en varios indicadores: asistencia a la escuela; nutrición infantil y participación estudiantil de la población femenina.

No obstante, este tipo de subsidio merece un mejor estudio sobre su concepto de pobreza. Un primer punto polémico es el porqué se obliga a la familia pobre beneficiaria a que envíe a su hijo a la escuela o a hacerse chequeos médicos. ¿Significa que no se considera a los pobres capaces de tomar estas decisiones por cuenta propia? Uno de los grandes problemas en políticas públicas sobre pobreza es subestimar la capacidad de decisión económica que tienen las personas de bajos ingresos. El nobel de economía Theodore Schultz (1902-1998) fue uno de los primeros en recordarnos que los pobres miden costos y beneficios como el resto de personas, operando bajo restricciones más severas.  Ya hay experiencias documentadas con Subsidios no condicionados y en ellos se encuentra que las personas pobres, con algo más de ingresos, toman por su cuenta la decisión de enviar a sus muchachos al colegio e ir al médico, verificando que no lo hacían precisamente por estar pasando hambre o no tener los medios para comprar uniformes y útiles escolares.

Adicionalmente, obligar a los pobres a usar servicios públicos de educación y salud se limita a enfocar el problema de capital humano desde el lado de la demanda. La oferta también cuenta y de nada sirve tener a los niños en escuelas y hospitales que están funcionando mal. Si los ricos no envían a sus hijos a estos centros públicos, desconfiando de su calidad, ¿Por qué habrían de hacerlo los pobres?

No obstante, hay ciertamente una ventaja en el programa y va en línea con investigaciones sociológicas como las del venezolano Luis Pedro España: este tipo de programas ayuda a formar capital y tejido social, ya que promueve que los niños pobres interactúen socialmente más allá del ámbito familiar, especialmente dentro de la escuela, con otros compañeros y con sus docentes.

En el caso venezolano, las ayudas sociales se están enfocando dentro de los Programas de “Misiones”, que tienen tres problemas de diseño. El primero, que dependen de la fluctuante renta petrolera (actualmente  en descenso);  adicionalmente, son difíciles de auditar, mientras que estos Programas CCT presentan cuentas (es ejemplar el caso del Programa peruano “Juntos”, que publica Estados Financieros). Finalmente, en las Misiones están privando elementos de afiliación y militancia partidista, que no se exigen en los CCT. Por estos elementos, una mejor alternativa en Venezuela sería volver a Programas de bajo costo e impacto probado como los CCT, incluso con sus desventajas, porque retoman una dinámica virtuosa del “Beca Alimentaria” que se ha descontinuado y podría haber escalado en progresos desde 1997.

 CARLOS GOEDDER | CEDICE LIBERTAD